México y Canadá acordaron preparar un plan de acción bilateral que conecte minerales, infraestructura y cadenas de suministro. La Secretaría de Economía informó que ambos gobiernos lo presentarán durante el segundo semestre de 2026, tras una ronda de trabajo con autoridades y empresas canadienses.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, sostuvo un encuentro en Ciudad de México con Dominic LeBlanc, responsable canadiense de la agenda de comercio Canadá-Estados Unidos y asuntos internos. En paralelo, Canadá desplegó una misión comercial del 15 al 20 de febrero con más de 240 organizaciones y más de 370 delegados.
La delegación canadiense busca ampliar negocios en manufactura avanzada, agroindustria, tecnologías limpias y energía, industrias creativas y tecnologías de información. Ottawa presentó la gira como una apuesta por fortalecer el comercio regional ante un entorno económico cambiante.
El gobierno mexicano, por su parte, quiere traducir el diálogo empresarial en proyectos concretos. Ebrard habló de un intercambio amplio entre compañías y de una agenda pública que quite fricciones regulatorias. Ese trabajo desembocaría en el nuevo plan bilateral, en paralelo al marco del T-MEC.
El contenido que ya asoma en las declaraciones públicas muestra un enfoque pragmático. El plan incluiría minerales, inversiones en puertos, infraestructura y seguridad de cadenas de suministro. También integraría mecanismos para ampliar oportunidades para jóvenes de ambos países, según explicó Ebrard.
La conversación llega en un momento sensible para Norteamérica. Los socios del T-MEC entran a su revisión obligatoria y los gobiernos miden riesgos comerciales y geopolíticos. En Canadá, Reuters reportó que el primer ministro Mark Carney nombró a una jefa negociadora para esa revisión.
El interés por minerales críticos ya marca la agenda regional de 2026. A inicios de febrero, Estados Unidos y México lanzaron un plan de 60 días para coordinar políticas comerciales y reducir vulnerabilidades en cadenas de suministro de minerales. Reuters destacó que ese acuerdo no mencionó a Canadá y lo vinculó con la revisión del USMCA.
Ese contexto explica el valor político de un eje México-Canadá que sume infraestructura y minerales. En términos económicos, la relación bilateral ya mueve cifras relevantes. El gobierno canadiense estimó casi 56 mil millones de dólares en comercio bilateral de mercancías en 2024.
Canadá también reportó que, desde la entrada en vigor del TLCAN en 1994, el intercambio bilateral se multiplicó por doce. Ottawa colocó además la inversión directa canadiense en México en torno a 46 mil millones de dólares en 2024, según sus comunicados oficiales.
La pregunta central ahora es qué significa “minerales” dentro de esta nueva hoja de ruta. Las autoridades hablan de minerales críticos, un concepto que suele abarcar insumos para baterías, electrónica y redes eléctricas. En esa categoría suelen entrar litio, cobre, níquel, cobalto, grafito y tierras raras, entre otros.
México trae un debate propio sobre el valor agregado minero. Ebrard expresó que el país busca dejar de solo producir minerales y avanzar hacia procesos de refinación, donde Canadá mantiene una ventaja industrial. Esa declaración apunta a un giro: capturar más etapas de la cadena, con empleos mejor pagados y más transferencia tecnológica.
Aquí conviene ponerlo en términos industriales, no retóricos. El mayor margen suele quedarse en la transformación, no en la extracción. Si México logra atraer plantas de procesamiento, el país reduce costos logísticos, fortalece proveeduría local y mejora su posición en manufactura avanzada.
Esa ruta, sin embargo, exige más que voluntad política. México necesita certidumbre regulatoria, tiempos de permisos claros y reglas ambientales exigibles. La discusión se intensificó en semanas recientes, cuando el gobierno federal anunció la recuperación de 1,126 concesiones por incumplimientos, según reportó la prensa.
El ajuste de concesiones manda una señal doble al mercado. Por un lado, combate prácticas especulativas y limpia el padrón, algo que la industria suele pedir desde hace años. Por otro, eleva la exigencia de cumplimiento y empuja a las empresas a documentar mejor su operación y su impacto.
En ese escenario, una agenda con Canadá puede aportar orden y estándares. Canadá opera como referente global en minería responsable, financiamiento minero y mercados de capital para proyectos extractivos. Si México aprovecha esa experiencia, puede elevar prácticas de trazabilidad, seguridad industrial y planeación ambiental en nuevos desarrollos.
La infraestructura aparece como el otro gran capítulo del plan. En el Plan de Acción Canadá-México 2025-2028, ambos países ya plantearon colaboración para infraestructura de largo plazo que apoye el comercio bilateral, incluso con corredores energéticos. Ese documento también incluyó cooperación en “minería sostenible”.
En la misma línea, actores políticos en México han descrito ese plan 2025-2028 como una hoja de ruta con pilares de prosperidad, movilidad, seguridad y sostenibilidad. Un documento difundido por la Cámara de Diputados mencionó conectividad portuaria y cooperación en energía y recursos naturales.
La lógica portuaria resulta clara en un mapa de cadenas de suministro. Los minerales viajan, los concentrados viajan, los equipos viajan y los insumos químicos viajan. Si México quiere más refinación, también necesita energía confiable, agua gestionada con rigor y vías logísticas que reduzcan cuellos de botella.
Canadá ya expresó interés en profundizar su colaboración con México en energía e infraestructura vinculada a comercio, de acuerdo con reportes periodísticos. Y la misión comercial incluyó explícitamente tecnologías limpias y energía como foco sectorial.
Aun con esa agenda económica, la seguridad se volvió un tema imposible de esquivar. El secuestro de trabajadores vinculados a una minera canadiense en Sinaloa encendió alertas en el diálogo bilateral. En febrero, Reuters reportó hallazgos de cuerpos en la búsqueda de personal secuestrado en una operación de Vizsla Silver.
La cobertura internacional subrayó el impacto del caso en la percepción de inversión y en la discusión sobre protección a proyectos productivos. Associated Press detalló que la desaparición de trabajadores de una mina con capital canadiense reavivó dudas sobre las mejoras de seguridad en la zona.
Ebrard dijo que Canadá propuso incluir la seguridad en la conversación y puso el foco en el tráfico de armas hacia México. El planteamiento combina realismo y economía: sin seguridad, ningún plan logístico o minero escala a su potencial.
Desde una óptica minera, el ángulo más útil consiste en mover el debate hacia soluciones verificables. La industria puede ayudar con inteligencia de rutas, controles de acceso, protocolos de traslado y coordinación comunitaria. El Estado debe garantizar la investigación y el control territorial donde se instalan proyectos.
También conviene evitar una lectura simplista sobre la minería en esta coyuntura. Los minerales críticos no “se dan solos” en la transición energética; requieren inversión, tecnología y aceptación social. Cuando un país impulsa refinación y manufactura asociada, la minería deja de ser un sector aislado y se vuelve política industrial.
Por eso, el anuncio de un plan México-Canadá importa más por su diseño que por su fecha. Si ambos gobiernos amarran proyectos concretos, el acuerdo puede ordenar inversiones en puertos, energía y transformación de minerales. Si el plan se queda en declaraciones, solo sumará otra carpeta a la burocracia binacional.
México tiene una oportunidad clara: usar la relación con Canadá para subir un escalón en la cadena de valor. Canadá también gana: diversifica proveedores, reduce riesgos y fortalece un bloque regional que ya compite por inversión industrial. El reloj del T-MEC avanza y el mercado ya mide resultados.

