En una de las operaciones más agresivas registradas en el mercado de metales en los últimos años, Mercuria Energy Group retiró aproximadamente 50 mil toneladas de cobre de los almacenes certificados por la London Metal Exchange (LME), en una jugada que ha sacudido a los operadores globales y ha disparado el precio del metal a niveles récord.
Esta decisión no sólo se interpreta como una maniobra comercial de alto impacto, sino también como una señal clara sobre las crecientes tensiones en el suministro físico de cobre a nivel mundial. De acuerdo con datos oficiales, la cancelación de inventarios es la más grande registrada desde 2005, lo que deja a los almacenes de la LME con sus niveles más bajos de disponibilidad en casi dos décadas.
El cobre superó esta semana los 11,500 dólares por tonelada en Londres, cifra que marca un máximo histórico para este commodity. La escalada de precios ocurre en un contexto donde la oferta enfrenta importantes presiones, al tiempo que las dinámicas logísticas y geopolíticas están modificando el flujo internacional del metal.
La retirada masiva responde, en parte, al interés de la compañía suiza por reposicionar el cobre en otros mercados, particularmente en Estados Unidos, donde las primas son más atractivas y donde los temores por nuevas medidas arancelarias han impulsado una mayor demanda inmediata. De acuerdo con fuentes cercanas a la operación, el objetivo de Mercuria es adelantarse a una eventual crisis de disponibilidad en América del Norte, asegurando inventario en un momento de alta presión.
Kostas Bintas, codirector de metales en Mercuria, declaró recientemente que el mercado de cobre se encuentra ante una coyuntura crítica. En su análisis, el mundo está ingresando a una fase de escasez estructural de cátodos de cobre, impulsada por el crecimiento en sectores clave como las redes eléctricas, la electromovilidad y la transición energética. “Este es el gran momento”, afirmó, señalando que muchas regiones pronto podrían quedarse sin acceso físico al cobre refinado.
El movimiento de Mercuria ha sido observado con atención por otros traders y por actores industriales. Diversos analistas coinciden en que este tipo de operaciones, aunque legales y dentro de los márgenes del mercado, evidencian una creciente concentración de poder en manos de grandes comercializadores. La posibilidad de que una sola firma pueda generar tal impacto sobre los inventarios globales despierta cuestionamientos sobre la transparencia y la estabilidad de los mercados físicos.
El retiro coincide también con interrupciones en la producción minera en zonas clave como América del Sur. En Chile y Perú, factores como las condiciones climáticas, los conflictos sociales y las trabas regulatorias han ralentizado los envíos, afectando el suministro global. Esto ha generado un desequilibrio entre oferta y demanda, situación que amplifica el efecto de decisiones como la adoptada por Mercuria.
En el caso de China, el mayor consumidor de cobre del mundo, la demanda no ha mostrado señales de aceleración en los últimos meses. Sin embargo, la expectativa de estímulos fiscales y de recuperación industrial en 2026 mantiene las perspectivas de consumo elevadas, lo que también incide en la especulación financiera sobre el precio del metal.
Para la industria minera, este escenario abre oportunidades evidentes. Un precio del cobre por encima de los 11,000 dólares por tonelada mejora sustancialmente los márgenes de operación y fortalece la viabilidad económica de nuevos proyectos, particularmente aquellos que habían sido pospuestos por razones de costo o riesgo.
México, que cuenta con una posición relevante en la producción de cobre a nivel global, podría beneficiarse si logra atraer inversión fresca al sector. Sin embargo, ello dependerá de un marco regulatorio estable, de condiciones fiscales competitivas y de la capacidad de reducir los tiempos de tramitación ambiental. La minería mexicana tiene el potencial de contribuir de forma significativa a aliviar la presión sobre la oferta mundial, siempre y cuando se garantice un entorno propicio para el desarrollo de proyectos de exploración y expansión.
A pesar del optimismo que generan los altos precios, el mercado enfrenta riesgos importantes. La excesiva concentración de inventarios en manos privadas, la posibilidad de medidas proteccionistas y la falta de visibilidad sobre la oferta futura podrían provocar episodios de alta volatilidad. Esto impactaría no solo a los productores y traders, sino también a sectores industriales como la construcción, la manufactura de equipos eléctricos y la automoción.
Desde una perspectiva más amplia, el caso Mercuria pone sobre la mesa la discusión sobre la gobernanza de los mercados de metales críticos. A medida que el mundo avanza hacia una economía más electrificada y digitalizada, la seguridad en el suministro de minerales como el cobre adquiere una dimensión estratégica. Esto implica también una responsabilidad compartida entre empresas, gobiernos y organismos multilaterales para garantizar que las reglas del juego promuevan la estabilidad, la equidad y la sostenibilidad.
En suma, el retiro de cobre por parte de Mercuria es mucho más que una operación comercial: es una advertencia sobre la fragilidad del equilibrio actual entre oferta y demanda. Para la minería global, representa un llamado a responder con eficiencia, responsabilidad y visión estratégica.

