En un movimiento que reconfigura el mapa global del suministro de minerales críticos, la empresa estadounidense United States Antimony Corp. (US Antimony) anunció una oferta pública de adquisición por la totalidad de las acciones en circulación de la australiana Larvotto Resources Ltd., valorada en aproximadamente 470 millones de dólares. La operación, aún en etapa no vinculante, se posiciona como una jugada estratégica para consolidar la cadena de suministro de antimonio fuera de China, el actual líder absoluto en la producción y procesamiento de este mineral.
La oferta contempla una relación de canje de seis acciones ordinarias de US Antimony por cada 100 acciones de Larvotto. De concretarse, implicaría una valoración total de 722 millones de dólares australianos por la minera con sede en Perth. US Antimony ya había adquirido previamente una participación del 10% en la compañía a través de compras en el mercado, lo que le permite presentarse como su mayor accionista individual.
Larvotto Resources controla el proyecto Hillgrove, ubicado en Nueva Gales del Sur, que contiene el depósito más importante de antimonio en Australia, además de recursos significativos de oro. Según su estudio de factibilidad, publicado en mayo de 2025, el yacimiento podría iniciar operaciones en 2026 con una producción proyectada de hasta 102 mil onzas equivalentes de oro anuales. Este volumen representa alrededor del 7% de la producción mundial estimada de antimonio, un recurso considerado fundamental para múltiples industrias estratégicas, desde la defensa hasta las tecnologías renovables.
La motivación detrás de la oferta de US Antimony es clara: asegurar el acceso a un mineral crítico cuya cadena de valor está, hoy por hoy, fuertemente dominada por China. De hecho, más del 80% del antimonio refinado del mundo proviene de ese país. Para Washington y sus aliados, esta concentración representa una vulnerabilidad geopolítica, razón por la cual el Departamento de Energía de Estados Unidos ha incluido al antimonio en su lista de minerales estratégicos.
La integración de Larvotto permitiría a US Antimony controlar tanto el suministro como el procesamiento del mineral, dado que la firma estadounidense ya posee dos fundiciones activas en Norteamérica. Esta estructura vertical permitiría reducir la dependencia de terceros países y asegurar un abastecimiento más estable para fabricantes de baterías, sistemas de almacenamiento energético, retardantes de llama y aplicaciones militares.
Desde una perspectiva técnica y operativa, la fusión ofrece sinergias claras. Larvotto aporta activos geológicos de alta calidad y potencial productivo en una jurisdicción minera confiable como Australia, mientras que US Antimony suma capacidades industriales y experiencia en refinación. Esta combinación generaría una plataforma global diversificada con operaciones en dos continentes y una oferta robusta para clientes industriales de alto nivel.
El CEO de US Antimony, Gary Evans, subrayó en el anuncio que la operación “crea una oportunidad convincente para los accionistas de ambas empresas”. Según explicó, la integración no solo generaría economías de escala, sino que también posicionaría al nuevo grupo como uno de los principales actores no chinos en el mercado del antimonio, con capacidad para influir en precios, contratos y desarrollos tecnológicos futuros.
Por su parte, Larvotto Resources comunicó que su junta directiva evaluará la propuesta con detenimiento y emitirá una recomendación formal a sus accionistas en las próximas semanas. No se descarta que aparezcan contraofertas, dado el atractivo de los activos de Hillgrove y el actual interés internacional en asegurar minerales críticos.
Más allá de los aspectos financieros, la operación tiene implicaciones estratégicas profundas. En un entorno global donde los gobiernos occidentales están cada vez más decididos a reducir su dependencia de China en el suministro de metales esenciales, la consolidación de capacidades propias en antimonio cobra especial relevancia. Estados Unidos ha destinado recursos públicos y estímulos fiscales para fomentar este tipo de inversiones, lo cual podría beneficiar indirectamente a la nueva entidad si la operación se concreta.
En términos de política industrial, esta adquisición se alinea con los objetivos de seguridad nacional y transición energética que impulsan tanto Washington como Canberra. Ambas naciones han expresado su interés en colaborar para desarrollar cadenas de suministro de minerales críticos que no solo sean eficientes, sino también transparentes y ambientalmente responsables.
Cabe recordar que el antimonio no solo es fundamental para la defensa y la electrónica, sino que también juega un papel creciente en nuevas tecnologías de almacenamiento de energía, como las baterías de flujo redox. En este sentido, asegurar su suministro no es un lujo estratégico, sino una necesidad económica y tecnológica.
Para América Latina, la operación ofrece una lección relevante. Aunque México cuenta con reservas de antimonio y una larga tradición minera, aún está por definirse si el país aprovechará esta nueva ola de interés global para impulsar proyectos nacionales. La integración vertical propuesta por US Antimony es un ejemplo de cómo la minería moderna puede ir más allá de la simple extracción, apostando por el procesamiento, el valor agregado y la creación de cadenas de suministro resilientes.
En conclusión, la oferta de adquisición de US Antimony por Larvotto Resources marca un paso significativo en la reconfiguración del mercado del antimonio. La operación, si es aprobada, consolidaría una nueva potencia en minerales críticos fuera de Asia y fortalecería la seguridad de suministro para industrias estratégicas del hemisferio occidental. Más allá del monto, el verdadero valor de esta transacción radica en su impacto geoeconómico.

