El gobierno de Brasil ha puesto en marcha una ambiciosa estrategia para reposicionar al país como un actor relevante en el suministro global de minerales críticos, con especial énfasis en las tierras raras. La reciente activación del Conselho Nacional de Política Mineral (CNPM) representa un paso firme en esa dirección. El consejo, creado legalmente en junio de 2022 pero inoperante hasta ahora, fue finalmente instalado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira.
Este órgano tiene como mandato central la actualización del Plan Nacional de Minería 2030, diseñado hace más de una década. El contexto global ha cambiado desde entonces. La transición energética, el desarrollo tecnológico acelerado y la creciente tensión geopolítica en torno al acceso a recursos estratégicos, han obligado a los países con reservas minerales a replantear su papel. Brasil no es la excepción.
La estructura del CNPM incluye representantes de diversos sectores del Estado, así como de la industria, la academia y la sociedad civil. Su reactivación responde a una necesidad clara: articular una política minera coherente que permita aprovechar los recursos naturales con visión de largo plazo, capacidad industrial interna y criterios de sostenibilidad. A la par, se anunció la conformación de grupos de trabajo para áreas específicas, entre ellas la de minerales estratégicos y críticos.
Las tierras raras forman parte esencial de esta nueva política. Estos elementos —utilizados en la fabricación de turbinas eólicas, vehículos eléctricos, dispositivos electrónicos y sistemas de defensa— son considerados insumos indispensables para la transición energética. Pese a ello, Brasil ha quedado rezagado. En 2016, el país produjo más de 2,200 toneladas de óxidos de tierras raras, una cifra que en 2024 se redujo drásticamente a cerca de 20 toneladas. Esta caída contrasta con la expansión china en el sector, que actualmente concentra más del 80 % del procesamiento mundial de estos minerales.
El relanzamiento de la producción de tierras raras en Brasil se apoya en dos pilares: fortalecer la exploración y reactivar el procesamiento industrial. Para ello, el Ministerio de Minas y Energía ha solicitado un nuevo inventario nacional de recursos minerales. Contar con información geológica precisa será fundamental para atraer inversión y priorizar proyectos con alto potencial. Esta iniciativa no sólo busca incrementar la producción, sino también avanzar en la construcción de cadenas de valor locales.
De acuerdo con la visión del gobierno federal, el país no debe limitarse a exportar concentrados minerales. El objetivo es generar valor agregado a través del procesamiento, la investigación aplicada y la industrialización de componentes intermedios. Esto implicará también desarrollar capacidades técnicas, formar profesionales especializados y fomentar alianzas con centros de innovación.
El desafío es considerable. Brasil deberá crear las condiciones regulatorias y económicas necesarias para movilizar capital nacional y extranjero. Al mismo tiempo, tendrá que garantizar que los proyectos mineros respeten estándares ambientales y sociales. El CNPM contempla un grupo de trabajo específico sobre sostenibilidad minera, encargado de supervisar aspectos como el uso del agua, la gestión de residuos, la relación con comunidades locales y el cumplimiento de las obligaciones fiscales.
El enfoque del gobierno también considera la relevancia estratégica de reducir la dependencia de países con posiciones dominantes en ciertas cadenas de suministro. En un escenario donde el acceso a minerales críticos se ha convertido en un tema de seguridad económica y tecnológica, diversificar las fuentes de abastecimiento es una prioridad para múltiples economías. Brasil, con sus reservas y capacidad técnica, puede convertirse en un socio confiable para esos mercados.
Esta iniciativa representa una oportunidad para reactivar zonas del país con potencial minero subutilizado. Regiones como el norte de Minas Gerais, Goiás, Bahía y Pará albergan depósitos importantes de elementos de tierras raras, así como otros minerales estratégicos. La inversión en infraestructura, conectividad y servicios será clave para transformar ese potencial en una realidad productiva.
Desde una perspectiva económica, el impulso a los minerales críticos puede traducirse en mayores ingresos fiscales, generación de empleo calificado y aumento de exportaciones con valor agregado. Pero también exige un enfoque transparente en la asignación de concesiones, el cumplimiento normativo y el diálogo con las poblaciones afectadas por la actividad extractiva.
El papel del CNPM será crucial para garantizar la coherencia entre los distintos niveles de gobierno, promover una agenda pública bien informada y evitar los errores del pasado. La minería en Brasil ha enfrentado múltiples críticas por casos de contaminación, conflictos sociales y falta de fiscalización. Esta nueva etapa exige otro tipo de gobernanza: más rigurosa, más participativa y con metas concretas a mediano y largo plazo.
La revitalización de la industria de tierras raras no será inmediata. Los procesos de exploración y puesta en marcha de plantas de procesamiento requieren tiempo, inversión y seguridad jurídica. Sin embargo, el camino elegido por el gobierno brasileño sugiere un cambio de rumbo con objetivos claros. Apostar por la minería crítica no es solo una decisión económica: es una decisión estratégica que involucra al desarrollo nacional, la integración regional y la inserción de Brasil en las cadenas globales de tecnología limpia.
En este nuevo escenario, el rol del Estado como coordinador, facilitador y regulador será determinante. La industria, por su parte, debe responder con innovación, eficiencia y compromiso con los principios de sostenibilidad. La convergencia de ambos sectores, junto con el conocimiento científico y la participación ciudadana, puede dar lugar a una política minera moderna y responsable.
La activación del CNPM no debe entenderse como un acto simbólico. Representa el inicio de un proceso complejo, pero necesario, para que Brasil se reposicione en un mundo que redefine sus prioridades productivas. Las tierras raras son solo el inicio. La minería brasileña podría recuperar su dinamismo si logra equilibrar competitividad, soberanía, desarrollo e inclusión.

