En una sala colmada de empresarios, autoridades y analistas del sector minero, el presidente del directorio de Codelco, Máximo Pacheco, lanzó una advertencia que resuena más allá de los Andes: la producción nacional de cobre podría estancarse en torno a los 5.5 millones de toneladas anuales. Lo hizo durante su participación en la cumbre Ecos de la Minería en Santiago, donde subrayó los desafíos estructurales que enfrenta la minería chilena: operaciones cada vez más profundas, una constante caída en las leyes de mineral y un incremento sostenido de los costos.
Chile no solo es el primer productor de cobre del mundo, sino que además juega un papel esencial en el abastecimiento de materias primas críticas para la transición energética global. Que su producción se estabilice —o incluso decline— en un contexto de creciente demanda internacional podría repercutir directamente en los precios globales del metal rojo, un componente esencial para la electrificación, las energías renovables y la infraestructura de movilidad limpia.
Pero no todo son sombras. Pacheco dejó claro que Codelco no se quedará cruzada de brazos. La empresa estatal está ejecutando un ambicioso plan de transformación que incluye proyectos estructurales de gran envergadura. El ejecutivo confirmó que esta misma semana se firmará un acuerdo de exploración con BHP para el proyecto de cobre Anillo, mientras que un plan conjunto con Anglo American se encuentra en etapas finales de negociación.
Codelco también mantiene firme su apuesta por diversificar su portafolio de minerales estratégicos. En este contexto, la empresa avanza hacia una alianza histórica con SQM, uno de los principales productores de litio a nivel mundial. Este acuerdo, centrado en las operaciones del Salar de Atacama, podría redefinir el rol del Estado chileno en la cadena de valor del litio.
Desde el sector privado, la presidenta de SQM, Gina Ocqueteau, manifestó optimismo sobre el futuro del acuerdo. En entrevista con La Tercera, señaló que el pacto con Codelco podría quedar ratificado antes de que finalice el actual gobierno en marzo. Aunque reconoció que existen pendientes, como la consulta indígena y la aprobación del regulador chino SAMR, aseguró que el proceso liderado por la agencia estatal Corfo está muy avanzado.
La dimensión geopolítica del litio también se hizo presente. Ocqueteau reconoció que hay “buenas señales y un sentimiento creciente” en torno al aval de China, aunque no ocultó que existen inquietudes en Beijing por el control y suministro global del mineral blanco. La participación de Tianqi Lithium en SQM añade una capa de complejidad, dado que la empresa asiática posee el 22% de la compañía chilena.
Desde el gobierno, la ministra de Energía y Minería, Aurora Williams, confirmó que el contrato especial que sustenta la alianza ya superó todas las revisiones técnicas y legales. La Contraloría General y Cochilco han dado luz verde. “Lo único que falta es firmarlo”, dijo la funcionaria, en declaraciones que buscan acelerar los tiempos frente al inminente cambio de administración.
El contrato no es menor: establece condiciones para la exploración, explotación, cumplimiento ambiental y reparto económico. Si se concreta, Codelco asumiría el control mayoritario de la producción de litio de SQM en el norte del país. En un mundo cada vez más competitivo por asegurar minerales estratégicos, este acuerdo posicionaría a Chile como un actor estatal relevante en la cadena global del litio.
Pero la ventana de oportunidad se estrecha. Algunos aspirantes presidenciales ya han advertido que revisarían o incluso anularían el acuerdo si no se firma antes del cambio de mando. Para el presidente Gabriel Boric, se trata de un componente esencial de su promesa de fortalecer la presencia del Estado en la minería del litio, por lo que cerrar este trato es tanto una prioridad económica como política.
La apuesta no es menor, y su éxito depende de que se logre un delicado equilibrio: asegurar el respeto a las comunidades indígenas, cumplir con las regulaciones internacionales y satisfacer los intereses geopolíticos de aliados estratégicos. Todo ello mientras se mantiene la competitividad de la industria frente a gigantes como Australia, China y Argentina, quienes también compiten por el liderazgo del litio.

