En las montañas que rodean el noreste de Colombia, un proyecto minero empieza a tomar forma con una promesa clara: rentabilidad sin comprometer el medio ambiente. Aris Mining, con sede en Canadá y operaciones activas en el país sudamericano, ha publicado el estudio de prefactibilidad (PFS) de su proyecto aurífero Soto Norte, delineando una operación que equilibra resultados financieros sólidos con un enfoque ambiental y social ejemplar.
La noticia no pasó desapercibida en los mercados. Las acciones de Aris Mining (TSX: ARIS) alcanzaron su punto más alto en 52 semanas tras conocerse los resultados del estudio. Un reflejo claro de la confianza que genera este proyecto entre los inversionistas.
Lo que destaca del PFS no es solo el potencial económico. A un precio base del oro de 2,600 dólares por onza, Soto Norte tendría una vida inicial de 22 años, con una producción estimada de 4.3 millones de onzas de oro, 18.8 millones de onzas de plata y 84 millones de libras de cobre. Todo esto a partir de una reserva subterránea de 20 millones de toneladas con leyes promedio de 7 g/t de oro, 32.1 g/t de plata y 0.2% de cobre.
Estas cifras se traducen en un valor presente neto después de impuestos de 2.7 mil millones de dólares, una tasa interna de retorno de 35.4% y un periodo de recuperación de apenas 2.3 años. A nivel operativo, el costo sustentable total por onza (AISC) se proyecta en 534 dólares, muy por debajo del promedio de la industria, con una inversión inicial calculada en 625 millones de dólares.
Sin embargo, lo que ha captado mayor atención no son solo las cifras. El rediseño del proyecto respecto al estudio de factibilidad de 2022 representa un giro estratégico relevante. Aris optó por reducir la capacidad de procesamiento de planta a 3,500 toneladas por día, en lugar de las 7,200 originalmente propuestas. Esta decisión apunta a una operación más pequeña, pero con menor huella ambiental y mayor adaptabilidad social.
Un dato crucial: el 20% de esa capacidad —alrededor de 750 toneladas diarias— será reservado para procesar material proveniente de mineros de la comunidad local. Esto representa una alternativa regulada y segura que eliminará el uso de mercurio, mientras garantiza un manejo responsable de relaves y aguas residuales. La integración de estos mineros en la cadena formal no solo reduce el impacto ambiental de la minería informal, sino que también ofrece beneficios económicos directos a las comunidades.
Neil Woodyer, CEO de Aris Mining, lo resume de manera clara: Soto Norte no solo será una mina, sino un modelo de cómo hacer minería responsable en América Latina. En sus palabras, “todos los flujos de agua de la mina serán recolectados, tratados y devueltos de forma segura, protegiendo los suministros de agua de Bucaramanga y la región, al tiempo que se mejora la calidad del agua en las zonas mineras comunitarias”.
El contexto colombiano le da aún más peso a esta afirmación. Soto Norte se ubica en un área que históricamente ha tenido tensiones en torno al uso del agua, especialmente por su cercanía al Páramo de Santurbán, una fuente vital de recursos hídricos. Aris busca adelantarse a posibles resistencias sociales con un enfoque preventivo, mostrando que la minería moderna puede coexistir con la conservación ambiental.
Hasta que la planta esté operativa, Aris contempla procesar parte del mineral en sus instalaciones de Segovia o Marmato, ambas ya en operación. Este modelo de colaboración no es nuevo para la empresa. En Segovia ha establecido alianzas exitosas con pequeños mineros, y planea replicar esa estrategia en Soto Norte, que mantiene bajo una estructura de propiedad compartida con el fondo soberano Mubadala, con una participación de 51/49.
Aunque el PFS ya fue concluido, aún quedan pasos clave por delante. La compañía se prepara ahora para iniciar estudios ambientales de fondo que sirvan como base para solicitar la licencia ambiental, prevista para inicios de 2026. Ese proceso será determinante para la viabilidad del proyecto, tanto técnica como socialmente.
La historia de Soto Norte puede marcar un antes y un después en la minería colombiana. No solo por su potencial económico, sino por demostrar que una operación subterránea puede convertirse en un referente de buenas prácticas ambientales, de inclusión comunitaria y de rentabilidad sostenida.
En una región donde la minería suele enfrentarse con legítimas preocupaciones sociales y ambientales, Aris Mining parece haber comprendido que el éxito a largo plazo no se mide solo en onzas extraídas, sino también en confianza construida. Y eso, en un país como Colombia, vale tanto como el oro.

