A la sombra de la única mina activa de tierras raras en Estados Unidos, el proyecto Mojave empieza a tejer una narrativa diferente para la minería crítica norteamericana. Locksley Resources, una firma australiana enfocada en minerales estratégicos, ha dado un paso decisivo al contratar a la consultora GreenMet, con sede en Washington D.C., para posicionar su iniciativa en el centro de las políticas energéticas e industriales de Estados Unidos.
Este anuncio, realizado el martes, se alinea con la creciente urgencia de reforzar las cadenas de suministro de minerales esenciales dentro del país. Con el respaldo de GreenMet, Locksley pretende insertar el proyecto Mojave en programas federales clave como la Ley de Producción para la Defensa (DPA), la Ley de Reducción de la Inflación (IRA) y diversas iniciativas del Departamento de Energía. No es casual la elección del aliado estratégico: GreenMet está encabezado por Drew Horn, un exfuncionario del gobierno estadounidense especializado en cadenas de suministro de energía y minerales críticos.
El proyecto Mojave, ubicado en el condado de Inyo, California, colinda con la mina Mountain Pass de MP Materials. Esa cercanía no sólo implica una ventaja geológica; representa también un valor simbólico y estratégico, al posicionarse en el corazón de los esfuerzos por relocalizar la producción de minerales esenciales.
Locksley no esconde su ambición: busca crear la primera cadena de suministro doméstica de antimonio en Estados Unidos, desde la mina hasta el mercado. Se trata de un objetivo audaz si se considera que actualmente entre el 90% y 95% del suministro refinado de antimonio proviene de países fuera de la red de aliados de Washington, principalmente China y Rusia.
La situación actual plantea una vulnerabilidad inadmisible para Estados Unidos, sobre todo considerando que el antimonio es indispensable para la industria militar, la fabricación de municiones, baterías y semiconductores. En este contexto, Mojave adquiere una relevancia particular. El depósito Desert ha reportado muestras históricas con hasta 46% de contenido de antimonio, mientras que en El Campo, el prospecto de tierras raras, los análisis recientes de fragmentos de roca arrojaron hasta 12.1% de óxidos totales de tierras raras (TREO).
El camino hacia la extracción no está detenido en el discurso. Locksley ya ha obtenido la aprobación de la Oficina de Administración de Tierras (BLM, por sus siglas en inglés) para ampliar sus programas de perforación en ambos prospectos. Las actividades de campo están programadas para comenzar en septiembre, financiadas con los $6 millones de dólares recaudados esta semana en una colocación de acciones sobresuscrita, lo que evidencia el apetito del mercado por proyectos de este tipo.
La empresa también ha firmado una alianza estratégica con la Universidad Rice, con sede en Houston, para desarrollar tecnologías de procesamiento de antimonio y materiales avanzados. Este componente académico agrega una capa de innovación a un proyecto que ya de por sí responde a una necesidad crítica en la política industrial estadounidense.
A diferencia de otros anuncios de exploración, Mojave no se presenta como una simple oportunidad comercial. Su narrativa está profundamente conectada con las preocupaciones de seguridad nacional, desarrollo tecnológico y autonomía energética. En un momento donde la geopolítica mineral está más vigente que nunca, avanzar en un proyecto como Mojave es también un mensaje político.
Estados Unidos ha comenzado a transitar un camino de retorno a la autosuficiencia en minerales estratégicos, y la minería vuelve a ser parte central del discurso industrial. En ese trayecto, iniciativas como la de Locksley Resources muestran que es posible generar alianzas público-privadas, incorporar innovación desde la academia y responder a exigencias regulatorias, sin sacrificar el potencial económico de los yacimientos.
Resulta paradójico que el país más poderoso del mundo dependa casi por completo de naciones con intereses geopolíticos opuestos para abastecer sus cadenas de valor más sensibles. En este contexto, California —más conocida por su liderazgo en tecnología— podría también convertirse en un referente de la minería crítica y sustentable, siempre que los procesos de desarrollo se conduzcan con responsabilidad ambiental y diálogo comunitario.
La historia de Mojave apenas comienza, pero su ubicación, composición y respaldo institucional ya lo colocan como una de las apuestas más serias para diversificar el suministro de minerales críticos en Norteamérica. El hecho de que una empresa australiana encabece este esfuerzo subraya, además, la importancia de las alianzas transnacionales en un sector cada vez más geopolítico.
Si bien todavía restan años para que el proyecto llegue a fase de producción, los primeros pasos están siendo firmes. Con el impulso técnico de GreenMet, el respaldo financiero del mercado y la colaboración científica de Rice University, Locksley Resources está construyendo algo más que una mina: está ayudando a redefinir el papel de Estados Unidos en la nueva era de los minerales estratégicos.

