Aura Minerals vive un momento de cambio decisivo. La minera de oro y cobre con operaciones en Sudamérica no solo alcanzó en el segundo trimestre un EBITDA ajustado de 106 millones de dólares —su cuarto récord trimestral consecutivo— sino que también decidió dar un paso que redefine su relación con los mercados: abandonar la Bolsa de Toronto para enfocarse en el Nasdaq y la Bolsa de Brasil.
La historia de esta decisión tiene tanto de estrategia como de adaptación. Durante años, el mercado canadiense fue la casa natural para muchas mineras, especialmente aquellas en etapa temprana. Sin embargo, el propio director ejecutivo, Rodrigo Barbosa, reconoce que Aura ya no encaja en ese molde. En sus palabras, los inversionistas en Canadá suelen volcarse hacia compañías muy pequeñas o gigantes consolidados, dejando poco espacio para empresas de tamaño intermedio. Así, la cotización en Nasdaq abre la puerta a un universo más amplio de inversionistas institucionales y, sobre todo, a una liquidez que en Toronto resultaba insuficiente.
La respuesta del mercado estadounidense fue inmediata. Apenas dos días después de su salida a bolsa en Nasdaq, las acciones de Aura alcanzaron un máximo histórico de 39,45 dólares canadienses, cifra que confirma el atractivo de la compañía en este nuevo entorno. Aunque la deslistación de la Bolsa de Toronto aún requiere aprobación regulatoria, Barbosa prevé que el proceso concluya en uno o dos meses. Lo que no cambia es la permanencia de la empresa en la Bolsa B3 de Brasil, con un valor de mercado cercano a 2.900 millones de dólares canadienses.
Este viraje bursátil no llega aislado. El segundo trimestre fue especialmente intenso para Aura. En junio, cerró la compra de la mina de oro Mineração Serra Grande en Brasil a AngloGold Ashanti por 76 millones de dólares, una operación que fortalece su presencia en el país y consolida su capacidad productiva. Apenas unos días después, presentó la evaluación económica preliminar del proyecto Era Dorada en Guatemala. Las cifras son ambiciosas: una producción anual estimada de 1,4 millones de onzas de oro durante 17 años, un valor presente neto después de impuestos de 485 millones de dólares y una tasa interna de retorno del 24%, con una inversión inicial proyectada en 264 millones de dólares.
Barbosa afirma que la hoja de ruta de Aura sigue firme desde 2020, año en que ingresó a la Bolsa de Brasil. Esa estrategia gira en torno a desarrollar proyectos greenfield como Almas y Matupá, ampliar las reservas mediante exploración y mantener el crecimiento a través de adquisiciones selectivas. La compra de Serra Grande y el avance de Era Dorada encajan perfectamente en ese esquema, asegurando que la compañía no dependa únicamente de sus activos actuales.
Para lo que resta de 2025, Aura espera declarar la producción comercial en su mina Borborema en Brasil, concretar la transacción de Serra Grande y finalizar el estudio de factibilidad de Era Dorada. Estas metas no solo consolidan su perfil como productor diversificado en Sudamérica, sino que también envían una señal clara a los inversionistas: el cambio de mercado bursátil no es un fin en sí mismo, sino un paso para sostener un crecimiento acelerado.
Desde mi perspectiva, el caso de Aura refleja un fenómeno creciente en la industria minera: las compañías medianas con visión global ya no encuentran en Canadá el ecosistema ideal para escalar. La competencia por la atención del capital es feroz y, en ese escenario, Nasdaq ofrece un escaparate más amplio y dinámico. Sin embargo, no se trata de renegar de Canadá, sino de reconocer que cada plaza bursátil tiene sus fortalezas y limitaciones. Aura ha elegido donde su historia y sus números pueden brillar más. Y vaya que están brillando.

