El pasado jueves, Perú detuvo un envío de 4 toneladas de mercurio, camufladas como grava, en el puerto del Callao. Era un envío desde México con destino a Bolivia, presuntamente para uso en minería ilegal en la Amazonía.
La SUNAT detectó irregularidades en la documentación que describía la carga como roca triturada. Un análisis reveló la manipulación con mercurio, un metal neurotóxico estrictamente regulado por sus graves impactos ambientales y sanitarios.
Este decomiso es el más grande en la región amazónica y uno de los mayores a nivel mundial. El EIA había advertido sobre flujos ilícitos provenientes de México hacia Bolivia, Colombia y Perú, aprovechados por la minería artesanal para procesar el oro.
El alza en el precio del oro –más del 28 % en lo que va del año, alcanzando máximos históricos de hasta $3,500 la onza– ha desatado una intensa demanda de mercurio entre mineros ilegales. En México, el precio del mercurio llegó a $330 por kilogramo, impulsado por esta demanda creciente.
Investigaciones del EIA estiman que desde abril de 2019 hasta junio de 2025 se han traficado en total unos 200 toneladas de mercurio desde México hacia Sudamérica, alimentando una producción ilegal de oro valorada en aproximadamente 8 mil millones de dólares.
El uso del mercurio en la minería artesanal consiste en amalgamar partículas de oro para luego quemar el mercurio, liberando vapores tóxicos que contaminan ríos y peces, y representan un riesgo grave para la salud de poblaciones ribereñas e indígenas.
Organizaciones como EIA, junto con las autoridades peruanas y cooperación internacional, han fortalecido los controles aduaneros en puntos estratégicos como el Callao. Sin embargo, los traficantes se adaptan a través de documentaciones falsas y envíos camuflados.
Expertos llaman a cerrar minas de mercurio en su origen, especialmente en México, y reforzar dispositivos globales como la Convención de Minamata, cuyo próximo foro COP abordará la urgente necesidad de cerrar vacíos legales y mejorar controles en exportaciones e importaciones del metal.
Este decomiso demuestra que la inteligencia conjunta y la inversión en capacidades aduaneras pueden detener flujos significativos de materiales tóxicos. No obstante, la única vía para detener definitivamente este ciclo es interrumpir la producción de mercurio y restringir su distribución legal e ilegal.
La minería ilegal al alza exige una respuesta integral que combine detección, sanciones, cooperación internacional, desarrollo de alternativas económicas y formalización. Así se protegerá la Amazonía, las comunidades vulnerables y la salud global.

