Gem Diamonds atraviesa una crisis profunda que refleja el colapso del mercado mundial de diamantes. A mediados de su año fiscal comunicó una drástica caída del 43 % en sus ingresos, que se redujeron a 44,7 millones de dólares. En ese mismo periodo, sus ventas en quilates descendieron 22 %, alcanzando los 44 360 quilates, y el precio medio por quilate se desplomó 26 %, hasta los 1 008 dólares.
Para protegerse de esta debacle, la firma anunció una profunda reducción de costos: eliminará entre 1,4 y 1,6 millones de dólares al mes de gastos operativos, recortará unos 250 empleos (equivalentes al 20 % de su plantilla en la mina Letšeng, en Lesotho) y los directivos aceptaron una reducción salarial voluntaria. Según informaron, estas medidas buscan conservar liquidez y proteger el valor para sus accionistas ante la prolongada debilidad de los precios globales y la incertidumbre arancelaria de EE. UU.
A pesar de cumplir con sus objetivos de producción, Gem Diamonds no ha podido escapar a la caída persistente de los precios del diamante en bruto ni al impacto negativo de un dólar débil. La reacción del mercado fue inmediata: el precio de sus acciones cayó más del 20 % al abrir en la Bolsa de Londres, aunque se recuperaron parcialmente hasta 5,5 peniques en la sesión vespertina, valorando la empresa en apenas 7,7 millones de libras (aproximadamente 10 millones de dólares).
Estas acciones se alinean con iniciativas similares entre sus competidores. La semana pasada, Burgundy Diamond Mines suspendió la operación de su mina a cielo abierto en Ekati (Canadá), provocando despidos masivos. En la misma región, las tres minas operativas —Ekati, Diavik y Gahcho Kué— enfrentan cierres procedimentales: Diavik está pactada para cerrar en 2026 y Gahcho Kué en 2030. El futuro de Ekati continúa siendo incierto.
Cómo se agrava la crisis
La tendencia negativa se había identificado ya en el primer trimestre de 2025. De Beers, líder mundial por valor de mercado, registró una caída del 44 % en ingresos durante ese periodo y mantiene un excedente de inventario por valor de 2 000 millones de dólares. Además, ha anunciado la eliminación de más de 1 000 puestos en su empresa conjunta Debswana, en Botsuana.
En Rusia, Alrosa sufrió una caída del 77 % en sus beneficios debido a las sanciones internacionales y ha detenido operaciones en sitios clave. Petra Diamonds reportó una baja del 30 % en sus ventas y el abrupto reemplazo de su CEO. Lucapa, en Australia, entró en administración voluntaria, mientras que Koidu Limited, en Sierra Leona, detuvo sus actividades y despidió a más de 1 000 empleados tras perder 16 millones de dólares por huelgas laborales. Incluso Lucara, operando en Botsuana y Canadá, alertó sobre un riesgo de “empresa en marcha” pese a alcanzar niveles récord de producción.
El foco se posa en De Beers
El gran interrogante ahora apunta a De Beers, compañía icónica que estableció el paradigma de escasez manufacturada y campañas de marketing agresivo. Su matriz, Anglo American, ha recortado su valoración en 4 500 millones de dólares en poco más de un año y ha puesto a la venta el negocio diamantero. Hasta ahora no se han registrado ofertas, aunque el Gobierno de Botsuana ha mostrado interés en tomar una participación mayoritaria.
Oportunidades en un contexto adverso
Aunque el panorama luce sombrío, esta crisis podría acelerar una reconfiguración positiva: las compañías más eficientes que sobrevivan podrían emerger con costos reducidos y una estructura más sólida. Asimismo, la demanda de lab-grown diamonds (diamantes cultivados en laboratorio) sigue incidiendo en los precios del diamante en bruto. Esta tendencia podría abrir espacio para modelos de negocio más sostenibles y novedosos, tanto en exploración como en venta.
En México y Latinoamérica, donde la minería representa un componente crítico de desarrollo económico, estas dinámicas cobran relevancia. Las empresas que logren adoptar prácticas más ecológicas, innovar y ofrecer mayor transparencia al consumidor podrían aprovechar esta sacudida para reposicionarse en el mercado global.

