Donald Trump volvió al centro del escenario geopolítico y energético. Tras unirse a los ataques israelíes contra Irán, el expresidente estadounidense exigió en redes sociales que los productores mantuvieran bajos los precios del petróleo. “¡Estoy vigilando!”, advirtió Trump, en medio de la creciente tensión por posibles represalias iraníes que podrían cerrar el estrecho de Ormuz, un punto neurálgico para el comercio mundial de petróleo.
Un conflicto con impacto global en el suministro
El estrecho de Ormuz es la arteria principal para cerca del 25% del petróleo transportado por mar. Cualquier interrupción allí afectaría de forma inmediata los precios del crudo a nivel mundial. Las declaraciones de Teherán sobre represalias “proporcionales” tras los ataques a instalaciones nucleares aumentan el riesgo de un cierre parcial o total del paso marítimo. Colocar minas o atacar infraestructuras estratégicas son medidas plausibles que podrían paralizar el flujo energético global.
Colby Connelly, del Instituto de Oriente Medio, subraya que entre el 70% y el 75% de los productos petroleros que salen del Golfo pasan por apenas nueve instalaciones críticas. Estos puntos de estrangulamiento podrían verse comprometidos en caso de una escalada mayor.
Trump exige acción inmediata: “¡Perforar, chicos, perforar!”
Trump también instó al Departamento de Energía a iniciar nuevas perforaciones de forma urgente, buscando incrementar la producción nacional. La respuesta no tardó en llegar. El secretario de Energía, Chris Wright, aseguró en X: “Estamos en ello”. No obstante, la industria energética estadounidense ha mostrado reservas para acelerar inversiones de corto plazo. Los costos de producción del West Texas Intermediate (WTI), combinados con volatilidades de precios y políticas energéticas, generan incertidumbre.
Además, los productores planifican en función de expectativas de precios a largo plazo, no de subidas momentáneas como las actuales. Aunque la postura de Trump puede presionar políticamente, no garantiza una reacción inmediata del sector privado.
El dilema de las reservas estratégicas
La opción de liberar petróleo de las reservas estratégicas sigue sobre la mesa. Pero esas reservas han sido reducidas en los últimos años y apenas cuentan con unos 400 millones de barriles, la mitad de su capacidad. Frente a un bloqueo prolongado del estrecho, esa cantidad tendría un efecto limitado en estabilizar los precios internacionales.
Según Bloomberg Economics, un cierre completo de Ormuz podría disparar el precio del barril a más de 130 dólares. Esta situación generaría un alza en los combustibles, afectando directamente a los consumidores estadounidenses, y complicando el panorama político para Trump en su campaña presidencial de 2024.
Impactos económicos más allá del petróleo
Aunque el suministro global no se ha interrumpido aún, los mercados ya reaccionaron. El Brent subió hasta los 81.40 dólares por barril tras los ataques, para luego retroceder a menos de 77 dólares, en medio de menor temor a una disrupción inmediata.
Aun así, las repercusiones de este nuevo capítulo en Medio Oriente se extienden más allá del petróleo. Los analistas advierten sobre impactos macroeconómicos que podrían extenderse si la crisis se prolonga. Los costos del transporte marítimo, los seguros de cargamentos y la incertidumbre geopolítica podrían afectar otras cadenas de valor.
¿Tiene futuro la producción nacional?
El llamado de Trump refleja una estrategia tradicional: apostar por una mayor producción interna como escudo frente a conflictos externos. Sin embargo, los márgenes actuales, la presión climática y las decisiones corporativas moderan esa posibilidad.
La minería y la energía nacionales pueden aportar estabilidad a largo plazo si se invierte con inteligencia. En el caso de México, por ejemplo, impulsar una mayor autosuficiencia energética también reduciría el impacto de estas crisis internacionales. La seguridad energética se convierte en una prioridad cuando las tensiones globales amenazan la estabilidad de precios.

