México.- En Durango ser pequeño minero ya no es costeable, por ello los que se dedican a esta actividad prefieren ser “gambusinos” es decir, vivir en la clandestinidad porque de lo contrario tienen que pagar elevados impuestos no de extracción, solo por concesión, es decir, un pequeño minero paga lo mismo que los grandes consorcios por trabajar una hectárea por lo que es mejor ser gambusino que pequeño minero.

Rosa Isela de la Garza, diputada local y productora minera reconoce que en la entidad existe un registro de alrededor de tres mil pequeños mineros, el problema es que estos no tienen un incentivo para poder trabajar.

De los tres mil registrados como tal, solo 20 están trabajando y dados de alta, es decir el 0.6 por ciento está laborando y el restante 99.4 por ciento no lo hace porque no hay incentivos y los cobros que le hacen de impuestos y derechos son elevados.

Un pequeño minero, señala la diputada y productora minera, paga hasta 200 mil pesos de predial por las tierras que va a usar, tiene que hacer un pago de concesión casa semestre y por hectárea, aparte requiere el permiso ambiental y tiene que pagarlo, entre otros pagos.

PAGAN IGUAL LOS PEQUEÑOS QUE LAS GRANDES EMPRESAS

“Estos impuestos son generales es decir, paga lo mismo el pequeño minero que las grandes empresas canadienses que están en Durango y por nada del mundo se puede comprar el poder económico de unos y de otros”, comenta Isela de la Garza.

Solo el impuesto minero es el que se paga de acuerdo a la extracción razón por la cual son contados en todo el país los pequeños mineros que llegan a pagarlo y en Durango de los 20 muy pocos lo hacen.

Estas razones son las que han provocado que los pequeños mineros poco a poco dejen de trabajar, no hay dinero para estar pagando los impuestos y como se trabaja con maquinaria muy modesta para extraer minerales o a pico y pala, y con mucho menor personal, los niveles de extracción son bajos y no son suficientes para que quede una ganancia o utilidad, “prácticamente se extrae mineral para pagar los impuestos”, agrega.

Esto es lo que ha provocado que los otros dos mil 980 pequeños mineros registrados como tales ya no estén trabajando, al menos no legalmente.

MEJOR COMO GAMBUSINOS

Dijo que en estos momentos de esos dos mil 980 pequeños mineros, alrededor de 700 están trabajando como gambusinos (buscadores de metales a baja escala), es decir, en la ilegalidad con pequeñas extracciones y sin pagar impuestos.

El gambusino trabaja en esta época igual que hace 400 años, a pico y pala, con equipo muy rudimentario y por ello el éxito es bajo, pero al menos lo que logran extraer ya es ganancia sin necesidad de estar pagando impuestos elevados.

La contraparte es que tienen más riesgos de sufrir accidentes.

Por ello estos gambusinos solo trabajan en determinado tiempo porque si lo hacen todo el año entonces las autoridades hacendarias los obligan a pagar impuestos hasta hacerlos quebrar.

Estas razones, dice Isela de la Garza, provocan que quienes se dedican a esta actividad prefieran más ser gambusinos que pequeños mineros y a eso se debe que existan más de lo primero que de lo segundo.

El pequeño productor minero no tiene la oportunidad de salir adelante como si lo tienen los agricultores, los ganaderos y forestales porque a estos las autoridades federales les tienen programas de beneficio y subsidios e incentivos.

“Las autoridades federales y estatales los cobijan y les ayudan a que los gastos de producción sean más baratos; pero para el productor minero social no existen esos apoyos, no hay un Progan, ni un Proagro, tampoco un incentivo a la comercialización o un seguro catastrófico, no tienen un programa para adquisición de maquinaria, tampoco les pagan el combustible a usar, es más, no hay ni siquiera una instancia de gobierno que ayude, guíe y/o capacite al pequeño minero para que continúe en esta actividad, lamentablemente lo dejan morir solo”, reflexiona la diputada.

 COMITÉ DE FOMENTO MINERO NO TRABAJA

Existe un Comité de Fomento Minero que a decir de la legisladora no funciona para el pequeño productor y si trabaja más de la mano con las grandes empresas y más si vienen del extranjero, el pequeño minero no tiene “cabida” en esa instancia.

A todo esto se le suma que un pequeño minero difícilmente puede conseguir un crédito, mientras que para los agricultores, ganaderos o forestales existen instancias de gobierno que los ayudan para lograr esos créditos.

Por todas estas razones, comenta la legisladora, se requiere de una ley que fomente la actividad minera y permita la formación de una cadena productiva, que permita y busque la manera de poner a funcionar la fundidora que se tiene ya en el municipio de Durango pero que no se usa y con la cual se le puede dar valor agregado al material que se extrae.

Con ello se fomentaría que el pequeño minero transforme el recurso natural porque difícilmente los grandes mineros venderían su producto a esta fundidora.

Por ello se ha propuesto ante el congreso local una Ley de Fomento y Desarrollo Minero que busca incentivar esta actividad pero también crear una instancia de gobierno que vea y pugne por los productores sociales que se dedican a la minería.

El Siglo de Durango

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