Neil Armstrong y Edwin “Buzz” Aldrin se convirtieron en los primeros hombres en pisar la Luna cuando el 20 de julio de 1969 el módulo del Apolo 11 tocó la superficie del satélite al sur del llamado Mar de la Tranquilidad. Los astronautas recolectaron en la misión 22 kilos de muestras de suelo y rocas lunares e incluso tuvieron tiempo de instalar instrumental científico para detección de sismos y partículas solares. Suspicacias aparte, sobre si todo era un montaje para que los estadounidenses se proclamaran los número uno en la conquista del satélite, la realidad es que la Luna ha seguido funcionando como la principal pista de competencias de la historia espacial.

Después de la llegada de Armstrong y Aldrin, los pasos sobre el satélite se extendieron hasta la misión número 17, pero posteriormente y durante casi cinco décadas las misiones espaciales que han explorado a la perfección la anatomía lunar no han requerido de la presencia directa de los humanos, como el caso de un nuevo capítulo de la historia lunar. Varias compañías comerciales se disputan un premio de 20 millones de dólares que será otorgado al primer equipo que logre llegar nuevamente a la Luna con el robot mejor diseñado para tal hazaña.

La convocatoria fue lanzada en 2007 por la Fundación X -Prize y patrocinada por Google. La idea fue convocar a innovadores de todo el mundo para desarrollar métodos de exploración espacial robótica de bajo costo. Es así que el llamado Google Lunar X PRIZE reunió a 29 participantes de 17 países bajo la premisa de lograr llegar al satélite y hacer que su diseño de rover pueda recorrer 500 metros y transmitir un video e imágenes de alta definición. Actualmente sólo quedan en la competencia 16 equipos provenientes de todo el mundo, como Chile y Brasil, en el caso de la representación latinoamericana.

De vuelta a la Luna

La competencia planeaba culminar en 2015, pero el lapso fue ampliado por dos años más. La compañía estadounidense Moon Express, fundada por Robert Richards, un multimillonario y emprendedor en la industria espacial, se ha perfilado para obtener el primer lugar de la competencia, pues acaba de recibir autorización del gobierno estadounidense para explorar la Luna en el 2017. Esta es la primera vez en la historia espacial que una compañía comercial recibe un permiso de este tipo. “Ahora somos libres de zarpar como exploradores al octavo continente de la Tierra: la Luna, en busca de nuevos conocimientos y recursos para ampliar la esfera económica de nuestro planeta en beneficio de toda la humanidad”, ha dicho Richards, canadiense de nacimiento y quien además ha establecido importantes alianzas comerciales con la NASA.

De esta forma también se abre un nuevo capítulo histórico sobre el destino del satélite: el inicio de una era de explotación de sus recursos naturales. En 2009 la NASA anunció el hallazgo de agua en la Luna al estrellar intencionalmente la sonda LCROSS en el fondo del cráter Cabeus en el polo sur de la Luna. El impacto del módulo, de 2 249 kg de peso volando a una velocidad cercana a los 9000 km/h hizo que se removieran unas diez mil toneladas de material de la superficie donde fue detectado el vital líquido. Se piensa que el agua congelada localizada en sus regiones polares, probablemente provino del choque de cometas ocurrido hace miles de millones de años.

El hidrógeno y el oxígeno obtenido del hielo lunar podrían convertirse en combustibles listos para utilizarse directamente en la actividad espacial. “El agua es el combustible del Sistema Solar, así que la Luna se podría convertir en una gasolinera en el cielo”, ha dicho claramente Robert Richards, subrayando la importancia de empezar a diseñar estrategias para obtener los recursos lunares que podrían utilizarse directamente en el espacio.

Una de las teorias más aceptadas sobre el origen de la Luna considera que un enorme cuerpo celeste chocó con la Tierra, provocando el surgimiento del satélite que se fue enfriando mientras orbitaba. Durante este proceso, se liberó energía desde su interior y material interno salió a su superficie por medio de erupciones, mientras que el impacto de asteroides y meteoritos fueron los encargados de modelar la fisonomía lunar.

Bajos costos y tecnología espacial

Según Naveen Jain, cofundador de Moon Express y gurú de tecnología espacial, la realización de proyectos de bajo costo para llegar nuevamente a la Luna es fundamental para su nueva conquista. Jain ha señalado que su proyecto en la Google Lunar X PRIZE ha costado alrededor de 10 millones de dólares, realmente un costo muy bajo si se compara con algunos de los proyectos de la NASA. Cada alunizaje del proyecto Apolo costó alrededor de 19 mil millones de dólares al cambio actual. Aunque también hay distancia en las metas, la misión actual de los participantes del Google Lunar X PRIZE no es minúscula.

Se trata de sentar las bases de poblaciones de robots de bajo costo que se encargarían también de abastecer de materiales a la Tierra, pues otro de los atractivos recursos detectados en la Luna son los llamados minerales de tierras raras (REM’s), muy útiles para la producción de artefactos ligados a las nuevas tecnologías. En la actualidad, estos elementos, como el europio y el tantalio, se refinan casi exclusivamente en China y de hecho se sabe que este país terminaría con sus reservas conocidas en un par de décadas por lo que encontrar nuevas vetas de estos materiales, indispensables en la producción de teléfonos celulares o computadoras, parecería una cuestión de urgencia.

De hecho, la misión china Chang’e-3 mando un rover a la Luna a finales de 2013 justamente para explorar sus materiales. El rover Yutu (conejo de jade, en español) exploró la superficie lunar durante tres meses y encontró un tipo de basalto lunar rico en óxido de hierro y óxido de calcio, así como con concentraciones intermedias de dióxido de titanio. También se encontraron, aunque en menores proporciones, óxido de aluminio y dióxido de silicio.

Para el investigador Zongcheng Ling, del Instituto de Ciencias Espaciales de la Universidad de Shandong, estas características de las rocas basálticas no habían sido observadas antes en el material recabado por las misiones estadounidenses Apolo o las rusas Lunik. Esto significa que todavía podrían encontrarse sorpresas en los trabajos de minería exploratoria que podrían realizar las primeras compañías en llegar a la Luna mediante las misiones de bajo presupuesto.

Otro recurso interesante de la Luna es el helio-3. Este elemento es raro en la Tierra, pero abundante en el Universo. Los vientos solares lo transportan por el sistema solar y se acumula en diferentes cuerpos celestes cuya atmósfera y campo magnético no lo rechazan. Este material puede ser utilizado para crear energía basada en la fusión nuclear y de hecho muchos expertos en el tema consideran que la energía producida por el helio-3 podría ser la clave de las colonizaciones en otros planetas y en general de la exploración espacial en el futuro.

Algunas estimaciones, como la del Instituto de Tecnología de Fusión en la Universidad de Wisconsin, estiman que podría haber más de un millón de toneladas de este material en la Luna y tan sólo 25 toneladas podrían suministrar energía durante todo un año a un país como Estados Unidos. Además de Moon Express, otras compañías que han sobresalido en el concurso son Astrobiotic, también de EU, y Part-Time Scientists, un equipo de alemanes. De hecho Astrobiotic se ha hecho acreedora a tres de los premios que ya ha repartido la Google Lunar X PRIZE hasta el momento: Aterrizaje, mobilidad y creatividad. Mediante la suma de estos premios la empresa ha recibido 1 millón 750 mil dólares.

Según un tratado de la ONU de 1967, ninguna nación puede proclamarse como dueña de la Luna, sin embargo expertos en leyes señalan que realmente no hay nada detallado sobre los derechos de su explotación comercial, pues hay libre acceso sobre su territorio y uso del mismo. Es así que una nueva carrera espacial inicia ahora por los recursos lunares.

 

El Universal

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