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El CES europeo reclama una prórroga de 50 años para el carbón y propone nuevos usos

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El Comité Económico y Social Europeo ha elaborado un dictamen sobre ‘Los recursos autóctonos de carbón en la transición energética de la UE’ en el que advierte de que «en algunos Estados miembros, los recursos autóctonos de carbón y lignito siguen siendo importantes para generar electricidad y calor, puesto que no solo contribuyen a un suministro energético seguro y asequible y a la competitividad económica, sino que desempeñan un papel estabilizador en el sistema energético, en términos tanto técnicos como económicos» y manifiesta su preocupación por «el porvenir de las regiones que actualmente dependen de la utilización del carbón y sus condiciones de vida futuras».

A su juicio, la transición energética hacia una economía de bajas emisiones «debe tenerse en cuenta en una planificación a largo plazo que abarque dos generaciones, es decir, un periodo de 25 a 50 años», por lo que concluye que las propias regiones «deben participar en la aplicación de la política energética y climática de la UE» para que su «desarrollo sostenible» se alcance «garantizando diálogos políticos, cívicos y sociales que permitan asegurar la existencia de planes de transición a nivel nacional, sectorial y empresarial».

De esta manera el CES europeo, que es una de las cinco instituciones básicas de la UE constituidas desde el mismo tratado fundacional, da un espaldarazo –si bien con sus matices– al sector minero. En su dictamen entra de lleno en el abordaje de medidas «en favor de un uso menos dañino y más eficiente del carbón» y si bien reconoce que se espera que la supresión progresiva del carbón en la UE «tenga lugar en un determinado momento futuro», recuerda que «en algunos países y cuencas mineras el carbón seguirá utilizándose en las próximas décadas».

Investigación en CAC

Según el Tratado de Lisboa, los Estados miembros tienen derecho a explotar sus propios recursos energéticos así como a determinar su combinación de fuentes, siempre que no subvencionen en modo alguno la producción de energía y tengan en cuenta todos los compromisos adquiridos en materia de cambio climático.

No obstante, dada la necesidad (y obligatoriedad) de iniciar una transición hacia una economía hipocarbónica utilizando todas las medidas y técnicas disponibles con el objetivo de favorecer un uso menos dañino y más eficiente del carbón, el CES propone potenciar «varios instrumento beneficiosos y de utilidad demostrada: el aumento de la eficiencia, la flexibilidad y la cogeneración».

Así recuerda el CES europeo que «habida cuenta de que la mayor parte del carbón se utiliza en la producción de electricidad, el aumento de la eficiencia es un instrumento importante desde el punto de vista de un uso menos contaminante de este mineral. Con una eficiencia elevada, se puede producir más electricidad con cada tonelada de carbón y las emisiones de CO2 pueden reducirse en un 30% o más». De hecho, existen centrales eléctricas de carbón de alta eficiencia en Alemania donde las tecnologías permiten una optimización tal que les otorgan flexibilidad como para aumentar o disminuir rápidamente su producción y apoyar así las energías renovables intermitentes.

El informe –que fue aprobado el pasado 25 de mayo aunque aún no se ha publicado en el Diario Oficial de la UE– señala que «a medio plazo, se tiene la esperanza de que las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono (CAC) puedan desempeñar un papel significativo en una economía descarbonizada». Investigaciones en este sentido se realizaban en la Fundación Ciudad de la Energía (Ciuden) de la localidad leonesa de Cubillos del Sil, antes de que se encontrase en la maltrecha situación actual.

Por otro lado, el que se ha erigido como el mayor grupo de presión e influencia que existe sobre la Comisión Europea, integrado por los agentes sociales y representantes del tercer sector, organizaciones agrarias y de consumidores, con varios ex miembros de gobiernos europeos en sus filas, recuerda que «al estudiar la posibilidad de utilizar el carbón de manera más eficiente y menos contaminante, también es necesario abordar usos alternativos del carbón como, por ejemplo, la licuefacción».

El carbón puede transformarse en combustibles líquidos, como la gasolina, el diésel, carburorreactores o productos petroquímicos. Las tecnologías necesarias ya se han desarrollado, si bien aún faltan por estudiarse las inversiones necesarias y los gastos operativos. Asimismo, la cogeneración (producción combinada de calor y electricidad) «es un sistema efectivo y eficiente que ofrece ventajas considerables, tanto en términos de energía como de protección del medio ambiente», detalla.

Un millón de trabajadores

El carbón parece tener los días contados, a pesar de que más de una cuarta parte de la electricidad de la UE sigue generándose en 280 centrales eléctricas de carbón en 22 países. A día de hoy, solo seis países han prescindido del carbón para producir electricidad: Chipre, Estonia, Letonia, Lituania, Luxemburgo y Malta.

El CES europeo afirma que «aunque la idea de excluir progresivamente el carbón de la combinación energética parece ser objeto de aceptación generalizada en aquellos Estados miembros en los que no se explotan recursos autóctonos de carbón, no puede decirse lo mismo de las cuencas mineras de la UE, en las que el sector proporciona empleos directos a 240 000 trabajadores».

Sumando los empleos en la industria de equipos de minería, otros puestos en la cadena de suministro y los empleos indirectos, el organismo calcula que el carbón da trabajo a cerca de un millón de personas, «muchas de ellas en regiones que ofrecen pocas oportunidades de empleo en otros sectores».

Seis países extraen hulla: Chequia, Alemania, Polonia, Rumanía, España y el Reino Unido;y diez explotan el lignito como combustible competitivo para la generación de electricidad: Bulgaria, Chequia, Alemania, Grecia, Hungría, Polonia, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia y España. «En estos países –añade el dictamen–, los recursos autóctonos de carbón y lignito desempeñan un importante papel en el suministro y ayudan a garantizar la seguridad energética de la UE y reducir la elevada dependencia de las importaciones».

La UE importa el 90% del crudo, el 66% del gas natural, el 42% de los combustibles sólidos y el 40% del nuclear;mientras que en algunos Estados miembros con producción de carbón autóctono a gran escala (Alemania y Chequia), cerca del 50% de la electricidad se genera en centrales de carbón. En Polonia, este porcentaje supera el 80%.

Un futuro alternativo

Pero además de para producir electricidad, el carbón tiene muchos otros usos. Así, el Comité Europeo recuerda que «se utiliza en la producción de cemento y puede transformarse en combustibles líquidos. Entre otros grandes usuarios del carbón, cabe mencionar las acerías, los fabricantes de papel, las industrias química y farmacéutica y la industria alimentaria. El carbón también es un ingrediente esencial para la fabricación de productos especializados, por ejemplo, el carbón activado utilizado en filtros o la fibra de carbono utilizada en los sectores aeroespacial, de ingeniería civil, militar, etc. Existen procesos industriales que permiten fabricar combustibles sintéticos o sustancias químicas básicas, como el metanol, que necesita la industria. Con el metanol puede fabricarse una amplia gama de productos petroquímicos que ahora se producen con otros combustibles fósiles».

Y es ahí donde podría estar el futuro del carbón y más aún el del carbón –como es el caso del español– de calidad. «La industria del carbón debe centrarse en un uso más eficiente y limpio de este mineral y desarrollar usos alternativos» y, a la vez, «la UE debería asignar los fondos necesarios para la investigación y el desarrollo en el ámbito de la química del carbón».

 

El Comercio

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