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Banca de EU corta el dinero a la minería de montaña

El séptimo banco más grande de Estados Unidos, PNC Financial, se convirtió hace unos días en el más reciente en dejar de financiar a empresas mineras que realicen extracción de carbón en Los Apalaches, práctica calificada como devastadora por grupos defensores del medio ambiente. En la lista están Bank of America, Citigroup, Morgan Stanley, JPMorgan Chase y Wells Fargo, además de Credit Suisse. Ese tipo de minería implica hacer explotar la cumbre de la montaña para dejar expuestas las vetas del mineral; los escombros son arrojados a los valles y ríos.

Fue una decisión importante para PNC, que ha sido uno de los financiadores más grandes de empresas que se dedican a este tipo de extracción de carbón, que la organización legal ambientalista Earthjustice llama “minería a cielo abierto con esteroides”.

La decisión de PNC se anunció luego de que grupos defensores del medio ambiente ejercieron una inmensa presión en los bancos de Wall Street para que dejaran de financiar tales prácticas. PNC se había resistido y ahora GE Capital y UBS parecen ser las únicas instituciones financieras grandes del país que están dispuestas a seguir prestándole dinero a las empresas dedicadas a esa actividad.

¿Sin dinero no hay negocio?

Los defensores del ambiente han luchado en estos últimos años para persuadir a los grandes inversionistas de que se desprendan de sus intereses en compañías de combustibles fósiles, pero quizá ahora encontraron un enfoque más efectivo: cortar el financiamiento de esas empresas.

Una cosa es que grandes inversionistas, como la familia Rockefeller y el fondo de la Universidad de Stanford, se retiren de las compañías de combustibles fósiles. El resultado, quizás, es un precio por acción marginalmente inferior para las grandes empresas del petróleo.

Pero algo muy diferente es cuando los bancos del país deciden, de manera individual o colectiva, cortar efectivamente el financiamiento de proyectos que requieren considerable capital. Esto tiene el efecto de acabar con el negocio.

Es sorprendente que los activistas sociales no hayan tratado antes de lanzar campañas contra las fuentes de financiamiento.

Al tratar de convencer a los grandes inversionistas de que vendan sus intereses en las compañías de combustible fósil, los activistas han adoptado una estrategia muy copiada, que fue usada en la campaña contra el apartheid en Sudáfrica.

En Harvard, por ejemplo, se planea una reunión el próximo mes. Exalumnos célebres, como la actriz Natalie Portman y el director de cine Darren Aronofsky recientemente firmaron una carta para instar al fondo de la universidad a que se deshaga de sus intereses en las compañías de combustibles fósiles. “Si bien no podemos llevar a la quiebra a las compañías petroleras, sí podemos empezar a quebrarlas políticamente, complicando su capacidad de dominar nuestra vida política”, señala la carta. “Desinvertir es eficaz.”

Sin embargo, la realidad es que desinvertir no es tan eficaz.

“Es como decirles a las tabacaleras: ‘Si no queman todos el tabaco que se cultiva ahora para su compañía y cierran todas sus plantas, nosotros nos desharemos de nuestras acciones’”, observa Scott Wisor, conferencista y director asistente del Centro de Estudios de Ética Global de la Universidad de Birmingham en Gran Bretaña. “Por supuesto, sería bueno que las compañías tabacaleras tuvieran que cerrar sus puertas porque la gente hubiera dejado de fumar (apoyándose en una política pública efectiva). Pero ningún ejecutivo de ninguna tabacalera va a cerrar su negocio simplemente porque los inversionistas bien intencionados no quieran comprar su empresa.”

Por otro lado, si se reduce el financiamiento de proyectos que requieren de mucho capital, como la extracción, el efecto puede ser significativo.

“Para el precio de las acciones, la amenaza de anunciar que no se extraerá 80 por ciento de las reservas es exponencialmente mayor que la tibia amenaza de que unas cuantas universidades e iglesias van a vender sus acciones de esas compañías”, precisa Wisor.

Incluso en la muy publicitada campaña contra el apartheid de los años 80, un estudio académico de profesores de la Universidad de Michigan y de la Universidad de California en Los Ángeles encontró que los resultados fueron imperfectos.

“No encontramos apoyo para la noción generalizada -y la retórica frecuentemente vehemente en los medios financieros- de que el boicot de los accionistas y los legisladores contra el apartheid haya afectado adversamente al sector financiero. El anuncio de las presiones de los legisladores o los accionistas no tenía efectos visibles en la evaluación de los bancos y las corporaciones que tuvieran operaciones en Sudáfrica o en los mercados financieros sudafricanos”, señaló el estudio. “Una explicación puede ser que el boicot básicamente reasignó las acciones y operaciones de los inversionistas y países socialmente responsables hacia otros simplemente indiferentes”.

Avance rápido al presente

En lugar de enfocarse exclusivamente en la desinversión en empresas de combustibles fósiles, los grupos Equipo de Acción Earth Quaker y Red de Acción del Bosque Tropical pusieron su mira en bancos como PNC, después de haber pasado años librando exitosas batallas contra empresas como JPMorgan.

“En nuestros primeros encuentros con PNC, el banco no nos tomó en serio; ni a nosotros ni al problema”, afirma George Lacey, profesor retirado que fue arrestado en dos ocasiones durante la campaña. “Nosotros les mostramos las evidencias, les presentamos agua de Los Apalaches envenenada con la extracción de la montaña, y los pusimos cara a cara con residentes dañados por esta práctica. Tuvimos que tomar acciones directas para que ellos vieran la luz.”

Ya que bancos como PNC tienen más cosas en juego que una industria específica y una base de apoyo mucho más variada que una compañía carbonífera, los activistas lograron persuadir a los ejecutivos del establecimiento.

“Los bancos ya no quieren ser asociados con una práctica peligrosa y aborrecible como la extracción en las montañas; en la industria financiera está surgiendo el consenso de que estas prácticas son inaceptables”, afirmó la Red de Acción del Bosque Tropical. “En concreto, esto significa que las compañías que extraen de la cima de las montañas tendrán más dificultades para obtener financiamiento para operar y expandirse en el futuro.”

Poco, pero significativo

Por su parte, PNC afirmó que debido a “preocupaciones ambientales y de salud, así como a nuestro apetito de riesgos”, con el tiempo ha reducido significativamente su exposición en el financiamiento de extracción en montaña. Según su más reciente reporte de responsabilidad corporativa, esa exposición representó menos de la cuarta parte de uno por ciento de sus compromisos totales de financiamiento. (Eso probablemente le facilitó al banco tomar la decisión.)

Conforme a esta nueva política, PNC ya no extenderá créditos para proyectos de extracción en montaña específicos o productores de carbón cuya producción provenga de ese tipo de minería en 25% o más.

Es probable que surjan otras fuentes de financiamiento. Pero el proceso de encontrarlas aumentará los costos y el precio del financiamiento se va a elevar, lo que hará que la extracción en montaña sea cada vez menos sustentable.

La verdadera pregunta es si otros activistas sociales están observando y cuál podría ser su próximo objetivo.

The New York Times

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