Ciudad de México.- Muchos de los grandes problemas del siglo XXI, como las crisis energética y del agua, la contaminación del ambiente y el cambio climático global, pueden comprenderse mejor y encontrar propuestas de solución desde las geociencias. Sin embargo, para avanzar en este camino, se necesita primero hacer un diagnóstico del estado en el que se encuentra dicho campo del conocimiento que permita, entre otras cosas, identificar dónde asignar los recursos destinados a la investigación, coincidieron integrantes de la mesa redonda “El futuro de la investigación en geología y ciencias de la Tierra en México”.

Esta mesa, realizada el 29 de mayo, es una de las más de 60 que organizaron el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) y el Consejo Consultivo de Ciencias con el fin de generar un análisis sobre las principales tendencias y avances de la ciencia en nuestro país. El evento lo encabezó el doctor Dante Morán Zenteno, director general de Asuntos del Personal Académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y miembro de la AMC.

“La investigación geológica en el país ha crecido en las últimas dos décadas exponencialmente, sin embargo lo ha hecho de manera desorganizada, caótica. No hay una integración de las geociencias y ese es uno de los grandes retos que tenemos para darles una mayor dimensión y profundidad”, dijo el doctor Fernando Ortega Gutiérrez, investigador del Instituto de Geología de la UNAM.

Un primer paso hacia esa organización, propuso, es la elaboración de un censo integral que abarque tanto la planta de personal activo en docencia como de investigación en el campo de la geología. Asimismo, mencionó como prioritario hacer evaluaciones periódicas del desempeño y vigor institucional, a nivel de la infraestructura y los recursos humanos, mediante criterios generales y que midan su relevancia nacional.

El especialista también urgió a modificar de raíz la estructura educativa de las geociencias en México en todos sus niveles, con el objetivo central de generar una conciencia social, política, cultural y científica que valore la diversidad geológica de México.

Por su parte, el doctor Luca Ferrari Pedraglio, investigador del Centro de Geociencias de la UNAM, reconoció que a nivel nacional, no solo la interacción es escasa o nula sino la comunicación entre una disciplina y la otra también es difícil. “No conocemos suficientemente a los demás y tampoco hacemos mucho esfuerzo para darnos a conocer y establecer puentes”.

De acuerdo con el especialista, la integración entre las diferentes disciplinas en principio propiciaría obtener resultados y generar modelos más exitosos.

Además del diagnóstico, se puede utilizar lo que ya se tiene para mejorar. Fernando Ortega propuso modificar radicalmente la estructura, las funciones y la práctica del Servicio Geológico Mexicano para integrar una cartografía geológica del país “como debe de ser”, que nos proporcione información relevante y de calidad sobre sus condiciones geológicas.

En este punto, Luca Ferrari señaló que México está muy atrasado en cuanto al conocimiento de sus mares. De entrada no pertenece al IODP (Integrated Ocean Drilling Program), lo que ha propiciado que haya muy pocos cruceros con perforaciones marinas, “eso es algo que deberíamos impulsar porque ahí hay parte importante del territorio con recursos”.

Por su parte, el doctor Francisco Sánchez Sesma, adscrito al Instituto de Ingeniería de la UNAM, expuso la necesidad de facilitar la obtención de datos para hacer investigación, pues generalmente es muy difícil conseguirlos, incluso si están al resguardo de instancias públicas. Esta medida es crucial para la construcción de redes sísmicas, por ejemplo. “En Japón tienen miles de estaciones que dan datos gratuitamente a quien se las pide. Hasta que esto nos pase a nosotros podremos decir estamos bien”.

Se pueden lograr muchos cambios con lo que ya se tiene, avanzar no solo es cuestión de dinero, sostuvo Luca Ferrari. “No basta con invertir más; si ahora duplicaran el presupuesto en ciencia y tecnología, yo creo que sería un problema si no hacemos antes una serie de cambios. Necesitamos una modificación en los sistemas de evaluación, fomentar la investigación que sea relevante, creativa y cooperativa, que no solamente genere artículos científicos”, propuso.

En este sentido, valoró como inaplazable la creación de nuevos centros de investigación en geociencias, descentralizados en estados que tengan una baja presencia de geocientíficos y que estén financiados directamente del presupuesto federal, en los que no intervengan ni la UNAM ni el Conacyt, subrayó Ferrari. Esto con el objetivo de mitigar “la mala distribución geográfica e institucional” de estas disciplinas científicas.

Los integrantes de la mesa también señalaron algunas áreas de investigación con potencial de crecimiento.

En materia petrolera, están la exploración, desarrollo y explotación de lutitas de gas y aceite (recursos no convencionales que recientemente han contribuido a disminuir el precio del gas), así como la exploración en aguas profundas, en áreas con tectónica salina y la investigación en recuperación mejorada de hidrocarburos, señaló el director de Investigación y posgrado del Instituto Mexicano del Petróleo, José Grajales Nishimura. Otra área de oportunidad la constituye la innovación de los procesos administrativos para ser más eficientes, agregó.

“Tenemos que considerar cada vez más el impacto ambiental en todas las actividades humanas y la búsqueda de la sustentabilidad. Un reto de las geociencias es conciliar la explotación de los recursos con el cuidado del medio ambiente; optimizar los procesos industriales e implementar la química verde para minimizar la generación de residuos, así como aplicar métodos de remediación progresivamente menos costosos”, propuso Ferrari.

Un aspecto importante para el futuro de las geociencias en México será conjuntar esfuerzos para desarrollar la geociencia computacional, con la cual se podrán integrar los datos provenientes de la geología, geofísica, geoquímica y geodinámica, esto permitirá integrar los conocimientos científicos y tecnológicos en modelos matemáticos para realizar predicciones, sugirió Ismael Herrera Revilla, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM.

Fuente: La Prensa

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