Puntos clave
- Dato clave: Cobre cerrará 2025 con su primera caída en producción minera desde 2017, a pesar de precios récord superiores a USD $5.00 por libra.
- Causa estructural: Las leyes de mineral en depósitos maduros caen de 1.0% a 0.6% de concentración de cobre, aumentando costos operativos por libra independientemente del precio.
- Pipeline comprometido: Nuevos proyectos requieren 8-12 años de exploración a producción; la próxima década ya está comprometida en reposición de oferta.
- Implicación global: Sprott advierte que la ecuación de oferta se quiebra exactamente cuando el mundo necesitará más cobre para transición energética y electromovilidad.
| Mineral | cobre |
| Precio | USD $5.00+ por libra (picos 2025) |
| Variación | Producción en declive por primera vez desde 2017 |
| Contexto LATAM | Chile no logra reactivar ritmo esperado; deterioro simultán… |
El cobre podría cerrar 2025 con su primera caída en producción minera desde 2017. No por falta de precio — el metal rompió récords en la primera mitad del año — sino porque los tres factores que sostienen la oferta global se están deteriorando al mismo tiempo: más disrupciones operativas, leyes de mineral en declive y un Chile que no logra reactivar el ritmo que los mercados descuentan. Sprott Asset Management lo dice sin rodeos: la ecuación de oferta se está quebrando exactamente cuando más cobre necesitará el mundo.
Por qué un precio récord no garantiza más toneladas
La lógica convencional dice que el precio alto incentiva producción. El cobre la está desafiando. A pesar de que el metal cotizó por encima de los US$5.00 por libra en picos de 2025 en COMEX, la respuesta de la oferta ha sido decepcionante. El problema no es de voluntad financiera — es de geología y operación.
Las leyes de mineral en los depósitos más grandes del mundo llevan años cayendo. Lo que antes era 1.0% de concentración de cobre en la roca hoy promedia 0.6% o menos en muchos de los yacimientos maduros. Eso significa que para producir la misma tonelada de cobre refinado se mueve más material, se gasta más energía y el costo operativo por libra sube independientemente del precio spot. Los proyectos nuevos que compensarían ese deterioro tardan entre ocho y doce años en pasar de exploración a producción. El pipeline de la próxima década ya está comprometido.
Las disrupciones operativas se suman al cuadro. Desde paros laborales en Perú hasta problemas de procesamiento en la República Democrática del Congo, la producción efectiva ha quedado sistemáticamente por debajo de lo proyectado. Sprott estima que si esa tendencia continúa durante el segundo semestre, 2025 terminará con volúmenes totales inferiores a 2024 — algo que no ocurría desde el año en que los precios se desplomaron por debajo de US$2.50 la libra.
Chile: la variable más pesada del balance global
Chile produce el 27% del cobre del mundo. Cuando Chile tose, el mercado global se resfría. Y en 2025, Chile sigue con síntomas que no terminan de ceder.
Codelco, la estatal que durante décadas fue sinónimo de eficiencia cuprífera, atraviesa su período más complejo en generaciones. Los proyectos de desarrollo interno — Chuquicamata Subterránea, El Teniente Nuevo Nivel Mina — han acumulado retrasos y sobrecostos que ya superan los estimados originales. La producción de la empresa en 2024 fue la más baja en décadas. Las metas para 2025 se ajustaron a la baja, y la recuperación depende de que varios frentes constructivos avancen en paralelo sin nuevos contratiempos. Hasta ahora, ese escenario no se ha cumplido.
Las mineras privadas que operan en Chile — BHP en Escondida, Anglo American en Los Bronces, Freeport-McMoRan con sus activos locales — también enfrentan las mismas presiones estructurales de ley. Escondida, la mina de cobre más grande del mundo por producción, procesa mineral con grades que requieren cada vez más agua y energía. En un país que ya tiene restricciones hídricas en el norte, ese no es un problema menor.
El número que pone en perspectiva la situación chilena: si Codelco recuperara los niveles de producción de 2018 — poco más de 1.8 millones de toneladas anuales — el déficit proyectado de cobre fino se achicaría significativamente. Eso no va a ocurrir en 2025. Probablemente tampoco en 2026.
Perú y el resto del cinturón: oferta parcheada
Perú aporta el 10% de la producción mundial de cobre. En teoría, debería compensar parte del déficit chileno. En la práctica, los conflictos sociales y los desafíos de licencia social siguen frenando la expansión de proyectos clave. Las Bambas opera bajo presión constante. Quellaveco, el proyecto de Anglo American que fue la gran incorporación de los últimos años, ya está estabilizado pero no tiene margen de crecimiento inmediato significativo.
La República Democrática del Congo es el comodín que muchos analistas usaron para justificar proyecciones optimistas de oferta. Kamoa-Kakula ha entregado resultados reales. Pero el entorno logístico, regulatorio y político del país hace que cualquier estimado de producción cargue con una prima de incertidumbre que el mercado empieza a precio de manera más explícita.
Lo que queda del balance global es un mosaico de proyectos con retrasos, yacimientos maduros con leyes en caída y un pipeline de nuevas minas que no tiene capacidad de responder en el corto plazo. Sprott calcula que incluso bajo escenarios de demanda moderada — sin acelerar la electrificación global — el mercado de cobre enfrentaría condiciones de déficit durante la segunda mitad de la década.
La demanda que no espera
El cobre no tiene sustituto eficiente en aplicaciones críticas de la transición energética. Un vehículo eléctrico usa entre tres y cuatro veces más cobre que un auto de combustión interna. Un parque eólico offshore requiere toneladas de cable de cobre de alta conductividad. Las redes eléctricas que deben modernizarse en Europa, India y Sudeste Asiático dependen de conductores de cobre que todavía no existen en volumen suficiente.
China consume más del 50% del cobre refinado mundial. Su sector inmobiliario sigue débil, lo que modera la demanda en construcción convencional. Pero la inversión estatal en infraestructura eléctrica y manufactura de EVs ha mantenido el consumo chino por encima de lo que muchos analistas proyectaban hace doce meses. El mercado esperaba una caída más pronunciada de la demanda china. No llegó.
El resultado es un mercado donde la demanda se sostiene mejor de lo esperado y la oferta decepciona más de lo estimado. Esa combinación tiene una sola dirección para el precio: presión alcista estructural, aunque con volatilidad importante en el corto plazo ligada a datos macroeconómicos de China y a las señales de la Reserva Federal sobre tasas.
Lo que leen los mercados — y lo que aún no descuentan
COMEX y LME ya reflejan parte del estrés de oferta. Los inventarios en almacenes registrados por el LME se mantienen en niveles históricamente bajos. Cuando los inventarios caen y la oferta primaria no logra repuntar, el mercado empieza a descontar una prima de escasez que puede moverse con rapidez.
Lo que los mercados financieros aún no descuentan completamente es el riesgo de que la caída de producción de 2025 no sea un evento aislado sino el inicio de una tendencia. Si las leyes siguen deteriorándose y el pipeline de proyectos nuevos no se acelera — lo que requeriría decisiones de inversión que en muchos casos aún no se han tomado — la restricción de oferta podría extenderse hacia 2027 y 2028.
Para los productores latinoamericanos que tienen contratos de largo plazo a precio fijo, el escenario actual es complejo: el precio spot sube, pero su captura real depende de la estructura de sus coberturas. Para los que operan a precio variable o spot, cada trimestre de 2025 con producción menguante representa ingresos que no van a recuperar.
El mensaje de Sprott no es una alarma de corto plazo. Es una señal estructural. El cobre lleva una década absorbiendo las señales de la transición energética sin que la oferta respondiera a la velocidad necesaria. 2025 podría ser el año en que esa brecha deja de ser una proyección académica y se convierte en un número negativo en los reportes de producción global. Cuando eso suceda, los mercados van a recalibrarse. La pregunta no es si ocurrirá, sino qué tan rápido el mercado físico lo traduce en precio.

