Resumen Ejecutivo
- Producción proyectada: 10 millones de onzas de plata anuales desde el proyecto Carangas
- Viabilidad económica: PEA actualizado muestra economía robusta con capex inicial entre 200-400 millones USD, pero depende del precio de corte de plata
- Perspectiva LATAM: Proyectos de esta escala son raros en Latinoamérica en contexto de escasez de plata primaria
- Riesgo regulatorio: Pregunta central es si Bolivia puede convertir el recurso documentado en producción real
Diez millones de onzas de plata al año. Esa cifra, publicada por New Pacific Metals como parte de la actualización de su Evaluación Económica Preliminar (PEA) para el proyecto Carangas en Bolivia, no pasa desapercibida en un mercado donde la plata primaria escasea y los proyectos de esa escala son cada vez más raros. La pregunta que los analistas ya se están haciendo no es si el recurso existe —eso está documentado— sino si Bolivia puede convertirlo en producción real.
Carangas en números: lo que dice el PEA y lo que no dice
New Pacific Metals actualizó su PEA para Carangas destacando tres atributos: economía robusta, capex inicial manejable y producción anual de aproximadamente 10 millones de onzas de plata. Para una junior canadiense operando en Bolivia, esos son los argumentos correctos para el mercado. Pero cada uno de esos tres puntos merece disección.
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“Economía robusta” es lenguaje de promotor hasta que se revelan los supuestos de precio. Con la plata cotizando por encima de los 32 dólares por onza en el COMEX, prácticamente cualquier proyecto de plata de ley media genera un VPN positivo. La pregunta relevante es a qué precio de plata el VPN se convierte en cero —el punto de quiebre real del proyecto. Sin esa cifra publicada, la afirmación de robustez es incompleta.
“Capex manejable” es relativo. Para una junior canadiense que opera en bolsa con capitalización de mercado acotada, la diferencia entre 200 y 400 millones de dólares es abismal en términos de financiamiento. El PEA deberá detallar esa cifra con precisión antes de que cualquier institución financiera considere siquiera una conversación sobre deuda project finance en Bolivia.
Los 10 millones de onzas anuales, sin embargo, son el dato que realmente importa. Colocan a Carangas en la categoría de proyectos primarios de plata de escala global. Para referencia: Juanicipio en Zacatecas, operado por Fresnillo y MAG Silver con la ley de plata más alta del mundo, produce alrededor de 20 millones de onzas equivalentes anuales. Carangas estaría en la mitad de esa escala, pero en territorio virgen y con un contexto geopolítico radicalmente distinto.
Bolivia como jurisdicción: el riesgo que el PEA no puede modelar
New Pacific Metals lleva años trabajando en Bolivia con una postura que pocos desarrolladores se atreven a mantener: apuesta de largo plazo en una jurisdicción que ahuyenta capitales. Su portafolio incluye también el proyecto Silver Sand, en Potosí, que ya tiene un PEA previo con números más avanzados. Carangas suma una segunda apuesta en el mismo tablero.
El problema de Bolivia no es geológico. El país alberga algunas de las reservas minerales más importantes de América del Sur: zinc en Potosí, estaño en Oruro y Huanuni, plata en múltiples distritos históricos y, sobre todo, la mayor reserva de litio del planeta en el Salar de Uyuni. El problema es institucional y político, y ningún modelo de flujo descontado lo captura con precisión.
El marco legal boliviano combina tres fuerzas que operan en tensión permanente: COMIBOL como entidad estatal con derechos de prelación sobre recursos estratégicos, las cooperativas mineras como actor político organizado con capacidad de bloqueo físico y legal, y un gobierno que históricamente ha utilizado la retórica de la soberanía sobre los recursos naturales como herramienta de política interna. Para una empresa privada extranjera, navegar ese triángulo requiere algo más que un buen PEA.
San Cristóbal, operada por Sumitomo en Potosí, es el único caso de éxito a escala de una operación privada grande en Bolivia. Y aun así, ha enfrentado bloqueos de cooperativas, disputas laborales y presión estatal recurrente. Si la mina de zinc y plata más grande del mundo tiene esos problemas en régimen de operación, un proyecto greenfield como Carangas enfrenta una curva de riesgo político que el PEA simplemente no puede modelar.
El timing y el mercado de plata: por qué ahora importa publicar esto
New Pacific Metals no actualizó el PEA de Carangas por casualidad. Lo hizo en un momento donde el mercado de plata atraviesa una de sus etapas de mayor tensión estructural en décadas.
El Silver Institute proyecta un déficit de oferta en el mercado de plata por cuarto año consecutivo en 2025. La demanda industrial —paneles solares, electrónica, vehículos eléctricos— sigue absorbiendo oferta a un ritmo que la producción minera primaria no puede acompañar. México, primer productor mundial con el 24% de la producción global, enfrenta restricciones regulatorias que han reducido la exploración. Perú y China completan el top productor, pero ninguno tiene proyectos de escala que entren en producción antes de 2028.
En ese contexto, publicar que tienes un proyecto con 10 millones de onzas anuales de producción potencial —aunque esté en etapa PEA y en Bolivia— mueve agujas. Atrae a analistas de mercados de capitales. Genera conversaciones en Toronto. Mantiene viva la historia de la empresa en bolsa mientras se avanza en permisos y estudios. Es una jugada de comunicación financiera tanto como un hito técnico.
Eso no significa que el proyecto sea falso ni que las cifras sean inventadas. Significa que la distancia entre un PEA y una mina en producción es, en Bolivia, especialmente larga.
El pipeline boliviano y lo que Carangas representa para él
Bolivia no tiene un pipeline minero vibrante. Tiene promesas repetidas de litio que YLB no ha podido convertir en producción comercial significativa. Tiene San Cristóbal operando en régimen maduro. Tiene Huanuni produciendo estaño para COMIBOL con eficiencia discutible. Y tiene un puñado de proyectos de exploración y desarrollo que luchan contra el marco legal y la inestabilidad política.
New Pacific Metals, con Carangas y Silver Sand, representa prácticamente todo el capital de riesgo privado internacional que apuesta con seriedad al desarrollo minero boliviano fuera del litio. Eso dice algo sobre el estado del pipeline: no es que los recursos no existan, sino que el entorno no genera competencia por desarrollarlos.
Para que Carangas avance de PEA a Estudio de Factibilidad —el siguiente paso que realmente pone a prueba la viabilidad del proyecto— New Pacific necesitará resolver tres cosas en paralelo: financiamiento para el estudio, avance en permisos ambientales y alguna señal del gobierno boliviano sobre el esquema de participación estatal. Sin esa claridad, el PEA actualizado es un documento técnico bien hecho flotando en un vacío institucional.
¿Puede Bolivia cambiar el guión?
El gobierno boliviano ha enviado señales mixtas en los últimos años. Por un lado, ha buscado acercamientos con CATL y BRUNP para el litio, reconociendo que sin capital externo el recurso permanece en tierra. Por otro, el marco constitucional y la presión de las cooperativas limitan cualquier concesión real al capital privado en minería metálica.
Si Bolivia diera señales concretas de apertura regulatoria al desarrollo privado —algo parecido al RIGI argentino, aunque adaptado a sus condiciones políticas— Carangas podría convertirse en un proyecto ancla para un pipeline que hoy no existe. Diez millones de onzas de plata al año, con precios sostenidos por encima de 30 dólares, generarían regalías, empleo y divisas que el país necesita con urgencia.
Pero esa apertura no ha llegado. Y mientras no llegue, el mejor PEA del mundo no reemplaza la certeza jurídica que un proyecto de esta envergadura necesita para atraer los cientos de millones de dólares que transforman un recurso en una mina.
New Pacific Metals tiene la geología. Bolivia tiene el mineral. Lo que falta es lo más difícil de construir: la confianza institucional que convierte ambos en producción. Hasta entonces, Carangas seguirá siendo lo que es hoy: uno de los proyectos de plata más interesantes del continente que nadie puede financiar todavía.

