- Contrato estratégico: US$245 millones entre USAC y DLA para garantizar autonomía en antimonio
- Ejecución real: US$57.3 millones en órdenes acumuladas confirman que Washington ejecuta —no solo promete— su agenda de seguridad mineral
- Posición monopolística: USAC es la única empresa de antimonio totalmente integrada fuera de China y Rusia, lo que justifica el contrato
- Aplicaciones críticas: El antimonio es insumo directo en municiones, baterías y retardantes de llama para capacidad militar estadounidense
United States Antimony Corporation (NYSE: UAMY) entregó 82,000 libras de lingotes de antimonio al Departamento de Defensa en junio de 2026, generando US$2.6 millones en facturas bajo su contrato de US$245 millones con la Agencia de Logística de Defensa (DLA). El número que importa, sin embargo, no es ese: son los US$57.3 millones en órdenes acumuladas desde el inicio del contrato, una cifra que confirma que Washington está ejecutando —no solo prometiendo— su agenda de autonomía en minerales críticos.
- Un contrato de US$245M que ya es una señal política, no solo comercial
- Bolivia, el Estrecho de Ormuz y la fragilidad de la cadena de suministro
- La posición de EUA en el mercado global de antimonio: dependencia que el contrato no resuelve solo
- Thompson Falls: la apuesta de infraestructura que define el trimestre
- Dos entregas esperando inspección: el cuello de botella que define el ritmo real
- El rol de México y Canadá en la estructura de USAC
Un contrato de US$245M que ya es una señal política, no solo comercial
El contrato entre USAC y la DLA no es un acuerdo industrial ordinario. Es la materialización de una política de seguridad nacional que lleva años en construcción y que encontró en la administración Trump su acelerador más agresivo. La DLA no compra insumos para la siguiente licitación: compra para el stockpile estratégico, para garantizar que el Departamento de Defensa no dependa de China o Rusia en un mineral cuyo uso en municiones, baterías y retardantes de llama lo convierte en insumo directo de la capacidad militar estadounidense.
USAC se presenta explícitamente como “la única empresa de antimonio totalmente integrada en el mundo fuera de China y Rusia.” Esa frase no es marketing: es la razón por la que el contrato existe. El gobierno estadounidense tiene exactamente un proveedor doméstico viable para este mineral en el corto plazo, y ese proveedor acaba de encender sus nuevos hornos de fundición en Thompson Falls, Montana.
Las dos entregas iniciales del segundo trimestre de 2026 son modestas frente al total del contrato. Pero el CEO Gary Evans lo dijo con claridad: una vez iniciadas y verificadas las entregas, los pedidos más grandes comenzaron a llegar. La rampa de producción no precede a la demanda gubernamental — la demanda gubernamental ya está ahí, esperando que la capacidad productiva la alcance.
Bolivia, el Estrecho de Ormuz y la fragilidad de la cadena de suministro
El segundo trimestre también expuso la vulnerabilidad estructural de USAC. Las entregas de escamas de antimonio desde la planta hidrometalúrgica boliviana de su socio se retrasaron por un efecto en cadena que pocos analistas habrían anticipado: el conflicto militar en el Estrecho de Ormuz generó escasez nacional de diésel en Bolivia, lo que impidió a los mineros bolivianos llevar material a la instalación de procesamiento a tiempo.
El mecanismo es revelador. Un conflicto geopolítico en el Golfo Pérsico interrumpe el suministro de combustible en el altiplano boliviano, lo que frena la producción de concentrados de antimonio, lo que retrasa las entregas a una empresa en Montana contratada por el Pentágono. Esa cadena de causalidad resume exactamente por qué Washington considera que la dependencia en minerales críticos es un problema de seguridad nacional, no solo un asunto de política industrial.
La escasez de diésel en Bolivia ya fue mitigada, según la compañía. Pero el episodio deja una lección pendiente: la diversificación de fuentes de feedstock —que USAC está construyendo con adquisiciones en Alaska, Montana y Ontario— no es una estrategia de crecimiento, es una necesidad operativa para no repetir el trimestre que acaba de cerrar.
La posición de EUA en el mercado global de antimonio: dependencia que el contrato no resuelve solo
El antimonio no tiene la visibilidad del litio ni del cobre, pero su perfil estratégico es equivalente. China controla más del 50% de la producción mundial y una fracción aún mayor de la capacidad de refinación. Rusia es el segundo actor relevante. El resto del mundo —incluyendo a EUA— opera en los márgenes de un mercado cuyo precio y disponibilidad los fija Beijing.
El valor de la producción mineral de EUA proyectado para 2025 alcanza los US$112,000 millones, con cobre y oro como pilares. Pero el antimonio no aparece en esa estadística con peso propio: la producción doméstica es marginal frente a las importaciones. Las importaciones netas de metales en EUA superaron los US$185,000 millones en 2025, más del doble del año anterior, impulsadas en parte por el stockpiling anticipatorio que la política arancelaria de Trump generó como efecto secundario.
Ese stockpiling es el contexto que explica por qué la DLA está comprando con urgencia. No es solo gestión de inventarios: es una carrera contra un escenario de restricción de exportaciones chinas que Washington considera plausible. El antimonio ya fue incluido en las listas de minerales críticos bajo la Orden Ejecutiva de seguridad nacional de 2025, junto al galio, el germanio y las tierras raras. El contrato con USAC es la respuesta táctica a ese diagnóstico.
Thompson Falls: la apuesta de infraestructura que define el trimestre
La noticia operativa más importante del comunicado no son las dos entregas — es el encendido y puesta en marcha de los hornos expandidos en la nueva instalación de Thompson Falls. Sin capacidad instalada, el contrato de US$245 millones es una promesa sin sustento físico. Con los hornos funcionando, USAC tiene la plataforma para escalar.
La eficiencia del feedstock en escamas frente al mineral en bruto es el siguiente elemento técnico crítico. La empresa señala que las escamas de antimonio boliviano mejorarán “los tiempos de entrega del producto terminado por eficiencias” en los hornos a gas. Traducido: más throughput por unidad de energía, menos tiempo entre ciclos de fundición, más toneladas mensuales disponibles para la DLA.
La progresión lógica del negocio es clara. Primer trimestre 2026: preparación de infraestructura. Segundo trimestre: primeras entregas y validación del proceso de inspección gubernamental. Tercer y cuarto trimestre: aceleración de volumen sobre una cadena ya verificada. Evans anticipó exactamente eso cuando dijo que “el flujo de órdenes a lo largo del resto del año fiscal 2026 continuará escalando junto con nuestra capacidad productiva.”
Dos entregas esperando inspección: el cuello de botella que define el ritmo real
Hay un detalle en el comunicado que merece atención: dos envíos adicionales están esperando inspección gubernamental, Certificado de Análisis y autorización de entrega. En otras palabras, USAC ya produjo y despachó material que todavía no genera factura porque el proceso de validación del DoD tiene sus propios tiempos.
Esto importa para los analistas financieros por una razón específica: los ingresos reconocidos en Q2 son US$2.6 millones, pero el material físico entregado o listo para entregar representa más. La conversión de esos envíos en ingresos depende de un proceso burocrático, no de capacidad productiva. Para los inversores que monitorean UAMY en NYSE, esa distinción entre producción, entrega y reconocimiento de ingreso es la variable que determinará cómo se ven los resultados de Q3.
El rol de México y Canadá en la estructura de USAC
USAC no opera únicamente en EUA. Sus subsidiarias en México procesan mineral en instalaciones que alimentan parte de su cadena integrada, y sus adquisiciones recientes en Ontario amplían su base de recursos. Bajo el T-MEC, los flujos de mineral y metal entre México, EUA y Canadá gozan de libre circulación, lo que da a USAC una ventaja logística frente a proveedores que dependen de cadenas de suministro más largas.
La dependencia de EUA respecto a México en minerales críticos no se limita a la plata — que representa el 28% de las importaciones estadounidenses del metal. El antimonio procesado en instalaciones mexicanas de USAC también forma parte de esa integración regional. El Plan de Minerales Críticos México-EUA firmado en febrero de 2026 formalizó esa interdependencia, pero la operación de USAC la venía ejecutando antes de que hubiera un documento bilateral que la nombrara.
La pregunta que queda abierta no es si USAC puede cumplir su contrato con la DLA. Con los hornos en marcha y la cadena boliviana reestablecida, la capacidad técnica está. La pregunta real es si la velocidad del proceso de inspección y autorización gubernamental permitirá que los volúmenes escalen al ritmo que el CEO prometió al mercado. El Pentágono tiene sus tiempos. USAC tiene los suyos. La intersección de ambos determinará cuánto de ese contrato de US$245 millones termina en el estado de resultados de 2026.

