El litio acumula casi dos años de precios deprimidos y ahora llega la factura: Canaccord Genuity advierte que el mercado global entrará en déficit estructural y que esa brecha se extenderá hasta 2035. No es una corrección de corto plazo. Es el resultado de un ciclo de desinversión que comenzó cuando el precio colapsó y que ahora amenaza con dejar a la industria de baterías sin suficiente material justo cuando la electrificación global acelera.
El colapso que nadie detuvo a tiempo
Entre 2022 y 2024, el precio del carbonato de litio cayó más del 80% desde sus máximos históricos. El detonador fue la sobreoferta china —productores de Sichuan y del altiplano andino que habían invertido a precios récord— combinada con una adopción de vehículos eléctricos que creció, pero no al ritmo que los modelos más optimistas habían proyectado. El resultado fue devastador para los márgenes: proyectos que eran rentables a 70,000 dólares por tonelada dejaron de serlo a 12,000.
La respuesta lógica del mercado fue pausar. Empresas como Albemarle recortaron presupuestos de expansión. SQM ralentizó el desarrollo de nuevas etapas en el Salar de Atacama. Proyectos en etapa de exploración en Argentina y Australia simplemente desaparecieron de los radares de inversión. Esa lógica era correcta desde la perspectiva de un balance corporativo. Desde la perspectiva del suministro global en 2028 o 2030, fue una bomba de tiempo.
Canaccord cuantifica ahora ese daño diferido. La falta de decisiones de inversión en 2023 y 2024 se traduce en ausencia de producción entre 2027 y 2035, porque los plazos de desarrollo en litio —desde exploración hasta primera producción— oscilan entre cuatro y ocho años dependiendo del tipo de yacimiento. Las salmueras son más rápidas; el litio de roca dura, más lento y más caro.
Por qué el déficit esta vez no se corrige con precio alto
El argumento convencional sería: si el mercado entra en déficit, el precio sube, y el precio alto trae nueva oferta. Esa corrección funciona en metales con ciclos de desarrollo cortos. En litio, no hay atajos. Un descubrimiento hoy en el Triángulo del Litio —Argentina, Bolivia, Chile— tarda años en convertirse en toneladas comercializables. Y las restricciones no son solo geológicas.
Argentina opera bajo el régimen RIGI hasta 2027, que ofrece estabilidad fiscal para grandes proyectos, pero los tiempos de ejecución siguen siendo largos. Chile enfrenta una reforma constitucional inconclusa y la presión de la Empresa Nacional del Litio, que busca mayor participación estatal en los contratos de Atacama y Maricunga. Bolivia tiene las reservas más grandes del mundo en el Salar de Uyuni pero lleva una década sin poder convertirlas en producción comercial a escala. La infraestructura, la logística y los conflictos institucionales siguen siendo obstáculos reales.
Australia —el mayor productor mundial de espodumena— tiene proyectos más ágiles en términos regulatorios, pero los costos de procesamiento son altos y la conversión a carbonato o hidróxido requiere refinerías que no se construyen de la noche a la mañana. La concentración del procesamiento en China sigue siendo un factor estructural: más del 60% de la conversión global ocurre allí, lo que da a Beijing una palanca sobre el precio final que ningún productor occidental puede ignorar.
La demanda que no espera
Mientras la oferta se contrae por desinversión, la demanda sigue su propia trayectoria. La Agencia Internacional de Energía proyecta que la flota global de vehículos eléctricos superará los 300 millones de unidades en 2030. Cada vehículo eléctrico de tamaño medio requiere entre 8 y 15 kilogramos de litio. Los sistemas de almacenamiento estacionario —baterías de red para energías renovables— añaden otra capa de demanda que en 2022 era marginal y hoy ya representa un porcentaje creciente del consumo total.
La demanda industrial de litio para baterías creció a tasas de dos dígitos durante tres años consecutivos. Incluso con la desaceleración en la adopción de vehículos eléctricos en algunos mercados occidentales durante 2024, el crecimiento neto fue positivo. Y China, que representa más del 60% del mercado global de EVs, no muestra señales de enfriamiento: sus ventas de vehículos nuevos en el segmento eléctrico siguieron aumentando.
La combinación es clara: oferta que tarda años en responder, demanda que crece cada trimestre. Canaccord no es la primera institución en señalar este desequilibrio, pero sí una de las primeras en extender el horizonte del déficit hasta 2035. Eso no es un ciclo. Es una reestructuración del mercado.
Implicaciones para los productores regionales y los inversionistas
Para los productores latinoamericanos, la perspectiva de un déficit prolongado debería traducirse en condiciones de precio mejores a partir de 2026 o 2027, cuando el mercado empiece a sentir la presión real de escasez. SQM y Albemarle en Chile, Livent y Allkem en Argentina, son los grandes beneficiarios directos si el análisis de Canaccord es correcto. Sus proyectos ya en producción capturarán ese precio premium sin necesidad de nueva inversión mayor.
Pero el escenario también abre una ventana para proyectos en desarrollo que hoy luchan por financiamiento. Si los inversionistas institucionales — fondos de pensiones, gestoras de activos con mandatos ESG, fondos de materiales críticos — empiezan a anticipar el déficit, los flujos hacia litio podrían regresar antes de que el precio spot lo indique claramente. El LME introdujo contratos de litio en 2021 precisamente para dar mayor transparencia a este mercado; su liquidez sigue siendo limitada, pero el referente existe.
Para México, la lectura es más compleja. El país tiene reservas estimadas de 243 millones de toneladas métricas según datos del USGS —las más grandes del mundo según algunas estimaciones—, pero la producción comercial es prácticamente inexistente. La ley que declaró el litio propiedad de la nación en 2022 y la creación de LitioMx generaron más incertidumbre que inversión. Si el mercado global entra en un déficit de casi una década, México tendrá una oportunidad histórica que sus propias restricciones institucionales pueden impedirle aprovechar.
Lo que los ejecutivos deben leer entre líneas
Un análisis de Canaccord es, también, una señal de mercado con consecuencias prácticas. Los bancos de inversión no publican proyecciones de déficit a diez años por ejercicio académico: lo hacen cuando están estructurando transacciones, asesorando adquisiciones o preparando colocaciones de deuda para proyectos que necesitan justificación de largo plazo. La proyección es, en parte, argumento de venta para proyectos que hoy tienen valuaciones deprimidas.
Eso no la invalida. Los fundamentos que describen son reales. Pero un director de operaciones en Jujuy o un analista en Toronto debería leerla con ese contexto: hay capital institucional que necesita una narrativa de recuperación para volver al sector, y esta proyección se la da. La pregunta no es si el déficit va a ocurrir —casi toda la evidencia apunta a que sí— sino cuándo se va a sentir con suficiente intensidad como para mover el precio de manera sostenida.
Los precios spot siguen por debajo de los costos de operación de muchos productores de roca dura. Eso no dura para siempre. Y cuando el mercado lo corrija, los que habrán apostado antes del giro serán los que capturen el ciclo completo.

