Aclara Resources acaba de cerrar la incertidumbre que mantiene en pausa a la mayoría de los proyectos de tierras raras en el mundo: ¿cuánto cuesta producirlos y durante cuánto tiempo? Su estudio de factibilidad para el proyecto Carina, en Brasil, responde con precisión quirúrgica. Dieciocho años de operación. Cuatro mil trescientas setenta y ocho toneladas anuales de óxidos de tierras raras. Y, lo que más importa para el mercado tecnológico global, producción confirmada de disprosio, terbio, neodimio y praseodimio —los cuatro elementos que determinan quién fabrica los motores de los vehículos eléctricos y quién depende de quien los fabrica.
- Carina no es un depósito de tierras raras livianas: esa es la diferencia que importa
- Lo que dice el estudio: dieciocho años con producción constante
- Brasil como jurisdicción: la variable que los modelos de riesgo subestiman
- La lectura desde Toronto: qué significa para el financiamiento del sector
- El pipeline de tierras raras y la pregunta que México aún no responde
Carina no es un depósito de tierras raras livianas: esa es la diferencia que importa
El mercado de tierras raras tiene una división que la mayoría de los comunicados corporativos suaviza deliberadamente: hay tierras raras livianas y hay tierras raras pesadas. Las livianas —como el cerio y el lantano— abundan, su precio es modesto y China las produce con costos que ningún proyecto occidental puede igualar. Las pesadas son otra historia. El disprosio y el terbio son los componentes críticos de los imanes de neodimio-hierro-boro que usa todo motor eléctrico de alto rendimiento. Sin ellos, los imanes pierden coercitividad a altas temperaturas. Sin ellos, los vehículos eléctricos no funcionan como se espera.
Carina produce ambas. Y la factibilidad publicada por Aclara confirma alta pureza —un detalle que no es menor, porque la pureza determina si el producto puede entrar directamente a la cadena de procesamiento de imanes permanentes o si requiere refinación adicional que encadena al productor a procesadores chinos. La autonomía de la cadena de suministro occidental empieza exactamente en ese punto.
Aclara cotiza en la TSX, la bolsa de Toronto, que concentra cerca del 40% de las mineras públicas del mundo. Que un proyecto de tierras raras pesadas llegue a factibilidad desde una plataforma canadiense es, en sí mismo, una señal de mercado. Toronto lleva años buscando proyectos de minerales críticos que puedan competir con la infraestructura de procesamiento que China construyó durante tres décadas sin competencia real.
Lo que dice el estudio: dieciocho años con producción constante
La vida de mina confirmada en la factibilidad es de 18 años. Para dimensionarlo: Las Chispas, de Coeur Mining en Sonora —adquirida por 1,700 millones de dólares en 2024— proyecta alrededor de 10 años de vida. Camino Rojo, de Orla Mining en Zacatecas, cotiza como un activo premium en parte porque tiene más de 20 años de vida confirmada. Dieciocho años de producción estable, en el lenguaje de los inversionistas institucionales, equivale a un perfil de flujo de caja que justifica deuda estructurada, royalties y participación de fondos soberanos.
La producción anual de 4,378 toneladas de óxidos de tierras raras es un número que hay que poner en contexto global. La producción mundial total de tierras raras en 2024 fue de aproximadamente 390,000 toneladas métricas de contenido de óxidos de tierras raras equivalentes, según estimaciones del USGS. China concentra cerca del 70% de esa producción. Australia, con Lynas Rare Earths, es el referente occidental más cercano. Un proyecto que produce 4,378 toneladas anuales de material de alta pureza —con componentes pesados— no mueve el mercado global, pero sí construye un eslabón que la cadena de suministro de defensa y automotriz occidental necesita con urgencia.
El mix de producción es lo que eleva la valoración de Carina por encima de un proyecto genérico de tierras raras. Neodimio y praseodimio tienen demanda establecida y precios estables. Disprosio y terbio son los elementos donde la dependencia de China es más aguda y donde cualquier fuente alternativa recibe prima inmediata. La IEA proyecta que la demanda de disprosio podría crecer hasta seis veces para 2040 bajo un escenario de transición energética acelerada. Carina entra en ese mercado en el momento exacto en que la presión geopolítica sobre la cadena de suministro alcanza su punto más alto desde la crisis de 2010, cuando China restringió exportaciones y disparó los precios 400% en 18 meses.
Brasil como jurisdicción: la variable que los modelos de riesgo subestiman
La factibilidad resuelve la parte técnica. La parte regulatoria y política es donde los proyectos de tierras raras suelen acumularse durante años. Brasil tiene una historia mixta en este frente. El marco regulatorio minero del país es más maduro que el de muchos de sus vecinos latinoamericanos —Colombia, Ecuador y Bolivia representan ejemplos de mayor riesgo jurisdiccional— pero no está exento de fricciones. Los permisos ambientales en Brasil para proyectos de procesamiento químico —que es lo que requiere la producción de óxidos de alta pureza— pueden consumir entre tres y cinco años dependiendo del estado y del ecosistema involucrado.
Aclara no opera en el vacío. Brasil es el cuarto mayor productor de tierras raras del mundo según el USGS, con reservas estimadas en 21 millones de toneladas —las segundas más grandes del planeta después de China. El gobierno de Lula da Silva ha señalado explícitamente que los minerales críticos son un eje estratégico de la política industrial brasileña. Eso abre puertas: acceso a financiamiento de desarrollo, posibilidad de esquemas de garantía soberana y mayor velocidad en permisos cuando el proyecto encaja con la narrativa de industrialización. Carina encaja.
El riesgo real no es regulatorio. Es de ejecución. Construir una planta hidrometalúrgica capaz de producir óxidos de alta pureza a escala industrial requiere ingeniería especializada, cadena de proveedores técnicos y personal que no abunda fuera de China, Australia y Francia. Aclara tendrá que resolver esa ecuación antes de que el proyecto llegue a la decisión de construcción.
La lectura desde Toronto: qué significa para el financiamiento del sector
Un estudio de factibilidad completado es el documento que abre la puerta al financiamiento de proyecto. Sin él, el capital institucional no se mueve. Con él, Aclara puede ir a los bancos de desarrollo —BID Invest, DEG, Export Development Canada— y a los fondos de pensiones que buscan exposición a minerales críticos sin asumir el riesgo de exploración. La conversación cambia de “¿esto funciona?” a “¿cuánto cuesta construirlo y quién pone el capital?”
El mercado de financiamiento para tierras raras pesadas fuera de China es escaso pero creciente. La Inflation Reduction Act en Estados Unidos creó incentivos fiscales para proyectos que procesen minerales críticos en jurisdicciones aliadas. Brasil califica bajo los criterios del Departamento de Estado norteamericano. Si Aclara navega bien los próximos doce meses —DFS auditada, estructura corporativa afinada, primeros acuerdos de off-take con procesadores de imanes en Europa o Japón— la compañía podría estar ante una ronda de financiamiento que defina su próxima fase de existencia.
El pipeline de tierras raras y la pregunta que México aún no responde
Mientras Carina avanza hacia la decisión de construcción, vale la pena hacer la pregunta que el sector mexicano evita sistemáticamente: ¿dónde está México en el mapa de minerales críticos no convencionales? El país tiene reservas de litio estimadas en 243 millones de toneladas —posiblemente las más grandes del mundo— bajo un modelo de explotación que mezcla empresa del Estado con inversión privada y que aún no ha producido una sola tonelada comercial. Tiene fluorita, celestita y wollastonita en volúmenes de primer nivel mundial. Pero en tierras raras, el inventario geológico publicado por el Servicio Geológico Mexicano es modesto y la exploración dirigida a ese sector es prácticamente inexistente.
Brasil no esperó a tener claridad política total para avanzar. Australia tampoco. Lynas construyó su posición como el único productor significativo de tierras raras fuera de China en un período de precios deprimidos, apostando a que la demanda estructural terminaría dando la razón a sus fundamentos. La dio. Carina, si llega a producción en los plazos que sugiere su factibilidad, se inscribe en esa misma lógica de posicionamiento anticipado.
Dieciocho años de disprosio y terbio de alta pureza producidos en Brasil, listados en Toronto y potencialmente financiados con capital norteamericano. El estudio de factibilidad de Aclara no es un hito burocrático —es el punto de partida de una cadena de decisiones que determinará si Carina se convierte en el activo de referencia en tierras raras pesadas del hemisferio occidental. Los próximos contratos de off-take dirán si alguien en la industria automotriz o de defensa ya lo leyó así.

