México llegó a PDAC 2026 con un mensaje político y económico muy definido. La minería sigue siendo una pieza estratégica para su industria, su comercio exterior y su relación con Norteamérica. El foro no fue menor. La convención se realizó en Toronto del 1 al 4 de marzo y reunió a más de 27 mil asistentes de más de 125 países, además de 1,300 expositores y 700 ponentes.
En ese contexto, la senadora Lorenia Valles aprovechó el escaparate internacional para colocar a México dentro de la conversación global sobre suministro de minerales, manufactura y transición energética. Su intervención se dio en el Mexico Mining Forum, un espacio paralelo a PDAC que reunió a directivos, inversionistas y autoridades para discutir digitalización, nuevos proyectos, permisos y estrategias ESG. Esa combinación explica por qué la presencia mexicana en Toronto tuvo más valor que una simple asistencia protocolaria.
La legisladora sostuvo que la minería aportó 2.77 por ciento al PIB nacional en 2024 y 8.7 por ciento al PIB industrial. Añadió que la llamada minería ampliada representó 4.7 por ciento del PIB. También subrayó que el sector ocupa el tercer lugar en captación de inversión extranjera directa y la sexta posición entre las fuentes de divisas del país. Son cifras que buscan enviar una señal de escala y relevancia económica ante un auditorio acostumbrado a medir riesgo, retorno y certidumbre regulatoria.
El énfasis en el empleo apuntó en la misma dirección. Valles habló de más de 416 mil empleos directos y de alrededor de 2.5 millones de indirectos. Esos números coinciden con datos de CAMIMEX, que reportó 416,663 empleos directos al cierre de 2024 y estimó cerca de 2.5 millones de puestos indirectos ligados a la actividad. En otras palabras, la defensa de la minería mexicana en PDAC no se planteó solo como un discurso productivo. También se presentó como una defensa de cadenas laborales y regionales que siguen teniendo peso nacional.
La nota política de fondo apareció cuando la senadora ligó a la minería con el T-MEC, la política arancelaria en Norteamérica y la creciente disputa por minerales críticos. Ese encuadre resulta lógico. Hoy el mercado ya no observa a la minería únicamente como una fuente de materias primas. La mira también como un asunto de seguridad industrial, integración regional y control de insumos para manufactura avanzada. Por eso, cada intervención mexicana en PDAC funciona como una carta de presentación frente a fondos, proveedores y empresas que evalúan dónde colocar capital en los próximos años.
Dentro de ese mensaje, Sonora ocupó un lugar central. Valles afirmó que el estado concentra 33.8 por ciento de la producción minera nacional y lo presentó como el corazón minero del país. La declaración tiene una clara intención política y económica. Sonora se ha convertido en la vitrina más visible para conectar minería, energía y manufactura, sobre todo por su peso en cobre y por su cercanía con los polos industriales del norte. En Toronto, esa narrativa buscó colocar al estado como puerta de entrada para nuevas decisiones de inversión.
El argumento mexicano gana fuerza cuando se observa la utilidad industrial de varios minerales que el país produce. La Secretaría de Economía señala que México se mantiene como principal productor global de plata y se ubica entre los primeros lugares en varios minerales metálicos. A la vez, CAMIMEX destaca que la plata se concentra en cadenas ligadas a metales no ferrosos y equipos eléctricos, mientras el cobre resulta clave para energías renovables, tecnologías digitales y movilidad eléctrica. Dicho de forma directa, el sector tiene cómo insertarse en los eslabones que hoy definen la nueva manufactura.
Ese punto importa más de lo que a veces se reconoce en el debate público. La discusión minera en México suele quedarse atrapada entre permisos, conflicto social y ruido político. Todo eso importa, desde luego, pero no agota la historia. Cuando PDAC y el Mexico Mining Forum ponen sobre la mesa la reorganización de cadenas de suministro, el debate cambia de escala. Ya no se trata solo de extraer mineral. Se trata de decidir si México quiere capturar una parte mayor del valor industrial asociado a la plata, el cobre, el grafito y otros insumos estratégicos.
Ahora bien, ningún mensaje para inversionistas resulta suficiente sin credenciales de responsabilidad. Ese es el otro frente que la industria debe cuidar si quiere convertir presencia internacional en proyectos viables. CAMIMEX sostiene que la minería es una de las actividades más reguladas del país y que opera bajo un entramado de más de 27 leyes, reglamentos y normas aplicables. También insiste en que la sostenibilidad ya no es una opción, sino una condición de permanencia. Ese marco no elimina los conflictos, pero sí marca el terreno donde México necesita demostrar resultados y no solo intenciones.
La agenda del propio foro confirma qué espera el mercado. El Mexico Mining Forum 2026 PDAC se anunció como un espacio para discutir digitalización, oportunidades de inversión, procesos de permisos y nuevas estrategias ESG. No es casual. Esos temas concentran hoy buena parte de las decisiones corporativas. Un país con recursos geológicos relevantes puede perder atractivo si tarda demasiado en permisos, si no ordena su relación con comunidades o si no ofrece claridad regulatoria. México llegó a Toronto con buenos argumentos geológicos. El reto real consiste en respaldarlos con ejecución institucional.
También conviene leer la participación mexicana desde una lógica regional. PDAC no solo reúne a mineras. Reúne a gobiernos, bancos, proveedores tecnológicos, firmas legales y especialistas en financiamiento. Por eso, cada aparición nacional allí tiene una dimensión diplomática y comercial. Cuando Valles insiste en que la minería mexicana resulta indispensable para las cadenas regionales, intenta mover la conversación desde la extracción hacia la integración productiva. Ese giro es acertado, porque Norteamérica necesitará más minerales, pero también más refinación, más trazabilidad y más capacidad industrial cercana.
En términos editoriales, la señal que México llevó a PDAC 2026 fue correcta. Defendió el tamaño económico del sector, recordó su peso laboral y conectó a la minería con la transición energética y la manufactura regional. El problema empieza después del micrófono. El mercado escuchará el discurso, pero decidirá con base en permisos, estado de derecho, diálogo territorial y capacidad de transformar minerales en más valor dentro del país. Ahí se jugará la diferencia entre una presencia destacada en Toronto y una verdadera estrategia minera nacional.

