Korea Zinc abrió conversaciones con tecnológicas de Estados Unidos para reciclar residuos de centros de datos y recuperar tierras raras. Reuters reveló la negociación el 12 de marzo. La empresa no busca solo un nuevo negocio. Busca entrar a un cuello de botella industrial que hoy pesa en semiconductores, defensa, energía y movilidad eléctrica.
Yun B. Choi, presidente de la firma, dijo que Korea Zinc también quiere captar residuos de baterías y paneles solares. Esos flujos contienen metales y tierras raras usados en electrónica, vehículos eléctricos y sistemas energéticos. La compañía guardó reserva sobre los nombres de sus interlocutores y sobre el monto de inversión. Pero afirmó que investiga tecnologías de extracción desde hace dos años.
Estados Unidos necesita esa nueva fuente por una razón elemental. Reuters recuerda que el país cuenta con una sola mina de tierras raras y depende de China como proveedor dominante. China concentra cerca de 90% de la producción mundial, de acuerdo con la misma cobertura. Cuando Pekín restringe exportaciones, el golpe no cae solo sobre mineras y refinadoras. También alcanza a fabricantes de imanes, chips, equipo militar y sistemas energéticos.
El contexto explica la urgencia. Choi ubicó un cambio de ambiente en abril de 2025, cuando China aplicó controles de exportación sobre tierras raras. Después, Washington aceleró su respuesta. En diciembre, el Departamento de Energía de Estados Unidos abrió una convocatoria de hasta 134 millones de dólares. El programa busca recuperar y refinar tierras raras desde relaves, chatarra electrónica y otros residuos.
Choi planteó otro punto delicado. Según explicó, una parte relevante de los minerales críticos contenidos en residuos termina en China después de pasar por terceros países. Ese dato refuerza una discusión vieja, pero ahora más urgente. No basta con recolectar chatarra. Hace falta retenerla, procesarla y convertirla en insumo industrial dentro del mismo bloque económico.
Korea Zinc no parte de cero. La empresa ya compró una recicladora de residuos electrónicos y una comercializadora de chatarra, y además selló alianzas con especialistas en separación mineral. En Estados Unidos, desarrolla un proyecto metalúrgico de gran escala en Tennessee. Ese complejo contempla 6.6 mil millones de dólares en gasto de capital y 7.4 mil millones en inversión total, con apoyo público estadounidense.
Las fuentes oficiales indican que la planta de Tennessee produciría 540 mil toneladas anuales de 13 metales y minerales no ferrosos. Once de esos materiales figuran como críticos para Estados Unidos. El plan incluye operaciones escalonadas desde 2029, según Korea Zinc y NIST. Reuters, por su parte, señala que la construcción arrancaría en 2027 y que el proyecto alcanzaría equilibrio en 2030.
La jugada gana todavía más sentido por la base industrial que Korea Zinc busca consolidar. Nyrstar informó en diciembre que acordó vender a la firma surcoreana sus complejos mineros de East Tennessee y Mid Tennessee, además del fundidor de Clarksville. Ese activo no es cualquiera. Nyrstar lo describe como el único fundidor primario de zinc en Estados Unidos y una pieza clave de la cadena doméstica desde la mina hasta el metal.
A esa estructura se suma la plataforma de reciclaje que la empresa ya armó en el mercado estadounidense. Recycling Today reportó que Korea Zinc controla a PedalPoint Technologies, antes Igneo, en Nueva York, y a Kataman Metals, en San Luis. Esa red acerca a la firma a la chatarra electrónica y al comercio de metales secundarios. Sumada a Tennessee, la ecuación empieza a parecer una cadena integrada y no una apuesta aislada.
La apuesta por reciclar residuos de centros de datos también responde a una realidad material. El mundo generó 62 millones de toneladas de basura electrónica en 2022. Solo 22.3% entró a sistemas documentados de recolección y reciclaje. Peor aún, el reciclaje de residuos electrónicos cubre apenas 1% de la demanda de tierras raras. En otras palabras, el volumen existe, pero la recuperación sigue muy rezagada.
Ahí aparece la dificultad técnica y el valor real del anuncio. Naciones Unidas estima que el potencial global de reciclaje sigue por debajo de 5% para tierras raras, litio y cobalto con la tecnología actual. Esa cifra no invalida el negocio. Al contrario, muestra que quien logre escalar procesos eficientes puede capturar un mercado escaso y estratégico. Por eso el interés de Korea Zinc merece atención más allá del titular.
El negocio, además, no se limita a extraer un concentrado. Choi dijo que la meta consiste en extraer, refinar y suministrar nuevas tierras raras dentro de Estados Unidos. Ese matiz importa mucho. En minerales críticos, el cuello de botella suele aparecer en la separación química, la purificación y la entrega con especificaciones industriales. Ahí se capturan los mejores márgenes y una parte relevante del poder de mercado.
También pesa el incentivo financiero. Korea Zinc reportó en 2025 una ganancia operativa récord de 1.2 billones de wones. El alza del antimonio explicó buena parte de ese resultado. Reuters señaló que el precio promedio de ese metal subió a 25 dólares por libra en 2025, más del doble frente a 2024. La empresa espera márgenes de 17% a 19% en su nuevo complejo estadounidense.
El componente ambiental existe, pero aquí no funciona como adorno. UNITAR calculó que la gestión formal de residuos electrónicos evitó en 2022 unas 93 millones de toneladas de emisiones equivalentes de CO2. También evitó extraer 900 millones de toneladas de mineral primario. La AIE añade que reforzar el reciclaje de minerales críticos puede recortar cerca de 30% las necesidades de inversión minera hacia 2040. La economía circular, vista así, no compite con la industria pesada. La vuelve más eficiente.
Eso conviene subrayarlo en un debate que suele polarizarse sin necesidad. El reciclaje no sustituye a la minería. La escala del mercado y la baja tasa actual de recuperación impiden esa conclusión. Lo que sí hace es sumar oferta, reducir desperdicio y aprovechar mejor materiales que ya salieron de una mina. Una cadena robusta necesita extracción, fundición, refinación y reciclaje trabajando en la misma dirección.
Para América del Norte, el movimiento tiene implicaciones inmediatas. NIST vincula el proyecto de Tennessee con semiconductores, inteligencia artificial, computación cuántica, defensa, automotriz e industria. Para México y el resto de América Latina, la señal también resulta clara. El mercado ya no premia solo la geología. Premia la capacidad de cerrar cadenas, certificar origen y entregar insumos listos para manufactura avanzada. Ahí se jugará una parte creciente del valor minero e industrial de la región.
Por ahora, Korea Zinc aún negocia y no ha revelado socios. Sin embargo, la noticia ya muestra un cambio de escala en el negocio de los minerales críticos. Los centros de datos dejaron de ser solo infraestructura digital. También empiezan a verse como reservas urbanas de insumos estratégicos. Quien domine esa recuperación ganará peso industrial, poder de negociación y acceso a mercados de alto valor.

