La reanudación parcial de vuelos desde Dubái devolvió algo de oxígeno al mercado físico del oro. El alivio, sin embargo, todavía luce limitado. Este viernes 13 de marzo de 2026, fuentes consultadas por Reuters confirmaron que parte de los embarques de bullion volvió a salir del emirato, después de casi dos semanas de severas interrupciones por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán.
El dato importa mucho más de lo que sugiere un simple ajuste logístico. Dubái opera como uno de los grandes nodos mundiales del comercio de oro físico. Desde ahí se abastecen mercados clave como India, Suiza y Hong Kong. Además, el ecosistema comercial del emirato reúne a traders, refinerías, joyeros y operadores financieros, lo que convierte cualquier interrupción aérea en un choque con efectos inmediatos sobre precios, primas y tiempos de entrega.
El conflicto regional golpeó ese engranaje desde el 28 de febrero. Los ataques y la respuesta iraní alteraron el espacio aéreo de varios países de Medio Oriente. Las cancelaciones frenaron miles de vuelos y expusieron la dependencia del comercio global de unos cuantos hubs. Dubái quedó en el centro de ese problema, no solo por su volumen aéreo, sino por su papel en cadenas de valor de alto precio.
En el caso del oro, la aviación no representa un lujo. Representa una necesidad operativa. El metal concentra mucho valor en poco peso, así que los operadores privilegian el avión por seguridad, tiempos y cobertura de seguros. Cuando esa vía se reduce, suben de inmediato el costo del seguro, el transporte terrestre complementario y la complejidad de custodiar la carga durante más tiempo. Reuters reportó que el tráfico de vuelos en Dubái seguía en apenas 37% de su nivel habitual al cierre del jueves.
La reapertura tampoco dibuja una normalización plena. Desde el 2 de marzo, algunas aerolíneas del Golfo retomaron operaciones de manera muy acotada, en varios casos para repatriar pasajeros o cubrir rutas esenciales. En los días posteriores, otras compañías añadieron vuelos excepcionales o calendarios limitados. Ese regreso gradual abrió una ventana para que parte del oro físico volviera a moverse, pero dejó intacto el cuello de botella central: la capacidad aérea sigue lejos de su ritmo normal.
India siente ese ajuste con claridad. El país figura entre los mayores consumidores mundiales de oro, pero la demanda inmediata no reaccionó con fuerza. De hecho, el metal en Dubái cotiza con descuento frente a Londres, una señal de que la oferta atrapada localmente pesa más que el apetito comprador. Reuters informó esta semana que ese descuento osciló entre 10 y 30 dólares por onza, en un mercado delgado e inestable.
Ese diferencial puede sonar atractivo para el comprador final, pero no resuelve el problema de fondo. El mercado físico necesita rutas confiables, costos previsibles y tiempos estables para funcionar con eficiencia. Si faltan vuelos, la mercancía puede valer menos en un punto y seguir escasa o cara en otro. Esa distorsión explica por qué India recibe algo de alivio en abastecimiento, mientras los operadores todavía describen una demanda débil y esperan al menos dos semanas más de cautela.
A esa debilidad coyuntural se suma un telón de fondo menos favorable para el consumo indio en 2026. El World Gold Council ya había advertido, a finales de enero, que la demanda total del país podría caer este año por el golpe de los altos precios sobre la joyería. Reuters detalló entonces que la demanda india podría bajar a entre 600 y 700 toneladas, después de un 2025 marcado por una fuerte contracción en las compras de joyería. Eso ayuda a entender por qué la reapertura parcial de Dubái no desató una ola inmediata de órdenes.
La disrupción tampoco se limita al bullion. India ya reportó afectaciones en exportaciones de joyería y en importaciones de diamantes por las cancelaciones de vuelos entre el Golfo y Asia del Sur. Ese dato importa porque muestra una verdad incómoda para toda la industria de metales y minerales: la extracción y la refinación solo cierran el ciclo cuando la logística funciona. Puedes tener oferta, compradores y precio. Sin corredores estables, el mercado pierde profundidad y eficiencia.
Aquí conviene detenerse en una idea que a menudo pasa desapercibida. Esta crisis no revela una falta de oro. Revela una fragilidad en la infraestructura que conecta el metal con los centros de consumo, refinación y resguardo. El análisis apunta a que el mayor daño no se origina en la disponibilidad del mineral, sino en la interrupción de los canales formales que garantizan trazabilidad, custodia y entrega oportuna. Para el sector minero y para la cadena de metales preciosos, esa distinción resulta clave.
También deja una lectura positiva, dentro de un contexto claramente adverso. Los flujos no colapsaron por completo y ya muestran capacidad de reactivación parcial. Eso habla de una red comercial robusta, con actores que ajustan rutas, seguros y calendarios para sostener el abastecimiento. En mercados tan sensibles como el del oro, la existencia de hubs formales como Dubái ayuda a contener el desorden y a preservar cierta continuidad operativa, incluso bajo tensión geopolítica extrema.
El entorno global tampoco ayuda a bajar la presión. Reuters reportó hoy que las tarifas de carga aérea se dispararon hasta 70% en algunas rutas por el cierre de corredores, el alza del combustible y los desvíos de aeronaves. En paralelo, el propio precio internacional del oro retrocedió en la semana por la fortaleza del dólar y por la expectativa de tasas altas en Estados Unidos. Esa combinación genera una escena singular: un metal que conserva valor estratégico, pero que enfrenta fricciones logísticas y una demanda física más selectiva.
Suiza y Hong Kong, aunque aparecen menos en la conversación pública, también miran de cerca este ajuste. Suiza cumple un rol central en refinación y redistribución global. Hong Kong conecta con buena parte de la demanda asiática. Cuando Dubái opera con restricciones, esos destinos reciben menos metal, más tarde o a un costo superior. El problema, por tanto, no se agota en India. Abarca una red que sostiene buena parte del comercio físico del oro fuera de los mercados puramente financieros.
Por ahora, el mercado puede respirar, pero no relajarse. La reapertura parcial de vuelos desde Dubái marca un avance tangible frente al parón de los primeros días del conflicto. Aun así, nadie serio debería confundir ese paso con una vuelta a la normalidad. Mientras la guerra siga alterando el espacio aéreo y encareciendo la logística, el oro físico continuará moviéndose con freno, descuentos locales y costos extra. En otras palabras, el flujo volvió, pero la normalidad todavía no aterriza.

