Codelco cerró 2025 con una utilidad antes de impuestos de US$4,850 millones y mostró una mejora productiva moderada, aunque todavía opera bajo presión. La estatal chilena reportó un EBITDA de US$6,670 millones y una producción propia de 1.334.445 toneladas métricas finas. Esa cifra superó en apenas 0,5% el volumen de 2024. El dato describe con claridad el momento de la compañía. Hay mejores ingresos y más caja, pero persisten costos más altos, faenas desiguales y el impacto todavía visible del accidente fatal en El Teniente.
La comparación anual deja un mensaje doble. Por un lado, Codelco logró salir del piso productivo que marcó entre 2023 y 2024. Por otro, el avance sigue siendo estrecho para una minera que necesita recuperar escala después de varios años de desgaste operacional. En 2024, la empresa produjo 1.328.425 toneladas de cobre propio. En 2025, sumó unas 6.000 toneladas adicionales. La mejora no luce espectacular, pero sí confirma que la compañía evitó una nueva caída. En una industria donde la ley del mineral baja, los proyectos se atrasan y cada interrupción pesa, frenar el deterioro ya representa una señal relevante.
Los resultados también muestran que la recuperación no llegó de manera uniforme. Ministro Hales destacó con un alza de 25,1% y cerró el año en 153 mil toneladas. Radomiro Tomic aumentó 9,2% y alcanzó 295 mil toneladas, apoyada por un mayor envío de sulfuros a la concentradora de Chuquicamata. Salvador, impulsada por Rajo Inca, aportó 47 mil toneladas. Andina mantuvo prácticamente su nivel. Del otro lado, El Teniente cayó 13% y quedó en 310 mil toneladas. Chuquicamata retrocedió 8% y Gabriela Mistral bajó 20,3%. Ese contraste explica por qué Codelco mejoró, pero todavía no despega con la fuerza que el mercado esperaba.
El punto más delicado siguió en la continuidad operacional. El accidente fatal en El Teniente alteró ritmos de extracción, alimentación de mineral y procesos industriales. Esa división pesa demasiado dentro del portafolio de Codelco como para absorber el golpe sin costo. La empresa también enfrentó menores leyes de mineral en algunas faenas y presiones sobre la confiabilidad de equipos. Nada de eso desaparece de un ejercicio a otro. Por eso conviene leer el avance de 2025 con prudencia. La estatal resistió un entorno complejo y cerró en terreno positivo, pero aún no demuestra una normalización plena de sus activos más sensibles.
Los costos confirman esa lectura. El costo directo, conocido como C1, subió 4,8% y llegó a 208,6 centavos de dólar por libra. El costo neto a cátodo, o C3, escaló 13,55% hasta 372,9 centavos por libra. Codelco atribuyó ese aumento a servicios de apoyo a la producción, arriendo de equipos para recuperar desarrollo minero, inflación y mayor actividad en Rajo Inca y Radomiro Tomic. La diferencia cambiaria sobre pasivos en pesos también golpeó. Es decir, la empresa vendió más valor, pero tuvo que pagar más para sostener y recomponer su operación. En términos estrictamente industriales, el año dejó una mejora de resultados, no una victoria holgada.
Aquí aparece otro matiz que vale la pena separar. La utilidad consolidada final fue de US$2,423 millones, muy por encima de 2024. Sin embargo, esa cifra recibió un impulso extraordinario por el reconocimiento del valor razonable de la adquisición del 50% más una acción de Novandino Litio, la sociedad conjunta con
SQM en el Salar de Atacama. Ese efecto aportó US$2,035 millones después de impuestos. Si se excluye esa utilidad excepcional, Codelco ganó US$388 millones, que de todos modos superan en 58% el resultado comparable de 2024. El dato clave, entonces, no es solo que la minera ganó más. El dato más útil es que mejoró su negocio del cobre, aunque parte del salto contable vino del litio.
Eso no vuelve menor el avance. Al contrario, muestra que la empresa empezó a combinar dos frentes que pueden reforzar su posición. El primero sigue siendo el cobre, que sostiene su rol como columna vertebral de la minería chilena. El segundo es el litio, donde Codelco ya dejó de moverse como simple observador. Para Chile, esa combinación importa mucho. El aporte al Fisco subió 16% y llegó a US$1,778 millones. En otras palabras, la mejora financiera no se quedó solo en el balance corporativo. También reforzó ingresos públicos en un país donde la minería sigue cargando buena parte de la recaudación y de la conversación económica.
La otra noticia de fondo está en la inversión. Codelco cerró 2025 con un capex récord de US$5,073 millones, el mayor despliegue anual de su historia. Además, su cartera de proyectos avanzó 98% en términos físicos y financieros frente a lo presupuestado. Rajo Inca llegó a 94% de avance. Andes Norte reanudó obras y alcanzó 81%. Chuquicamata Subterránea completó trabajos clave para asegurar continuidad y reducir polvo en áreas críticas. En minería, estas cifras no son un detalle administrativo. Son la base que permite extender vida útil, sostener empleo, preservar producción futura y evitar que el declive geológico se convierta en declive empresarial. Ahí está una de las mejores noticias del reporte.
Aun así, el mercado no compró sin reservas el cierre del año. Reuters reportó este mes dudas sobre el fuerte salto productivo de diciembre y sobre la debilidad observada en enero de 2026. Ese escepticismo no nace de la nada. Codelco viene de una década donde la discusión sobre sus metas casi siempre termina frente al mismo muro: proyectos complejos, mineral más pobre y operaciones que tardan más de lo previsto en estabilizarse. Por eso la guía de 2026 merece atención especial. La empresa estimó una producción propia de entre 1.331 y 1.357 millones de toneladas finas. El rango sugiere estabilidad con un sesgo de mejora, no un despegue inmediato.
En ese contexto, la asociación con Anglo American para el distrito Andina-Los Bronces adquiere un peso estratégico. La autoridad antimonopolio de Chile ya aprobó el plan minero conjunto. Codelco calcula que esa integración podría sumar cerca de 120 mil toneladas anuales promedio entre 2030 y 2051 y crear más de US$5,000 millones en valor. El dato resulta relevante porque muestra una ruta distinta para crecer. No todo depende de abrir una mina nueva o de exigir más a yacimientos maduros. También se puede generar valor con coordinación, infraestructura compartida y mejor uso de activos ya existentes. Esa lógica, bien ejecutada, puede darle aire a la gran minería chilena en los próximos años.
La lectura final del reporte es sobria, pero favorable. Codelco no presentó un año perfecto ni una recuperación incuestionable. Presentó algo más útil: una señal de resistencia operativa y de reconstrucción financiera. Mejoró su EBITDA, elevó su aporte fiscal, sostuvo la producción en un entorno duro y empujó proyectos que no admiten más retrasos. También dejó claro que todavía carga riesgos serios. La pregunta ya no es si la estatal puede mostrar un buen cierre anual. La pregunta es si podrá repetirlo sin apoyarse en factores extraordinarios y con sus divisiones críticas operando con mayor regularidad. Ese examen apenas comienza, pero 2025 al menos le devolvió margen de maniobra.

