Chile y Estados Unidos abrieron este 12 de marzo una nueva fase de cooperación en minerales críticos y tierras raras. Ambos gobiernos firmaron en Santiago una declaración conjunta para iniciar consultas técnicas. La primera reunión se celebrará dentro de los próximos 15 días. El documento lo firmaron el canciller chileno, Francisco Pérez Mackenna, y el vicesecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, en presencia del presidente José Antonio Kast. La señal política llegó en el arranque del nuevo gobierno chileno y colocó a la minería en el centro de la agenda bilateral desde el primer día.
El contenido del acuerdo merece atención porque no se queda en una fórmula diplomática vacía. La Cancillería chilena detalló una agenda concreta. Las consultas buscarán fortalecer cadenas de suministro, identificar proyectos de interés, gestionar chatarra para reciclaje y explorar mecanismos de financiamiento público y privado. Además, el mecanismo pretende institucionalizarse. Ese punto cambia la lectura del anuncio. Ya no se trata solo de una foto entre autoridades, sino de una mesa de trabajo con objetivos definidos y vocación de continuidad.
El movimiento encaja con una estrategia más amplia de Washington. El 2 de febrero, la administración de Donald Trump anunció Project Vault, una reserva de minerales críticos respaldada por US$10 mil millones del Exim Bank y US$2 mil millones privados. Dos días después, JD Vance presentó un bloque comercial preferencial para minerales críticos ante representantes de 55 países. El mensaje de fondo es claro. Estados Unidos quiere reducir su exposición a cadenas que hoy siguen muy concentradas y que resultan esenciales para semiconductores, defensa, vehículos eléctricos y electrónica.
La presión geopolítica se siente con más fuerza en las tierras raras. Reuters reportó la semana pasada que China controla más de 90% de esos metales y que varios socios del G7 ya buscan esquemas alternativos de suministro. Esa disputa ayuda a explicar por qué Chile gana valor estratégico para Washington. El país sudamericano no domina el procesamiento global, pero sí ofrece base minera, institucionalidad y capacidad para convertirse en un ancla regional de abastecimiento. En tiempos de cadenas tensas, esos atributos pesan tanto como la geología.
Chile, además, no llega a esta conversación como actor secundario. Reuters lo ubica como el mayor productor mundial de cobre y el segundo de litio. La USGS también señala que Chile es el segundo productor global de litio, apoyado en salmueras. Cochilco proyecta que la producción chilena de cobre alcanzará un máximo de 6,06 millones de toneladas en 2033. El mismo organismo elevó a US$4,95 por libra su precio promedio estimado del cobre para 2026. Con esa combinación de reservas, escala y mercado, cualquier acuerdo sobre minerales críticos adquiere una dimensión real.
El valor de la relación bilateral tampoco nace hoy. La declaración chilena recuerda el Tratado de Libre Comercio de 2003 como parte del marco que sostiene esta cooperación. Ese dato importa porque baja fricción, ofrece previsibilidad jurídica y facilita la conversación entre diplomacia e inversión. En el terreno ya operan o planean operar firmas estadounidenses con intereses claros en litio. Albemarle produce en Atacama desde hace décadas y EnergyX proyecta una planta de US$1.100 millones en Chile, con entrada prevista para 2028 y una meta final de 50.000 toneladas anuales.
El contexto de mercado refuerza la oportunidad. La Agencia Internacional de Energía advierte que el cobre y el litio son las grandes excepciones en el balance esperado de oferta. Con los proyectos hoy anunciados a escala global, la oferta minera implícita quedaría corta frente a la demanda de 2035. La brecha alcanzaría 30% en cobre y 40% en litio en el escenario de políticas vigentes. Dicho sin rodeos, el mundo necesita nuevas minas, mejor reciclaje y más capital. También necesita socios capaces de mover proyectos complejos sin perder competitividad.
Ahí aparece uno de los ángulos más favorables para la minería. Si Chile y Estados Unidos logran ordenar financiamiento, exploración, reciclaje y priorización de proyectos, el sector puede ganar algo más valioso que un titular. Puede ganar profundidad industrial. Eso abre espacio para más inversión, empleos técnicos y servicios de mayor valor. La propia IEA subraya que el reciclaje puede recortar la necesidad de nueva minería entre 5% y 30% hacia 2040, según el mineral. Chile tiene la oportunidad de unir extracción, recuperación de materiales y encadenamientos productivos con mayor densidad tecnológica.
Conviene, sin embargo, mantener la proporción. Una declaración conjunta no destraba por sí sola los nudos de ejecución. El reto verdadero empieza cuando los gobiernos deben convertir prioridades en proyectos, plazos, permisos, infraestructura y dinero. La ventaja de Chile está en su escala y su experiencia. La exigencia está en acelerar decisiones sin deteriorar estándares. Si esa ecuación sale bien, la cooperación con Estados Unidos puede reforzar la oferta regional de minerales críticos y mejorar la posición chilena en la cadena de valor. Si sale mal, el acuerdo quedará reducido a una promesa diplomática bien presentada.
Chile tampoco parte de cero en su estrategia del litio. En abril de 2025, la Fiscalía Nacional Económica aprobó la alianza entre Codelco y SQM para desarrollar una sociedad conjunta en el Salar de Atacama. En diciembre, ambas empresas formalizaron NovaAndino Litio, con continuidad operacional y proyección de largo plazo. Ese antecedente muestra una tendencia nítida. Santiago ya venía combinando Estado, privados y escala exportadora para fortalecer su posición en minerales estratégicos. El diálogo con Washington agrega ahora una capa internacional, financiera y geopolítica a esa misma construcción.
Por eso esta noticia merece una lectura sobria. Chile gana espacio en la diplomacia industrial de Norteamérica. Estados Unidos gana un socio minero confiable en el Cono Sur. Y la minería gana una ventana para demostrar que puede aportar seguridad de suministro, inversión y empleo en sectores decisivos para la economía actual. El examen llegará rápido. En los próximos 15 días deberá verse si las consultas producen una hoja de ruta concreta. Ahí se sabrá si este paso abrió un ciclo nuevo o solo ordenó una conversación que el mercado ya no acepta postergar.

