El presidente del consejo de BHP, Ross McEwan, aseguró que la minera ve un impacto de negocios limitado, por ahora, ante la crisis entre Estados Unidos e Irán. El directivo sostuvo que la compañía concentra prácticamente toda su colocación en Asia, donde el comercio mantiene sus rutas abiertas.
McEwan habló en el marco del Australian Financial Review Business Summit, en un momento en que los mercados miden el alcance de la escalada militar en Medio Oriente. En su mensaje, el ejecutivo insistió en que BHP evalúa escenarios y ajusta su respuesta operativa cuando el entorno cambia.
La idea central que transmitió el presidente del consejo apunta a la geografía de su negocio. Aproximadamente 95% de la producción minera de BHP termina en Asia, según explicó. Esa composición reduce el golpe inmediato de una disrupción focalizada en ciertos pasos del Medio Oriente.
El comentario llega mientras el conflicto ya afecta el tráfico marítimo global y eleva el costo de mover energía y carga. Reuters reportó buques varados, daños y desvíos, además de un salto en precios de petróleo y gas por el temor a una interrupción prolongada.
El punto crítico para el comercio mundial se concentra en el Estrecho de Ormuz, un cuello de botella que conecta el Golfo Pérsico con el resto de las rutas oceánicas. La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estimó que por ahí transitó en 2024 más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo. La EIA también ubicó cerca de una quinta parte del comercio global de GNL en ese mismo paso.
En los últimos días, el mercado dejó de discutir solo el precio del barril y se concentró en el costo de llevarlo a destino. Reuters informó que los fletes de crudo hacia Asia tocaron máximos de varios años en medio del riesgo de guerra y del encarecimiento de seguros. En paralelo, la propia industria alertó sobre interferencias en señales de navegación y mayores primas por “riesgo de guerra”.
Ese entorno importa para una minera incluso cuando su mineral no cruza Ormuz. El combustible encarece el transporte interno, la operación de flotas y la logística portuaria. También presiona cadenas de suministro que dependen de contenedores, refacciones y químicos industriales.
Reuters añadió otra capa de presión al reportar cancelaciones o restricciones en coberturas de riesgo para embarcaciones, un movimiento que suele trasladarse a tarifas. El resultado tiende a aparecer en forma de recargos, desvíos y más días de tránsito.
BHP, sin embargo, parte de una ventaja estructural: su gran “autopista” comercial pasa por el Pacífico y el Índico sin necesidad de cruzar el Golfo. Sus principales flujos, como el hierro desde Australia Occidental hacia el noreste asiático, operan con rutas consolidadas. El cobre y otros concentrados desde América suelen salir por el Pacífico con destino similar.
Aun así, la compañía no queda aislada del todo. El mercado del mineral de hierro depende de China y de la actividad industrial asiática, y los shocks energéticos se cuelan por costos e inflación. Si el petróleo se mantiene alto, muchas industrias recortan márgenes y posponen inversiones, y eso termina por enfriar pedidos de materias primas.
En ese tablero, el presidente del consejo también buscó enviar una señal a inversionistas sobre el crecimiento. McEwan afirmó que BHP ve oportunidades importantes en Argentina, Canadá y Australia. El mensaje refuerza que la empresa no planea operar a la defensiva, incluso con tensión geopolítica.
Argentina aparece como un caso emblemático por el cobre. Reuters reportó que Vicuña Corp., empresa conjunta entre BHP y Lundin Mining, evalúa elevar su inversión en 2026 y acelerar trabajos en Filo del Sol y Josemaría, proyectos ubicados en la frontera argentino-chilena. La agencia describió un potencial de clase mundial en cobre, además de oro y plata asociados.
Ese movimiento encaja con la necesidad de ampliar oferta de cobre, metal clave para redes eléctricas, movilidad y digitalización. También encaja con el esfuerzo de Argentina por atraer capital con esquemas de incentivos a grandes inversiones. La apuesta, eso sí, exige infraestructura, permisos y acuerdos sociales en alta montaña, con costos que no perdonan improvisación.
Canadá completa el triángulo de crecimiento con la potasa. BHP presenta el proyecto Jansen, en Saskatchewan, como su puerta de entrada a un fertilizante estratégico para la seguridad alimentaria. En su propia información corporativa, la empresa destacó una inversión de gran escala y el carácter central de Jansen en su ambición de largo plazo.
El mercado, sin embargo, mira con lupa los sobrecostos y los calendarios. El Financial Times reportó que Jansen enfrentó incrementos de capital y ajustes en fechas, un recordatorio de que los proyectos “greenfield” castigan cuando inflación y diseño se combinan.
En Australia, BHP preserva su columna vertebral: el mineral de hierro. Reuters informó que la compañía y Rio Tinto acordaron colaborar en la región de Pilbara para extraer y procesar mineral desde yacimientos adyacentes, con el objetivo de extender vida de minas y capturar eficiencias. Esa coordinación ilustra por qué BHP insiste en mantener escala y disciplina operativa.
La referencia de McEwan a posibles adquisiciones también tiene contexto. En noviembre de 2025, Reuters informó que BHP se retiró de su acercamiento por Anglo American y afirmó que su propio plan de crecimiento resultaba convincente. Hoy, su postura suena más selectiva: buscaría oportunidades, pero solo si crean valor para accionistas.
Aquí vale una lectura empresarial del momento. La crisis con Irán funciona como prueba de estrés para cadenas logísticas, seguros y energía. BHP puede sortear el golpe inmediato por su orientación asiática y por rutas que no dependen del Golfo. Pero la segunda ronda del impacto suele llegar por precios, fletes y confianza industrial.
También conviene mirar el ángulo latinoamericano. Cuando suben diésel y fletes, suben costos de acarreo y de insumos en toda la región, incluido México. Esa presión pega fuerte en operaciones que ya cargan retos de seguridad, permisos y energía. El sector aprende rápido que la geopolítica termina en la factura del transportista.
La pregunta que queda abierta no la define una minera, por grande que sea. El mercado quiere saber cuánto durará la disrupción y cuánto se moverán los seguros y las rutas. Reuters resumió ese dilema al describir que los inversionistas evalúan escenarios y “colas de riesgo” si la tensión se prolonga.
Por ahora, BHP opta por un mensaje de continuidad operativa con vigilancia constante. Su presidente del consejo reconoce que no controla el conflicto, pero sí controla su preparación. En una industria que vive de planes a décadas, esa combinación entre prudencia y crecimiento marca la diferencia.

