Zacatecas volvió a colocarse en el centro del mapa minero nacional. El gobierno estatal difundió que la entidad ocupa el primer lugar en producción de oro, plata, plomo y zinc, con base en la Estadística de la Industria Minerometalúrgica del INEGI. El dato importa por sí mismo, pero también por lo que abre en la conversación pública: competitividad, inversión, empleo y reglas claras para operar.
El reporte del INEGI, con corte a diciembre de 2025, muestra a Zacatecas como líder en esos cuatro metales en el comparativo por entidad federativa. El instituto reportó para el estado 3,326 kilogramos de oro y 194,105 kilogramos de plata. También reportó 14,253 toneladas de plomo y 40,009 toneladas de zinc.
Conviene subrayar un detalle técnico que ayuda a evitar confusiones. El propio boletín del INEGI marca en nota que oro y plata aparecen en kilogramos, mientras otros minerales aparecen en toneladas. Ese matiz explica por qué una lectura literal en “toneladas” dispara cifras inverosímiles. Medios nacionales ya señalaron ese desliz de unidades en la comunicación oficial.
El liderazgo estatal, además, llega en un mes que retrató una desaceleración nacional. El INEGI informó que la producción minerometalúrgica del país cayó 0.9% frente al mes previo y 7.2% anual, con cifras desestacionalizadas, en diciembre de 2025. En ese contexto, que Zacatecas conserve la cima en varios metales habla de escala industrial y de continuidad operativa.
Qué dicen los números y qué no dicen
El mismo cuadro del INEGI también muestra que el liderazgo no implica crecimiento automático. Zacatecas produjo menos oro que un año antes, al pasar de 4,485 a 3,326 kilogramos en el comparativo de diciembre. La plata también bajó, de 218,183 a 194,105 kilogramos. El plomo y el zinc retrocedieron en el mismo corte.
Esa caída no invalida el primer lugar. Más bien recuerda que la minería opera con ciclos técnicos. Influyen leyes de mineral, secuencias de minado, mantenimientos de planta y ajustes de plan minero. También pesan factores externos, como costos de energía, disponibilidad de agua, logística y seguridad en rutas de transporte.
Aquí entra una lectura periodística clave: el ranking por entidad mide volumen, no valor. Un estado puede producir menos volumen, pero capturar más valor si el mercado paga mejor. También puede mejorar márgenes si reduce costos o si procesa mejor concentrados. Por eso, una discusión madura no se queda en el “quién va arriba”, sino en cómo se traduce ese liderazgo en bienestar local.
La base productiva detrás del liderazgo
Zacatecas concentra minas polimetálicas que alimentan varias cadenas industriales a la vez. Peñasquito, por ejemplo, produce oro, plata, plomo y zinc, y opera como una de las anclas del portafolio minero en el estado. Newmont ubica la operación en Zacatecas y describe su producción de esos cuatro metales.
En paralelo, el corredor de Fresnillo mantiene su peso histórico en plata y metales asociados. Juanicipio, en la zona, produce plata con presencia de oro, zinc y plomo, y opera dentro de la llamada Faja de Plata de Fresnillo. Pan American Silver detalla que la mina trabaja ese paquete de metales y que Fresnillo plc opera la unidad.
Ese perfil polimetálico explica por qué Zacatecas puede dominar varios minerales al mismo tiempo. Una sola operación de gran escala puede empujar dos o tres “tablas” del ranking. Y cuando varias minas coinciden en el mismo estado, el resultado se vuelve estructural, no casual.
Desde el gobierno estatal, el mensaje apunta a consolidar ese papel como motor económico. El boletín oficial habla de atracción de inversiones, innovación, desarrollo de proveedores y respeto ambiental, como parte de una estrategia para fortalecer el sector. También incluye una frase que sintetiza identidad y economía: “Zacatecas es sinónimo de minería”.
Lo que está en juego para la economía local
Cuando un estado lidera en oro, plata, plomo y zinc, no solo exporta concentrados. También mueve servicios, transporte, mantenimiento industrial y comercio regional. El empleo directo suele pagar por encima del promedio estatal, y el empleo indirecto sostiene pequeñas empresas en municipios mineros. La derrama aparece en hospedaje, alimentos, renta de maquinaria y proveeduría técnica.
El reto, como siempre, consiste en que esa derrama llegue mejor y llegue más parejo. Zacatecas conoce de sobra el contraste entre un distrito minero dinámico y comunidades con rezagos. Si el liderazgo quiere legitimarse, necesita evidencias visibles: infraestructura local, capacitación, compras a proveedores zacatecanos y acuerdos comunitarios que no se queden en papel.
A mi juicio, ese punto marca la frontera entre “minería grande” y “minería bien integrada”. La primera presume toneladas o kilogramos. La segunda construye confianza con resultados cotidianos. ¿Cómo se mide eso? Con empleos formales sostenidos, contenido local real en compras, y obras que la gente usa.
La agenda inevitable: agua, permisos y seguridad
El comunicado estatal habla de “respeto al medio ambiente” y “desarrollo social” como ejes. Ese discurso tiene una razón práctica. Zacatecas opera en una región con estrés hídrico y con expectativas sociales altas sobre el uso del agua. La industria, si quiere continuidad, necesita eficiencia, recirculación y transparencia en consumos, además de planes de cierre y remediación.
También pesa el componente regulatorio. La discusión nacional sobre permisos, cargas fiscales y certidumbre legal sigue presente en el sector, y condiciona decisiones de capital. Algunas fuentes especializadas han descrito cuellos de botella regulatorios como un factor que frena proyectos, incluso cuando los precios acompañan.
Y hay otro tema que ya nadie puede tratar como nota al pie: la seguridad. En semanas recientes, la prensa ha documentado presiones del crimen organizado sobre actividades económicas ligadas a metales preciosos, con impactos en costos y operación. Ese entorno exige coordinación pública y protocolos privados más robustos.
Nada de esto cancela los beneficios de la minería. Sí obliga a una exigencia mayor: operar con estándares verificables y con trazabilidad social, para que el liderazgo productivo no choque con el ánimo público. En una economía que necesita inversión y empleo, perder proyectos por conflicto social o por inseguridad resulta demasiado caro.
Un liderazgo que puede jugar a favor de México
El oro y la plata siguen como refugio financiero y como insumo industrial. El zinc sostiene galvanizado y protección anticorrosiva, clave para infraestructura. El plomo todavía domina en baterías convencionales y en procesos industriales específicos, aunque enfrenta presiones ambientales que obligan a un manejo más estricto.
Si Zacatecas lidera esos metales, México gana resiliencia en suministro, exportaciones y recaudación. También gana un argumento en negociaciones comerciales: el país no solo ensambla, también provee insumos. Pero ese argumento funciona mejor cuando el sector puede demostrar cumplimiento ambiental, relación comunitaria estable y una narrativa de valor agregado.
Por eso el énfasis del gobierno estatal en proveedores e innovación resulta pertinente. Si el estado impulsa más servicios especializados, metalmecánica, automatización y mantenimiento avanzado, la minería deja más conocimiento en casa. Ese salto no ocurre con discursos; ocurre con compras locales y formación técnica vinculada a operaciones reales.
El primer lugar, entonces, no debería cerrar la conversación. Debería abrirla. Zacatecas ya probó capacidad productiva. Ahora toca empujar calidad de desarrollo alrededor de esa producción, con datos correctos, con transparencia y con reglas que premien al que hace bien las cosas.

