Ero Copper puso cifras concretas sobre Furnas, su proyecto de cobre y oro en el estado de Pará, Brasil. La empresa divulgó una Evaluación Económica Preliminar que perfila una operación de gran escala, con una vida inicial de 24 años. El estudio calcula un valor presente neto después de impuestos de US$2,040 millones, con una tasa de descuento de 8%. También estima una tasa interna de retorno después de impuestos de 27.0% y un periodo de recuperación de 3.1 años.
El cálculo económico descansa en supuestos de precio que conviene mirar con lupa, porque definen el “piso” del caso base. Ero usó US$4.60 por libra de cobre, US$3,300 por onza de oro y US$40 por onza de plata, además de un tipo de cambio de 5.50 reales por dólar. Con esos parámetros, la compañía sostiene que Furnas combina escala con una intensidad de capital relativamente contenida para su tamaño. El capex inicial ronda US$1,280 millones y el plan agrega US$287 millones asociados a una expansión por fases. El mismo documento incorpora capital de sostenimiento por alrededor de US$1,230 millones durante la vida de la mina.
La sensibilidad del proyecto al ciclo de metales aparece de forma explícita. Si el cobre sube a US$6.10 por libra y el oro a US$5,550 por onza, el valor presente neto después de impuestos más que se duplica a US$4,700 millones. En ese escenario, la tasa interna de retorno sube a aproximadamente 44%. Esta lectura no garantiza resultados, pero sí dibuja por qué el mercado suele reaccionar cuando un depósito ofrece apalancamiento a precios.
En producción, el estudio describe una operación que se sostiene con volumen y con créditos de subproductos. Para los primeros 15 años, Ero proyecta un promedio anual cercano a 70 mil toneladas de cobre, 111 mil onzas de oro y 532 mil onzas de plata. En términos de cobre equivalente, el promedio anual se acerca a 108 mil toneladas durante ese tramo. Para toda la vida de la mina, el plan suma más de 1.2 millones de toneladas de cobre y alrededor de 2.0 millones de onzas de oro, junto con cerca de 9.0 millones de onzas de plata.
Esa combinación empuja un indicador clave en cualquier proyecto nuevo: el costo. Ero estima un C1 de caja de alrededor de US$0.30 por libra de cobre producido a lo largo de la vida de la mina, y de US$0.24 por libra en los primeros 15 años. El número luce muy competitivo porque el oro y la plata actúan como créditos y amortiguan el costo unitario del cobre. En el debate público, estos datos importan porque un costo bajo suele dar margen para sostener empleo e inversión incluso con volatilidad.
El plan metalúrgico también aporta señales sobre la calidad técnica del activo. La evaluación plantea una planta con capacidad de 13.5 millones de toneladas por año, con un flujo convencional de trituración, molienda y flotación. En el caso base, Ero reporta recuperaciones metalúrgicas promedio cercanas a 90.3% para cobre, 74.6% para oro y 71.0% para plata. El concentrado de cobre superaría 30% de ley, un detalle que suele mejorar logística y términos comerciales.
Detrás de esos números está el tamaño del inventario mineral, que todavía mezcla categorías con distintos niveles de certeza. La estimación de recursos, efectiva al 30 de noviembre de 2025, reporta recursos indicados por 275.6 millones de toneladas, con 0.59% de cobre, 0.31 g/t de oro y 1.66 g/t de plata. En recursos inferidos, el reporte añade 195.9 millones de toneladas, con 0.52% de cobre, 0.31 g/t de oro y 1.34 g/t de plata. El propio documento subraya que la evaluación incluye recursos inferidos y que no existe certeza de que el caso del PEA se materialice.
Ero clasifica a Furnas como un depósito IOCG, siglas de “iron oxide copper-gold”. Este tipo de sistema suele presentar continuidad lateral y tamaños relevantes, aunque cada yacimiento tiene su propia complejidad geológica. En este caso, la compañía insiste en que el recurso permanece abierto en profundidad y a lo largo del rumbo, lo que deja espacio para crecer con perforación. La empresa también separa dos zonas principales de alta ley, identificadas como Southeast y Northwest, que ordenan el diseño minero.
La ruta de desarrollo combina tajos selectivos con minería subterránea, y aquí aparece uno de los argumentos “responsables” que más usan las compañías cuando buscan licencias sociales. El plan plantea iniciar con trabajos y prestripping durante tres años de construcción, con foco en la zona Southeast. La producción arrancaría desde un tajo, y poco después entraría una mina subterránea en esa misma zona. El diseño suma un segundo tajo en Northwest, con producción prevista hacia el final del cuarto año de operación. Más adelante, el plan incorpora minería subterránea en Northwest hacia la mitad de la vida de la mina, para sostener niveles de producción en la parte madura del proyecto.
En la minería a cielo abierto, el estudio usa un esquema de camión y pala, con relaciones estéril/mineral que apuntan a 2.8 en Southeast y 3.6 en Northwest. En el frente subterráneo, el documento señala un método de sublevel stoping con relleno, que puede reducir huecos y mejorar estabilidad. El proyecto también contempla usar alrededor de 30% de las colas como relleno para la operación subterránea, y enviar el resto a un depósito superficial de jales espesados. Estos detalles no eliminan impactos, pero sí muestran decisiones de diseño que suelen reducir huella frente a alternativas menos selectivas.
La ubicación explica parte del optimismo económico. Furnas se asienta en la provincia mineral de Carajás, una de las zonas mineras más activas de Brasil. El estudio ubica el proyecto a unos 50 kilómetros al sureste de las operaciones Salobo, de Vale Base Metals, y a unos 190 kilómetros al noreste de Tucumã, otra operación de Ero. El área del proyecto ronda 2,400 hectáreas, con cercanía a caminos pavimentados, una subestación eléctrica, una planta cementera y una terminal ferroviaria de carga asociada a Vale. El documento también remarca la proximidad a Parauapebas, ciudad con más de 250 mil habitantes, un punto que suele pesar en mano de obra y servicios.
Ero no camina sola en Furnas. La compañía avanza bajo un acuerdo de earn-in con Vale Base Metals, que le permite ganar 60% del proyecto si completa hitos técnicos y de estudio durante cinco años. En ese periodo, Ero financia en solitario los programas requeridos de exploración e ingeniería, y entrega sucesivamente un análisis económico preliminar, un prefactible y un factible definitivo. Si ambas partes toman una decisión positiva de inversión, formarían una empresa conjunta con 60% para Ero y 40% para Vale Base Metals. El acuerdo contempla además un “free carry” para Vale de hasta 11% sobre el capital de construcción futuro, bajo umbrales definidos.
En paralelo a los estudios de ingeniería, el calendario regulatorio ya ocupa un lugar central. Ero informa que inició estudios de impacto ambiental en 2025 y que los continuará durante 2026, con líneas base y acercamiento a autoridades. También anticipa procesos de consulta pública y avances de licenciamiento en niveles local, estatal y federal. En Pará, estos pasos se vuelven decisivos por la sensibilidad ambiental de la Amazonia y por el escrutinio sobre grandes proyectos. El mercado puede celebrar un NPV, pero el proyecto no se mueve sin permisos y sin acuerdos claros con comunidades.
Un componente interesante del PEA aparece en lo que todavía no suma al caso económico. Ero evalúa un circuito de recuperación de magnetita para reducir volumen de jales y generar un concentrado como subproducto. La empresa también revisa una etapa de preconcentración gravimétrica para mejorar recuperación de oro. Ambos componentes se encuentran en fase temprana y no entran en los números reportados. Si prosperan, podrían mejorar el perfil ambiental y el flujo de caja, aunque también pueden traer complejidad operativa y permisos adicionales.
La relevancia de Furnas no se entiende sin el telón de fondo del cobre. La Agencia Internacional de Energía ha insistido en que la transición energética empuja el consumo de minerales, y que la demanda vinculada a tecnologías limpias crece con fuerza bajo varios escenarios. En su Outlook 2024, el organismo indica que la demanda de minerales para tecnologías de energía limpia se duplica hacia 2030 en escenarios de políticas vigentes y anunciadas. El cobre figura como un insumo transversal, porque redes eléctricas, movilidad eléctrica y renovables lo consumen en grandes volúmenes.
Los pronósticos de mercado también reflejan tensiones entre oferta y demanda, aunque varían según la fuente y el momento del ciclo. Reuters reportó que el International Copper Study Group ha anticipado un giro a déficit en 2026, asociado a un menor crecimiento de producción refinada y a restricciones en disponibilidad de concentrados. En otra esquina, análisis recientes de S&P Global han advertido riesgos de déficit estructural conforme acelera la electrificación y crece la demanda eléctrica de centros de datos. Ninguno de estos escenarios convierte a Furnas en “salvador” del mercado, pero sí explica por qué un proyecto grande en un distrito con infraestructura gana atención.
Desde una perspectiva editorial, Furnas reúne varias condiciones que el sector busca y pocas veces encuentra al mismo tiempo. El proyecto combina escala, subproductos valiosos y una localización con ferrocarril y servicios cercanos. Esas ventajas tienden a bajar riesgos típicos de proyectos greenfield en regiones aisladas. Aun así, el PEA no sustituye un prefactible o un factible, y la propia compañía recalca la presencia de recursos inferidos. El reto real será convertir continuidad geológica en reservas, y convertir ingeniería en permisos, financiamiento y construcción segura.
Brasil, por su parte, vuelve a mostrar por qué ocupa un lugar estratégico en el mapa del cobre y del oro, más allá del hierro que domina titulares. Carajás ya opera como un polo con proveedores, contratistas y servicios técnicos, lo que reduce barreras de entrada para nuevos desarrollos. Si Ero sostiene avances técnicos y ordena su frente ambiental, Furnas podría sumar oferta relevante de cobre en una década donde el mundo exige más redes y más electrificación. Y esa presión, al final, aterriza en decisiones muy concretas: perforar, diseñar, dialogar y cumplir.

