La agenda comercial de México con Estados Unidos entró en una fase más técnica y, al mismo tiempo, más estratégica: la coordinación sobre minerales críticos. El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, confirmó que sostendrá reuniones en los primeros días de febrero con contrapartes estadounidenses para discutir esquemas de colaboración en torno a estos insumos, en un momento en que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá se aproxima a su revisión conjunta de 2026.
El componente temporal importa. Además de la reunión prevista para el 3 de febrero, se contempla un encuentro con el United States Department of State el 4 de febrero, con el propósito de avanzar en una “mayor colaboración” sobre minerales críticos dentro del paraguas del tratado comercial. La señal política es clara: el tema deja de ser solo industrial o minero y se coloca en el núcleo de la conversación bilateral sobre competitividad regional.
- Puede interesarte:
- Gobiernos empujan la inversión minera en 2026 y reordenan el mapa de los minerales críticos
- Japón e Italia refuerzan cooperación estratégica para asegurar minerales críticos
En paralelo a ese calendario, México y Estados Unidos ya abrieron formalmente conversaciones sobre posibles reformas “estructurales y estratégicas” relacionadas con la primera revisión conjunta del acuerdo. En un pronunciamiento oficial, la Office of the United States Trade Representative señaló que ambas partes acordaron continuar un involucramiento intensivo para atender barreras no arancelarias y, dentro de ese paquete, fortalecer reglas de origen para bienes industriales clave, mejorar la cooperación sobre minerales críticos y alinear más la política comercial externa frente a prácticas de dumping en la región.
La discusión de minerales críticos también aterriza en nombres y materiales concretos. En México se ha mencionado un universo que incluye litio, cobre, níquel, cobalto y grafito, entre otros, asociado tanto a cadenas de suministro para electrificación como a manufactura avanzada. El énfasis en estos minerales no es decorativo: apunta a ordenar condiciones para inversión, procesamiento, trazabilidad y seguridad de suministro, en un entorno en el que Norteamérica busca reducir dependencias externas y reforzar su integración productiva.
El telón de fondo es la revisión conjunta que el propio tratado manda activar en 2026. Bajo las reglas del acuerdo, los tres socios deben lanzar la revisión a más tardar el 1 de julio de 2026 —sexto aniversario del pacto— para confirmar si lo extienden por 16 años adicionales o si realizan modificaciones. Esa fecha se ha convertido en el punto de referencia para mercados, industrias y gobiernos, porque eleva el costo de la ambigüedad y acelera la necesidad de acuerdos parciales previos.
En el plano político, el tema ocurre mientras la presidenta Claudia Sheinbaum y el presidente Donald Trump sostuvieron una conversación reciente sobre comercio y seguridad. Si bien en esa llamada no se abordó a detalle el asunto de minerales críticos, la comunicación se inscribe en la antesala de negociaciones de alto calibre sobre el acuerdo comercial y su posible ajuste. En lo público, el gobierno mexicano ha transmitido que busca preservar el tratado y conducir la revisión con resultados operables, reduciendo incertidumbre para sectores altamente integrados, especialmente manufactura y exportación.
En ese marco, los minerales críticos funcionan como “puente” entre objetivos que antes se discutían por separado. Para Estados Unidos, la conversación se vincula a resiliencia industrial, transición energética y seguridad económica. Para México, abre una oportunidad de escalar participación en cadenas de valor más sofisticadas, con efectos potenciales en inversión, empleo regional y transferencia tecnológica, siempre que se traduzca en proyectos viables y en reglas claras para operación, permisos e infraestructura. Al colocarse el tema dentro de la revisión del tratado, el debate se mueve del terreno aspiracional al de compromisos medibles.
La señal de Washington, además, no se limita al diálogo con México. En días recientes, Estados Unidos impulsó acuerdos en la región para atraer inversión hacia cadenas de suministro de minerales críticos, bajo una lógica de mayor presencia empresarial, infraestructura habilitante y alineamientos regulatorios. Ese activismo regional refuerza la lectura de que Norteamérica quiere acelerar un “tablero” de suministros estratégicos, y que la revisión del acuerdo comercial servirá como mecanismo para amarrar definiciones.
La dimensión doméstica mexicana también pesa. Analistas han advertido que la revisión del tratado no puede leerse aislada del contexto geopolítico y de las condiciones internas del país, tanto por sensibilidad política como por la complejidad regulatoria que atraviesa sectores estratégicos. La administración mexicana enfrenta el reto de llegar a la mesa con claridad sobre qué puede ofrecer, qué necesita proteger y qué ajustes está dispuesta a negociar para sostener competitividad sin abrir frentes de incertidumbre.
En lo inmediato, el valor de las reuniones de febrero estará en el “cómo” y no solo en el “qué”. Hablar de colaboración en minerales críticos puede abarcar desde cooperación técnica y de información geológica hasta esquemas más ambiciosos de procesamiento regional, estándares de trazabilidad, incentivos para inversión, y compatibilidad con reglas de origen que impactan a industrias como la automotriz y la manufactura eléctrica. El comunicado estadounidense ya sugiere que el paquete de reformas no se limitaría a minería: conecta con reglas de origen y con una postura regional contra el dumping de manufacturas, lo que amplía la negociación más allá del subsuelo.
El mensaje político de Ebrard, al descartar públicamente un escenario de ruptura, busca sostener expectativas de continuidad del tratado. Pero el propio anuncio de “reformas estructurales” confirma que la revisión de 2026 no será un trámite. En ese equilibrio, los minerales críticos aparecen como un capítulo donde podría ser más fácil construir coincidencias: hay interés compartido por asegurar suministros y fortalecer cadenas productivas regionales. Para la industria minera, el momento abre una ventana para vincular proyectos a demanda real de manufactura regional, y para elevar el debate hacia valor agregado, innovación y mejores estándares operativos.
Si quieres, adapto esta nota al formato exacto de tu portal (título SEO, meta description con fecha de hoy en tu huso horario, excerpt y textos para redes) manteniendo la restricción de no atribuir a un medio dentro del cuerpo.

