La economía mexicana retomó el paso al cierre de 2025. El PIB avanzó 0.8% en el cuarto trimestre, con cifras desestacionalizadas y de carácter preliminar. El INEGI divulgó el dato tras la contracción de 0.3% que marcó el tercer trimestre.
El resultado superó el consenso que esperaba un alza de 0.6%. Además, el crecimiento anual de 2025 quedó en 0.7%. El dato confirma un año de expansión modesta, pero con un cierre más firme.
En la comparación interanual, la economía creció 1.6% durante el trimestre, con cifras originales. Ese ritmo también rebasó la expectativa de 1.3% que traían analistas. La lectura importa porque sugiere menos fragilidad, justo cuando el crédito sigue caro.
Detrás del avance apareció un mensaje claro. La actividad secundaria creció 0.9% trimestral, al igual que la terciaria. Las primarias retrocedieron 2.7% en el periodo. En pocas palabras, industria y servicios empujaron, mientras el campo restó.
La cifra de secundarias tiene un peso especial para minería y energía. Ese bloque incluye manufactura, construcción y minería. Cuando ese motor se enciende, la demanda de insumos sube y el empleo formal suele responder.
En México, la minería opera como termómetro industrial. Cuando las plantas automotrices y eléctricas incrementan pedidos, también crece el consumo de metales y minerales. El repunte trimestral no resuelve los retos estructurales, pero sí marca un cambio de tono.
También conviene mirar el dato anual de secundarias en el reporte oportuno. En 2025, las actividades secundarias muestran una variación anual negativa en el agregado, mientras servicios mantiene crecimiento. Esa divergencia explica por qué el rebote trimestral se siente relevante. La industria necesitaba un piso más firme.
Para el sector minero, el matiz es doble. Por un lado, el ciclo industrial empuja volúmenes y mejora ingresos por exportación. Por otro, las empresas enfrentan costos energéticos, permisos y presión social. Aun así, una economía que deja atrás la contracción trimestral abre espacio para inversión y mantenimiento.
El canal externo también ayuda a explicar el cierre de año. El dinamismo exportador sostuvo el crecimiento anual, con un mercado estadounidense que absorbe la mayor parte de los envíos. Varios análisis atribuyen el “salvavidas” del PIB a esa resiliencia comercial, pese a un entorno de tensión.
En ese contexto, la minería juega a favor de México cuando opera con estándares altos. No solo aporta minerales metálicos. Aporta insumos para infraestructura, vivienda y redes eléctricas. En estados como Sonora, Zacatecas, Durango o Chihuahua, la cadena minera sostiene proveedores, transporte y servicios técnicos. Ese efecto se nota más cuando la construcción acelera.
El otro ángulo del dato toca a Banco de México. Con el repunte del crecimiento, analistas reforzaron la idea de una pausa en el ciclo de recortes. El propio cable que difundió Reuters apuntó a esa lectura para la reunión cercana.
El calendario oficial coloca un anuncio de decisión monetaria el 5 de febrero. Esa fecha adquiere relevancia porque la inflación subyacente se mantiene pegajosa y el banco central prioriza su objetivo de precios. La economía ayuda, pero no manda en el mandato de Banxico.
Si Banxico frena recortes, el costo del financiamiento seguirá alto más tiempo. Eso enfría proyectos intensivos en capital, como minas subterráneas, plantas de beneficio, parques industriales y obras de infraestructura. Aun así, un cierre de año con industria al alza reduce el riesgo de parálisis total, que suele ser el peor escenario para invertir.
En el horizonte también aparece el Mundial 2026. El tema ya se instaló en la conversación económica, por su potencial en turismo y servicios. El punto fino es otro: un evento así exige obra, logística y mantenimiento urbano. Ahí entran acero, cobre, zinc y agregados. Es decir, insumos donde minería y construcción se conectan de forma directa.
Mi análisis es que el dato de 0.8% vale más por su composición que por su tamaño. México no vive un “boom” de crecimiento. Vive una economía que se mueve a tirones, con servicios resistentes y una industria que intenta retomar tracción. El cuarto trimestre sugiere que la industria, incluida la minería, encontró un mejor ritmo al cierre.
Eso no elimina tareas pendientes. México necesita certidumbre regulatoria, reglas claras para permisos y agua, y una red eléctrica que acompañe a la inversión. Sin eso, el rebote trimestral puede quedarse en un episodio. Con eso, el país puede convertir el nearshoring en producción real, y convertir producción en mejores salarios.
En el corto plazo, el seguimiento se enfocará en dos fechas. El INEGI publicará las cifras finales del PIB del cuarto trimestre el 23 de febrero. Después vendrá la decisión monetaria de febrero, con la discusión sobre pausa o continuidad del ajuste. Entre ambas, el mercado calibrará si el cierre de 2025 marcó un punto de inflexión o solo un respiro.

