La Bolsa Mexicana de Valores (BMV) inició la última semana de 2025 con números rojos. El mercado local siguió el tono de Wall Street y ajustó posiciones después de una racha que dejó nuevos máximos históricos en los índices mexicanos.
En la apertura del lunes 29 de diciembre, el S&P/BMV IPC bajó 0.46% y se ubicó en 65,331.17 puntos. El FTSE BIVA retrocedió 0.45% a 1,291.73 unidades.
El movimiento luce moderado, pero manda una señal clara: el mercado tomó aire tras seis sesiones al alza. Esa racha empujó a los indicadores a renovar récords, en un cierre de año que suele mezclar rebalanceos, toma de utilidades y menor liquidez.
Dentro del IPC, la mayoría de las emisoras operó a la baja. La caída más visible llegó desde un nombre clave para el componente industrial y, de paso, para el apetito por “commodities” en México: Grupo México. La acción perdió 2.80% y cotizó alrededor de 168.43 pesos, con lo que encabezó los descensos del principal índice.
El retroceso de Grupo México no solo pesa por su capitalización. También importa por lo que representa. La compañía agrupa negocios en minería, transporte e infraestructura, y su brazo minero se asocia con la producción de cobre, un metal central para la electrificación y la manufactura.
En jornadas con ánimo más defensivo, los inversionistas suelen recortar exposición a emisoras ligadas al ciclo económico. Las mineras entran en esa categoría, junto con materiales y construcción. No significa que el mercado “castigue” al sector por fundamento. A veces solo refleja gestión de riesgo y ajustes de fin de año.
Tras Grupo México, el IPC mostró bajas relevantes en OMA y Cemex. La aeroportuaria OMA retrocedió 1.29% y operó cerca de 248.72 pesos. Cemex cedió 1.21% y rondó los 21.16 pesos.
El caso de OMA suele leerse como termómetro de tráfico y consumo. La empresa opera y administra 13 aeropuertos en México, con un portafolio donde destaca Monterrey y varias plazas fronterizas y turísticas. Cuando el mercado baja el ritmo, este tipo de emisoras también suele resentirlo.
Cemex, por su parte, se mueve con la narrativa de construcción, infraestructura y demanda de materiales. En cierres de año, la acción puede reflejar rebalanceos y toma de ganancias tras movimientos amplios. En plataformas de mercado, el papel se mantenía cerca de la zona de 21 pesos hacia el cierre de diciembre.
Aun con la sesión negativa, el balance reciente del mercado mexicano seguía llamando la atención. La BMV reportó un avance semanal de 2.61%, y el IPC marcó un máximo en torno a 65,882 puntos. En el acumulado de 2025, el índice sumó una ganancia de 31.70%.
Ese rendimiento destaca frente a promedios históricos y frente a varias plazas relevantes, según la misma referencia periodística. El dato sugiere que el apetito por activos mexicanos se mantuvo firme durante el año, con el impulso de emisoras de peso y flujos que buscaron rendimiento en mercados emergentes.
En este contexto, una baja puntual como la del 29 de diciembre no cambia la película anual. Más bien, ayuda a entender la mecánica del cierre. Cuando un índice rompe máximos, el mercado casi siempre “ordena la casa” después. Y cuando llega la última semana del año, esa orden se acelera.
Para el sector minero, el foco recae en dos lecturas. La primera es bursátil: Grupo México tiene capacidad para mover el ánimo del IPC en el margen, justo por su peso y por su perfil cíclico. La segunda es económica: la minería mexicana se mantiene como un engrane de cadenas productivas, desde metalurgia y manufactura, hasta infraestructura logística.
Aquí conviene decirlo sin rodeos: el mercado castiga y premia a la minería con rapidez. Un día lidera alzas por impulso de metales. Otro día encabeza bajas por aversión al riesgo. Esa volatilidad no anula su valor estratégico. Al contrario, subraya que el sector sigue “en el radar” de los portafolios.
Además, el cobre tiene una característica especial en la conversación pública. Mucha gente lo ve como un metal “industrial” y ya. Pero en realidad aparece en cables, motores, transformadores, centros de datos y redes eléctricas. Cuando la inversión productiva crece, el cobre se vuelve tema. Cuando el crecimiento se enfría, el mercado se pone más exigente con las mineras.
En México, la discusión minera también convive con regulación, permisos, agua y relación comunitaria. Esa agenda no se resolvió en 2025, pero sí moldeó la manera en que los inversionistas diferencian empresas. Un punto a favor para el sector ocurre cuando las compañías muestran disciplina ambiental y operativa, y comunican metas claras.
En el caso de Grupo México, la estructura corporativa combina minería con transporte ferroviario e infraestructura. Esa diversificación suele funcionar como amortiguador en ciertos ciclos. Sin embargo, en días de ajuste general, el mercado también vende “lo líquido” y lo grande, aunque el negocio de fondo no cambie.
La lectura para el inversionista de a pie también importa. Si miras el tablero y ves al IPC en rojo, conviene preguntar: ¿bajó por un golpe a México, o por un ajuste técnico tras máximos? En esta sesión, la nota dominante fue el segundo factor, con un mercado que corrigió después de una racha ganadora.
La última semana del año tiende a amplificar esos movimientos. Muchos participantes ya cerraron posiciones. Otros ajustan para entrar a enero con carteras “limpias”. Y algunos simplemente protegen rendimiento anual, sobre todo cuando el índice acumula más de 30% en el año.
Por ahora, el mensaje central queda así: la BMV arrancó la semana con pérdidas, y Grupo México lideró el descenso dentro del IPC, mientras el mercado digería máximos recientes y seguía el pulso de Wall Street.

