Almonty Industries, firma canadiense con presencia estratégica en el mercado de minerales críticos, anunció este 16 de diciembre que ha iniciado formalmente las operaciones mineras en su proyecto de tungsteno Sangdong, ubicado en Corea del Sur. Esta reactivación marca un paso determinante en los esfuerzos globales por diversificar las fuentes de este mineral, considerado esencial para múltiples industrias tecnológicas y de defensa.
La operación, situada en la provincia de Gangwon, se convierte en uno de los pocos proyectos activos de tungsteno fuera de China, país que actualmente concentra más del 80 % de la producción global. La entrega del primer mineral al área conocida como ROM (Run of Mine), donde se almacena antes del procesamiento, representa un hito técnico que confirma el paso de la fase de desarrollo a una etapa operativa completa. Esta transición se da tras casi una década de inversión por parte de Almonty para rehabilitar y modernizar una mina con historia y relevancia geológica internacional.
El yacimiento de Sangdong no es nuevo para la minería surcoreana. Descubierto y explotado desde principios del siglo XX, el sitio llegó a ser, durante décadas, uno de los pilares económicos del país, especialmente tras la Guerra de Corea. Fue una fuente clave de divisas y uno de los principales exportadores de tungsteno a nivel mundial, hasta su cierre en 1994, motivado por la caída sostenida de los precios internacionales y la creciente presión competitiva de los productores chinos.
La reapertura del sitio ocurre en un contexto de creciente presión geopolítica y comercial por parte de economías desarrolladas que buscan asegurar el suministro de minerales estratégicos. Tanto la Unión Europea como Estados Unidos han incluido al tungsteno en sus listas oficiales de recursos críticos, dada su importancia para sectores como la defensa, la aeroespacial, la fabricación de herramientas de corte, semiconductores y tecnologías de próxima generación. En este escenario, Corea del Sur también ha fortalecido su enfoque en relocalizar y asegurar el abastecimiento de materias primas consideradas vulnerables.
Almonty ha trabajado en estrecha colaboración con las autoridades surcoreanas, técnicos locales e instituciones financieras para reactivar Sangdong con altos estándares técnicos y ambientales. El CEO de la empresa, Lewis Black, expresó que este logro representa no solo la culminación de un ambicioso plan de ingeniería y desarrollo minero, sino también una respuesta concreta a la dependencia estructural que muchas economías mantienen respecto al tungsteno de origen chino.
El reinicio de operaciones incluye la puesta en marcha de instalaciones de trituración, molienda y flotación, que permitirán iniciar la producción de concentrado de tungsteno en los próximos meses. Según los planes de Almonty, se espera alcanzar la capacidad comercial plena durante el primer trimestre de 2026. La mina tiene una vida útil proyectada de más de 15 años, con recursos identificados que posicionan al yacimiento como uno de los más grandes y con mayor ley fuera de China.
El tungsteno se distingue por su altísima densidad, punto de fusión superior a los 3,400 grados Celsius y gran dureza, características que lo hacen insustituible en aplicaciones industriales de alta exigencia. Además de su uso militar e industrial, ha cobrado protagonismo en la transición tecnológica hacia dispositivos más compactos y eficientes, incluyendo chips de inteligencia artificial, instrumentos médicos de precisión y nuevos componentes electrónicos.
La importancia de Sangdong se refleja también en el entorno financiero. Almonty cotiza en la Bolsa de Toronto (TSX) y en mercados europeos, y sus acciones han mostrado una tendencia positiva tras el anuncio de inicio de operaciones. Inversores institucionales, especialmente de Europa y Asia, han respaldado el proyecto debido a su alineación con las estrategias de abastecimiento seguro de minerales críticos.
Además del impacto geoeconómico, la reactivación de Sangdong representa un impulso relevante para la economía regional. La zona de Yeongwol, donde se ubica la mina, ha sufrido durante años un estancamiento económico tras el cierre de la industria extractiva. Con esta reapertura, se prevé la creación de empleos directos e indirectos, así como la dinamización de servicios logísticos, infraestructura y capacitación técnica. La operación también ha sido diseñada bajo estándares de sostenibilidad, incluyendo el uso eficiente del agua y la gestión responsable de residuos.
Desde el punto de vista regulatorio, el proyecto ha contado con los permisos requeridos por el gobierno surcoreano, incluyendo estudios de impacto ambiental y licencias de operación minera. La estrategia de Almonty en la región también ha implicado procesos de consulta con comunidades locales, en un esfuerzo por consolidar una operación socialmente aceptada y ambientalmente sólida.
El retorno de Sangdong a la escena minera internacional subraya un fenómeno más amplio: el redescubrimiento y valorización de proyectos históricos como respuesta a la concentración de la oferta de minerales clave. En tiempos en los que la seguridad de suministro se ha vuelto una prioridad nacional para muchas potencias industriales, y la resiliencia de las cadenas de valor es un factor estratégico, minas como Sangdong ofrecen una alternativa concreta basada en infraestructura existente, potencial geológico probado y marcos legales estables.
Este avance también refuerza el argumento a favor de una minería responsable y moderna como herramienta para garantizar la soberanía tecnológica de países altamente industrializados. Frente al debate global sobre la dependencia de materiales críticos, casos como el de Sangdong demuestran que la minería bien gestionada no solo es viable, sino indispensable para asegurar el desarrollo económico sostenible y la competitividad industrial.
La entrada en operación de Sangdong no soluciona de inmediato la dependencia mundial del tungsteno chino, pero representa un paso firme en dirección a un mercado más equilibrado. La apuesta de Almonty y Corea del Sur se alinea con un movimiento más amplio que incluye a Australia, Europa y Estados Unidos, donde se han lanzado iniciativas para reactivar minas, ampliar la exploración y establecer cadenas de valor regionales.
El tungsteno no es solo un metal estratégico; es también un símbolo de cómo la minería puede adaptarse, evolucionar y volver a ser parte fundamental del desarrollo industrial, siempre que exista visión de largo plazo, capacidad de inversión y un compromiso real con las mejores prácticas.

