En las primeras horas del lunes, el precio del oro registró un salto que lo catapulta hacia una nueva zona de máximos. Las condiciones globales —desde la expectativa de recortes de tasa en Estados Unidos hasta factores geopolíticos— alimentan una demanda renovada por este metal como refugio.
El oro spot escaló hasta 3,949.71 USD por onza, con futuros en Nueva York alcanzando 3,971.60 USD. En lo que va del año, la metalurgia dorada acumula un alza cercana al 50 %, una carrera impulsada por previsiones de tasas más bajas, compras constantes por parte de bancos centrales, persistente demanda segura y debilidad en el dólar.
En marzo, el oro superó por primera vez los 3,000 USD por onza; entre abril y agosto escaló hasta 3,500; y tras un período de consolidación, en septiembre retomó su salto hacia 3,800. Ahora los ojos se vuelven hacia la barrera simbólica de los 4,000 USD.
Varias instituciones financieras proyectan que el oro alcanzará al menos esa cifra al cierre del año. UBS ajustó su pronóstico hasta 4,200 USD por onza, citando motivos tanto fundamentales como de momentum. HSBC, Bank of America y Deutsche Bank también apuntan hacia cifras cercanas a esa barrera.
Según Edward Meir, analista de Marex, la cercanía del nivel de 4,000 USD podría motivar movimientos especulativos: “algunos fondos podrían tratar de posicionarse justo para llevarlo hasta ese punto”.
A ello se suman múltiples riesgos globales. La renuncia del primer ministro francés, el alza de rendimientos en Japón y la paralización parcial del gobierno en Estados Unidos generan incertidumbre financiera. Los inversionistas privados, por su parte, han aumentado su exposición al oro a través de fondos cotizados respaldados por este metal, registrando entradas netas máximas en más de tres años.
Desde México, esta escalada pone a las empresas mineras en una posición potencialmente ventajosa, permitiendo fortalecer sus operaciones y capacidad de inversión en exploración o mejoras tecnológicas. En el contexto global, la minería aurífera revalorizada puede favorecer mayor interés en regiones con reservas emergentes, siempre que la regulación y sostenibilidad acompañen el impulso.
Aun así, no todo es un terreno despejado. Una corrección en los mercados financieros, la aceleración de inflación o decisiones monetarias menos esperadas podrían frenar la tendencia. Pero hasta ahora, el oro no muestra señales de agotamiento frente a un entorno marcado por volatilidad y desafíos geopolíticos.

