Desde luego, la industria minera no necesita que alguien le recuerde su capacidad de resiliencia. Pero aun así, cuesta trabajo justificar que el sector aurífero registre una racha sólida de rendimientos mientras está relegado en las carteras de inversión globales. Un reciente análisis de Sprott encabezado por John Hathaway pone en evidencia esta paradoja: las acciones de las compañías de oro siguen subinversionadas a pesar de que superan al metal y a índices como el S&P 500.
Hathaway parte del dato de que, hasta el 30 de septiembre, las acciones mineras de oro acumularon un alza de más del 122 %. En contraste, el oro físico avanzó alrededor de 47 % y el índice S&P apenas 14 %. Aun así, considera que el capital institucional aún no ha volcado en masa hacia este subsector. Ese desbalance lo ve como una oportunidad estratégica, no simplemente como una anomalía pasajera.
El argumento de diversificación cobra peso en esta lectura. Hathaway retomó recomendaciones recientes de Morgan Stanley que sugieren reconfigurar la clásica estructura 60/40 hacia un portafolio 60/20/20, donde el 20 % se destine a oro. Para él, esa proporción resulta más coherente con los riesgos actuales del mercado. Goldman Sachs también ha apuntado en esa misma dirección: sustituir parte de la exposición a bonos por oro para mejorar el retorno en horizontes de cinco años.
Desde la perspectiva de valorización, las acciones mineras parecen ofrecer apalancamiento —cuando el precio del metal sube, las ganancias se amplifican para los productores—, pero sin que el mercado se haya dado cuenta todavía. Hathaway describe al sector como que está transitando de ser “paria” a convertirse en un vehículo con momentum para capturar alzas adicionales. Esa transformación implica que muchos inversionistas podrían estar perdiéndose un tramo importante de valorización futura.
Un dato llamativo: el ETF de compañías mineras más grande, VanEck Gold Miners (GDX), ha presentado salidas netas de acciones durante los últimos dos años, es decir, inversores han desinvertido justo cuando el sector está mostrando fuerza. En términos agregados, las acciones de oro no representan sino un 0.43 % del mercado accionario global, lo que sitúa a este grupo en su menor participación histórica desde 1900.
En paralelo, Sprott enfatiza que la plata forma parte de la historia que está por escribirse. Aunque viene rezagada frente al oro durante la última década, muestra signos de revalorización intensa. Hathaway señala que los déficits estructurales en producción han llevado a una precariedad en el suministro del metal. Además, la ratio oro/plata —hoy en torno a 83 veces— aún se ubica por encima de su promedio histórico (~67), lo que sugiere margen de recuperación para la plata.
Desde mi perspectiva, lo que hace esta tesis especialmente atractiva para México es que el país alberga proyectos auríferos globalmente competitivos. Si inversionistas extranjeros todavía dudan de las acciones de minería de oro, precisamente ahí hay oportunidad para que actores locales o institucionales entren con mayor convicción. La subinversión no es un fallo técnico, sino la manifestación de un sesgo o una ausencia estratégica que puede corregirse con visión a mediano plazo.
Un riesgo que no puede soslayarse: la volatilidad inherente de los precios del oro y la plata, y los costos operativos crecientes, especialmente en entornos regulatorios más estrictos. Pero el mensaje de Sprott es claro: no permitas que una corrección menor te asuste del cuadro general. Invertir en minería aurífera —y acompañarlo con exposición a la plata como “jugada rezagada”— tiene el potencial de ofrecer rendimientos que justifiquen el riesgo.

