El pasado 8 de septiembre, un derrumbe interno sacudió la mina Grasberg, uno de los complejos más estratégicos del cobre mundial. El colapso alteró galerías del bloque subterráneo PB1C, obligó a Freeport‑McMoRan a detener operaciones y forzó la declaración de fuerza mayor frente a sus contratos de suministro.
En esa zona, dos trabajadores perdieron la vida. Otros cinco quedaron desaparecidos, y la búsqueda continuaba cuando se hallaron dos cadáveres más en días recientes. El daño alcanzó zonas críticas de infraestructura que sustentan otras secciones del complejo, lo que podría prolongar la paralización más allá de lo previsto.
Grasberg contribuye con una proporción relevante del cobre y del oro global. Al concentrarse en ese sitio buena parte de la producción futura estimada de Freeport, la interrupción plantea una tensión adicional al mercado ya ajustado del metal rojo.
La reacción del mercado fue inmediata. El contrato de cobre a tres meses en la Bolsa de Metales de Londres (LME) escaló a más de 10 172 dólares por tonelada, mientras que en otras plazas el precio alcanzó niveles no vistos en 15 meses. En paralelo, las acciones de Freeport se hundieron cerca de 10 %, mientras entidades competidoras captaron parte del impulso alcista.
Freeport ha anunciado que la producción permanecerá suspendida mientras se restablece el acceso seguro a los niveles inferiores de la mina. Las labores de remoción de escombros avanzan con cautela; para evitar nuevos incidentes, el proceso exige más tiempo del inicialmente estimado.
Considerar el contexto regional añade otra capa de tensión: en Perú, la mina Constancia interrumpió operaciones por protestas sociales, lo que encendió las alarmas sobre cuán frágil puede ser la cadena de suministro del cobre si se acumulan múltiples rupturas en distintos países productores clave.
Desde el lado minero operado o por operar, este accidente expone que ninguna mina —por grande que sea— está exenta de riesgos geotécnicos. Las fallas internas pueden afectar no solo el volumen extraído, sino la confianza del mercado en el suministro estable del metal.

