A pesar de un entorno internacional cargado de tensiones comerciales y de crecientes señales de sobreproducción, Baoshan Iron & Steel Co., el mayor fabricante de acero cotizado en China, prevé que las exportaciones de acero del país se mantendrán por encima de los 100 millones de toneladas métricas en 2025. La afirmación provino directamente del presidente de la empresa, Zou Jixin, durante la presentación de resultados del primer semestre del año, celebrada este viernes.
Baosteel, como se le conoce comúnmente, no es solo un actor clave del mercado, sino una pieza estratégica del gigante estatal China Baowu Steel Group, líder mundial en producción de acero. La declaración adquiere peso en un momento en que las autoridades chinas analizan posibles recortes a la producción nacional como parte de un ambicioso paquete de reformas industriales.
Lo que parecía un ciclo de desaceleración se convirtió en un repunte inesperado. En los primeros siete meses de 2025, China logró incrementar sus exportaciones de acero en un 11.4%, alcanzando un nuevo récord histórico. Este comportamiento se produjo a pesar del endurecimiento de las barreras comerciales en diversos mercados. Solo Baosteel exportó 4.83 millones de toneladas en ese mismo periodo, una cifra que representa casi el 80% de lo que logró exportar durante todo 2024.
Durante la conferencia, el director general de la empresa, Baojun Liu, explicó que Baosteel ya cuenta con la capacidad de exportar 10 millones de toneladas anuales. Pero no se detienen ahí. Los objetivos son aún más ambiciosos: alcanzar los 15 millones en 2026 y los 20 millones en 2028. Este ritmo de crecimiento sitúa a la empresa como un actor cada vez más global, con la mirada puesta en mercados estratégicos de Asia, África y América Latina.
No obstante, el camino no será sencillo. Zou advirtió que es probable una desaceleración en el último trimestre del año. La combinación de precios internacionales más altos, nuevas regulaciones fiscales y la proliferación de aranceles podrían frenar el volumen de ventas al exterior. En países como India y Estados Unidos, por ejemplo, ya se percibe una mayor presión proteccionista.
Dentro de China, el contexto también exige cautela. El gobierno central ha mostrado señales claras de querer combatir la guerra de precios y la deflación industrial. En julio, la dirigencia del Partido Comunista Chino prometió medidas para frenar la “involución” económica: una competencia sin sentido que ha llevado a sobreproducción, caída de márgenes y tensiones con socios comerciales globales.
Para muchos analistas, esta es una antesala de una nueva fase de reformas estructurales en sectores como el carbón, el cemento y, desde luego, el acero. Las expectativas de un recorte nacional en la producción entre 2025 y 2026 ya empiezan a reflejarse en el mercado, con un alza moderada en los precios del acero.
Pese a este contexto complejo, Baosteel logró aumentar su utilidad neta del primer semestre en un 7.4% interanual. Este resultado es particularmente notable considerando la débil demanda interna y los precios deprimidos. En parte, este rendimiento se explica por una agresiva estrategia de internacionalización, mejoras en eficiencia operativa y una logística más integrada, apalancada por su pertenencia al conglomerado Baowu.
Desde el punto de vista de la minería, este comportamiento mantiene una demanda constante de hierro y carbón metalúrgico, fundamentales para la siderurgia. Países como Brasil, Australia y Sudáfrica siguen siendo socios esenciales para abastecer a China, pero se vislumbra una oportunidad renovada para regiones como América Latina, donde México y Perú podrían desempeñar un papel más relevante en los próximos años.
La narrativa que emana de Baosteel también representa una señal para el resto de los países productores de minerales. A pesar de los desafíos regulatorios, la industria del acero sigue viva y dinámica, y necesita un suministro estable de materias primas. En este contexto, la minería responsable no solo es viable, sino necesaria para garantizar cadenas de suministro más resilientes y competitivas.
El ejemplo de Baosteel ilustra cómo una empresa estatal puede adaptarse a condiciones adversas sin frenar su crecimiento internacional. Mientras en otras regiones las acereras lidian con cierres o reconversiones, en China se fortalece la visión de largo plazo, con inversiones constantes en tecnología, digitalización y transición energética, como parte del plan para reducir las emisiones de carbono en la industria pesada.
Ahora bien, no todo es optimismo sin matices. Las tensiones geopolíticas, las reformas fiscales internas y el endurecimiento del comercio mundial pueden afectar el ritmo de crecimiento. Sin embargo, como lo ha demostrado Baosteel, hay margen para maniobrar si se combina innovación, eficiencia operativa y claridad estratégica.

