En la árida y minera región de Atacama, en el norte de Chile, la mina Mantoverde se prepara para dar un salto importante en su historia productiva. Capstone Copper, con sede en Vancouver y cotización en las bolsas de Toronto (TSX: CS) y Sídney (ASX: CSC), anunció que seguirá adelante con la ampliación de su concentrador de sulfuros, un proyecto que, aunque más costoso de lo previsto, promete prolongar la vida útil de la operación en seis años adicionales y elevar significativamente su producción de cobre y oro.
La decisión llega tras una revisión presupuestal que elevó el costo de la expansión a 176 millones de dólares, un 20% más que la estimación inicial. Capstone atribuyó este ajuste a cambios en el alcance del proyecto y a los efectos de la inflación global, un factor que en los últimos dos años ha golpeado a prácticamente todas las operaciones mineras en el mundo. Aun así, el mercado reaccionó positivamente: las acciones de la compañía subieron 4.4% en Toronto, alcanzando 9.12 dólares canadienses, lo que le dio una capitalización cercana a los 7 mil millones de dólares canadienses.
El plan, bautizado como “Mantoverde Optimized”, incrementará la capacidad diaria de procesamiento del concentrador de 32,000 a 45,000 toneladas de mineral. Esto permitirá sumar cada año 20,000 toneladas adicionales de cobre y 6,000 onzas más de oro, un beneficio tangible que, además de incrementar ingresos, diversifica el flujo de caja gracias al subproducto aurífero. Para dimensionar este salto, basta recordar que en 2024 la compañía produjo 180,000 toneladas de cobre a nivel global, mientras que su meta es superar las 400,000 toneladas anuales en los próximos años, con Mantoverde como pieza clave de ese crecimiento.
La mina, que opera desde la década de 1990, ha sido tradicionalmente una productora de cátodos de cobre obtenidos a partir de minerales oxidados. Sin embargo, en 2023 Capstone completó un proyecto de 870 millones de dólares que incorporó un concentrador de sulfuros, una instalación de almacenamiento de relaves y la ampliación de la planta desalinizadora existente. Con ello, se abrió la puerta para procesar reservas de sulfuros, que tienen un mayor contenido metálico y, en este caso, un volumen significativo de cobre y oro.
El nuevo proyecto no parte de cero: la infraestructura básica ya está instalada y probada, lo que reduce riesgos técnicos y acorta el tiempo de ejecución. La compañía estima que la construcción tomará alrededor de un año, con un período de puesta en marcha en el último trimestre de 2026. Si todo avanza según lo previsto, el concentrador alcanzará la nueva capacidad de 45,000 toneladas diarias a inicios de 2027, y el incremento en la producción de cátodos será visible desde el segundo trimestre de ese año.
Desde la perspectiva económica, este tipo de expansiones tienen un atractivo especial para las empresas mineras. Como señaló el analista Orest Wowkodaw, de Scotia Capital, el proyecto es un “no-brainer” debido a su baja intensidad de capital, corto plazo de desarrollo y bajo riesgo técnico. En un sector donde los proyectos greenfield suelen tardar una década en construirse y superar los mil millones de dólares de inversión, optimizar una planta existente por 176 millones es una apuesta mucho más ágil y rentable.
Además, el proyecto encaja con el contexto del mercado. La demanda de cobre sigue impulsada por la transición energética, la electrificación del transporte y la expansión de las energías renovables, todas dependientes de este metal. Chile, como principal productor mundial, mantiene un papel central en esta cadena, y operaciones como Mantoverde consolidan esa posición. Incluso en un entorno de costos elevados y precios del cobre volátiles, el potencial de retornos sigue siendo sólido.
Capstone también ajustó su presupuesto global de capital para 2025, que ahora asciende a 375 millones de dólares, frente a los 315 millones previamente estimados. Dentro de ese monto, los 176 millones para Mantoverde se desglosan en 107 millones para el concentrador, 43 millones para la mina, 19 millones para optimización de lixiviación de óxidos y 7 millones para la planta desalinizadora. Este último punto es particularmente relevante en una zona como Atacama, donde el acceso al agua dulce es limitado y la sostenibilidad hídrica se vuelve un requisito social y regulatorio indispensable.
El control accionario de Mantoverde está en manos de Capstone Copper con un 70%, mientras que el 30% restante pertenece a Mitsubishi Materials, un socio estratégico que no solo aporta capital, sino también experiencia en comercialización y acceso a mercados asiáticos. Esta alianza refuerza la estabilidad financiera del proyecto y facilita su proyección internacional.
Más allá de los números, la expansión de Mantoverde también tiene un impacto en la región. La etapa de construcción requerirá empleo especializado y servicios contratados localmente, generando un dinamismo económico en comunidades cercanas como Chañaral y Copiapó. Aunque los críticos de la minería suelen enfocarse en su huella ambiental, no se puede ignorar que proyectos como este incluyen inversión en tecnología para reducir consumos de agua, mejorar eficiencia energética y manejar de forma segura los relaves.
En definitiva, la decisión de Capstone Copper no solo extiende la vida de una operación clave, sino que fortalece su posición en el competitivo mercado mundial del cobre. En tiempos donde asegurar suministro confiable de metales estratégicos es casi una cuestión geopolítica, Mantoverde Optimized se presenta como un paso calculado y necesario para responder a la creciente demanda, generar valor para los accionistas y aportar beneficios tangibles a la economía local.

