Brasil está listo para dejar de ser solo una promesa en el sector de tierras raras. Con el respaldo de hasta USD 1 000 millones del banco estatal BNDES y de la agencia de innovación Finep, la nación sudamericana apunta a aprovechar su posición como segundo país con mayores reservas de estos minerales estratégicos, superado solo por China. Esta iniciativa busca consolidar proyectos emergentes y transformar la riqueza geológica brasileña en una cadena de valor competitiva y sustentable. Las tierras raras son esenciales para fabricar magnetos, baterías y equipos de alta tecnología. Su demanda se ha disparado debido al auge de energías limpias, vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos. Sin embargo, China controla actualmente más del 80 % del procesamiento global, lo que representa un riesgo geopolítico y de seguridad para países como Estados Unidos, Japón y miembros de la Unión Europea. Brasil, con el 23 % de las reservas globales según el US Geological Survey, representa una oportunidad para diversificar esta cadena de suministro. El gobierno brasileño está dispuesto a convertir ese potencial en una fuente real de ingresos, empleos e innovación industrial.
BNDES y Finep han recibido 124 propuestas de proyectos relacionados con minerales estratégicos. Estas iniciativas representan más de USD 15 000 millones en potenciales inversiones. De todas ellas, un grupo reducido será seleccionado para acceder a los apoyos disponibles, que incluyen financiamiento en condiciones preferenciales, subvenciones, aportes no reembolsables, participaciones en capital y apoyos combinados con instituciones multilaterales como la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA). Para calificar, los proyectos deben incluir una etapa de procesamiento local, ya que Brasil busca ir más allá de la simple extracción minera. La intención es que el país avance en la cadena de valor con un modelo ambientalmente responsable que le permita competir con ventaja en el mercado internacional.
Entre los candidatos a beneficiarse están varias empresas emergentes que han visto en Brasil una nueva frontera minera. Aclara Resources, empresa con operaciones en Chile y sede en Canadá, quiere establecer una mina y planta de procesamiento en Brasil para luego alimentar una fábrica de imanes en Carolina del Sur, Estados Unidos. La empresa destaca que su modelo es altamente amigable con el ambiente, reduciendo considerablemente el uso de agua y generando menos residuos. Por su parte, Viridis Mining & Minerals, con base en Perth, ya dialoga con bancos estatales en Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Japón y Corea. Busca una cartera diversificada de clientes y financistas para asegurar la flexibilidad del proyecto. Meteoric Resources, otra australiana, también apuesta por Brasil y estudia desarrollar sus operaciones en estados como Minas Gerais y Bahía. Actualmente, solo Serra Verde Group está produciendo tierras raras en el país. Esta empresa, respaldada por inversionistas estadounidenses, abastece en su mayoría a compradores chinos, reflejando aún la fuerte dependencia del mercado asiático.
A pesar del entusiasmo, hay desafíos significativos. Uno de ellos es la falta de infraestructura de procesamiento. Sin refinerías locales suficientes, la materia prima dependería del exterior para completar su ciclo productivo. Además, la creación de un sistema de precios transparente fuera del control de China es urgente. Según la consultora Wood Mackenzie, los precios actuales deben duplicarse para motivar la inversión necesaria fuera del país asiático. Otro punto sensible es la falta de una cadena de valor consolidada en el país. Como reconoció el gerente de Viridis en Brasil, “la cadena industrial todavía necesita ser estructurada”. A esto se suma un historial de burbujas especulativas en el sector, como la vivida por Molycorp a inicios de la década pasada, lo que ha generado cautela en los inversionistas. Por eso, expertos coinciden en que el financiamiento público no es suficiente: se requiere un marco regulatorio claro, seguridad jurídica y cooperación internacional efectiva.
Si Brasil logra estructurar su cadena de suministro interna y mantener normas ambientales estrictas, podría atraer inversión extranjera directa, crear empleos calificados en zonas rurales, reducir su dependencia tecnológica, exportar productos con mayor valor agregado y posicionarse como socio estratégico de economías desarrolladas. Este enfoque también representa una victoria para el medio ambiente, al evitar prácticas altamente contaminantes como las usadas por algunos productores en Asia. La clave está en desarrollar una industria completa, que abarque desde la exploración hasta la producción de imanes y componentes tecnológicos. No se trata solo de excavar, sino de transformar el recurso en conocimiento, empleo e innovación.
Brasil ha pasado del discurso a la acción. Con casi USD 1 000 millones disponibles y un enfoque en sostenibilidad y cooperación internacional, el país está listo para convertirse en actor clave en el mercado global de tierras raras. El éxito dependerá de su capacidad para construir una industria competitiva, atraer socios confiables y ofrecer un entorno favorable para el desarrollo de tecnologías limpias. El mundo necesita nuevas fuentes de estos minerales críticos, y Brasil parece estar listo para responder al llamado global.

