La industria minera mundial se encuentra en un punto de inflexión, navegando entre la demanda creciente de minerales críticos para la transición energética y la imperiosa necesidad de operar de manera más sostenible y responsable con el ambiente. En este contexto, la minera chilena Antofagasta (LON: ANTO) emerge como un ejemplo emblemático de cómo las empresas mineras pueden adaptarse y prosperar. La reciente noticia sobre el aseguramiento de $2.5 mil millones para financiar un segundo concentrador en su mina de cobre Centinela, en el norte de Chile, no solo es una demostración de solidez financiera y confianza en el futuro de la industria, sino también un compromiso palpable con la innovación y la sostenibilidad.
Este financiamiento, obtenido a través de acuerdos definitivos con un grupo de prestamistas internacionales —incluyendo la Japan Bank for International Cooperation, Export Development Canada, el Export-Import Bank of Korea y varios prestamistas comerciales—, con un período de desembolso de cuatro años y un plazo de 12 años, destaca la confianza global en la viabilidad y la importancia estratégica del proyecto de Antofagasta. Según palabras del director ejecutivo, Iván Arriaga, el proyecto del Segundo Concentrador de Centinela “es un ejemplo principal de cómo Antofagasta puede desbloquear valor de su cartera y nuestra dedicación a la producción de cobre sostenible y responsable”.
Además del aspecto financiero, el acuerdo incluye un componente crucial relacionado con la sostenibilidad: la opción para que Centinela obtenga agua para sus operaciones actuales y futuras de un consorcio internacional. Este grupo, que adquirirá el sistema de suministro de agua existente de Centinela y lo extenderá para servir al segundo concentrador, está finalizando su financiamiento para cumplir con este acuerdo dentro del año. Este movimiento no solo asegura la sostenibilidad hídrica del proyecto sino que también refleja una gestión consciente de los recursos naturales, un punto crítico para la industria minera en su conjunto.
El proyecto del segundo concentrador, con un costo de $4.4 mil millones y cuya construcción fue aprobada en diciembre de 2023, está previsto para comenzar operaciones en 2027. Este añadirá 144,000 toneladas anuales a la producción general de la compañía, un incremento significativo que subraya el papel del cobre como un mineral esencial para tecnologías verdes y la electrificación global.
Impacto Económico y Ambiental
La expansión de Centinela no solo significa un aumento en la capacidad productiva de Antofagasta sino también un avance significativo en términos de eficiencia y sostenibilidad ambiental. La implementación de tecnologías modernas y prácticas de gestión del agua refleja un compromiso con la minería responsable, un factor cada vez más relevante para inversores, gobiernos y la sociedad civil.
Pese a los beneficios evidentes, el proyecto enfrenta desafíos inherentes a la gran minería, como la gestión sostenible de recursos, la licencia social para operar y el impacto en las comunidades locales. Sin embargo, Antofagasta parece estar tomando medidas proactivas para abordar estas preocupaciones, situándose como líder en la transición hacia una minería más verde y sostenible.

