Durango, México.- Velardeña se localiza en el municipio de Cuencamé, a 80 kilómetros de Gómez Palacio. Es una comunidad pequeña que depende de la minería y durante años su crecimiento se estancó, por lo que la falta de empleo orilló a los jóvenes a abandonar el seno familiar y buscar oportunidades en otras regiones o incluso emigrar a Estados Unidos como braceros.

Hace 10 años, la población vivía de la minería hasta que la empresa cerró. La mina se mantuvo así hasta que Peñoles construyó una planta de zinc, con una inversión de aproximadamente 230 millones de dólares, que comenzó a operar en el 2013.

La familia Acosta es dueña del restaurante “Lauris”, en Velardeña, desde hace 18 años. Al principio, era un negocio dedicado a la venta de hamburguesas y gorditas, pero de 300 que hacían el fin de semana, se redujo a 20. Ante este panorama, los Acosta estaban decididos a dejar la comunidad, por lo que ya alistaban sus maletas para dirigirse a Gómez Palacio, pero entonces se reactivó la mina y, de atender un promedio de 30 a 40 personas al día, con la llegada de la nueva planta se elevó a 200.

“Ya era un pueblo fantasma”, dice Juan Gerardo Acosta, “mucha gente se fue, aquí llegaron los exploradores de Peñoles y fue cuando empezó a cambiar todo, la economía cambió mucho”.

Recuerda que familias enteras se fueron a Juárez, Monterrey, Durango, Estados Unidos, al grado de que el pueblo prácticamente quedó abandonado.
“Se quedó solo, mucha gente se fue, empezaron a buscarle porque aquí definitivamente se acabó todo”, comenta, “primero llegó como proyecto, duraron años explorando a ver si había metal, luego ya después instalaron la planta”.

Acosta dice que la comunidad mantiene una estrecha relación con la empresa, más allá del ámbito laboral, pues, aunque anteriormente era de vocación agrícola, hoy dependen de la minería. Señala que se han involucrado en actividades educativas, deportivas y culturales, lo que beneficia al elevar la calidad de vida de los ciudadanos.

“Acaban de poner pasto sintético nuevo en el campo de futbol, el campo de beisbol lo trasladaron hacia la carretera, tienen muchos proyectos, están metiendo tuberías de agua nueva porque aquí se batalla mucho con el agua, de áreas verdes, parques para los niños, en el centro comunitario dan clases de cocina, de zumba”, comenta.

En un recorrido por la localidad, se observan remodelaciones en la Iglesia, canchas deportivas en diferentes puntos de la ciudad con los logotipos de la empresa, la plaza principal también está en hermoseamiento.

En 2005, la población total de Velardeña era de dos mil 198 habitantes. En el último censo, subió a dos mil 425, la gran mayoría en el rango de 18 a 59 años, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi).

De un total de 500 viviendas que había hace 10 años, se ha incrementado a 752, por lo que se observan nuevas colonias detrás del arroyo.

Gerardo Montañez, trabajador minero, emigró a Zapata, Victoria, cuando cerró Grupo México. Dejó a su familia en Velardeña por la falta de empleo, pero regresó apenas se enteró que se reactivaría esta actividad.
“Estaba muy triste aquí, tuvimos que salir a buscar trabajo en otros lados, fue muy triste, pero se fue componiendo”, dice.

Señala que el Fondo Minero se aplica en obras que benefician a la comunidad, especialmente a los jóvenes, para alejarles de los vicios e inculcarles aspectos positivos, como el deporte.

Dice que también se cuenta con jornadas de salud cada año, en las que se proporcionan servicios dentales y revisiones de la vista en forma gratuita, además de que se obsequian los anteojos a quienes así lo requieran.

“La ciudad ha mejorado, ya tenemos incluso otra colonia que no estaba contemplada, sí está creciendo, se están construyendo casas”, comenta, “cuando estaba parado, la fiesta del Día del Minero, el 11 de julio, estaba muy triste, ahora se pone muy bonito, con peregrinaciones, un bailecito, una comida”.

SERVICIOS

Eligio Salazar, adulto mayor que vive por temporadas en Velardeña, pues su casa está en Graseros, dice que cada vez que vuelve al pueblito encuentra algo nuevo, por lo que considera que ha crecido bastante.

“Decían que era pueblo fantasma porque no había jale, pero ya se ha ido arreglando, se ha ido mejorando poquito, poquito”, comenta, “han ido metiéndole ahí, se ve más bonita, sí como no, se ha arreglado, las calles, ahí usté ve”.

El Inegi señala que el 99.6% de las casas en Velardeña cuentan con electricidad, el 98.1% tienen agua entubada, el 93.7% tiene excusado o sanitario, el 55.3% radio, el 96.5% televisión, el 91.3% refrigerador, el 76.3% lavadora, el 37.5% automóvil, el 18.5% una computadora personal, el 35.6% teléfono fijo, el 47.5% teléfono celular, y el 7.9% Internet.

Según el último censo, el 2.5% de la población es analfabeta (el 1.8% de los hombres y el 3.2% de las mujeres) y el grado de escolaridad es de 7.6 años (7.7 en hombres y 7.5 en mujeres).

Carmen Villarreal es madre de un pequeño que asiste a la primaria. Dice que se acaba de construir un comedor grande, porque los niños comían en un patio y había pequeños perrillos que se metían por la reja a pedirles de su lonche, esto con el apoyo de tiempo completo, que también invirtieron en minisplits para todas las aulas.

“Las canchas deportivas que hay en el pueblo tienen domos, para que no pegue tanto el Sol, las señoras en las tardes las llenan, se ponen a jugar volibol, basquetbol, los muchachillos en el futbol, está muy animado todo”, dice.

Carmen se dedicaba a cocinar pasteles y los vendía completos o por rebanada, pero gracias a la mejoría en la economía del lugar, ahora también vende productos de un catálogo.

En las últimas jornadas de salud, se llevaron a cabo tres mil 431 consultas, lo que benefició a más de cuatro mil personas.

Recientemente, 635 familias del poblado de Velardeña recibieron sus títulos de propiedad de manos de Industrias Peñoles y autoridades del Estado de Durango, de acuerdo a las proyecciones de Catastro, beneficiaron a tres mil 175 personas.

En total fueron 36.82 hectáreas las donadas por la empresa minera a la comunidad de Velardeña, quienes llevaban años asentados en terrenos de su propiedad.

COHESIÓN SOCIAL

Jesús González, comerciante de un negocio con cerca de 60 años, dice que el cambio ha sido lento y gradual, pero se han observado mejorías en la comunidad. Actualmente, considera que se requiere de más seguridad y más actividades para los jóvenes, a fin de que se alejen de los vicios y tengan pensamientos positivos.

“Se han incrementado las actividades deportivas y recreativas, cada vez hay más jóvenes aquí, también los mayores nos podemos ir a divertir, a despejarnos un rato”, dice.

Recuerda que en la parte baja era muy complicado acceder, pero ya existe un puente peatonal incluso para cruzar el arroyo, por parte del Municipio de Cuencamé en colaboración con Peñoles. También se construye un fraccionamiento del otro lado del arroyo.

“Velardeña se ha destacado mucho en el deporte, siempre ha salido adelante en cuestiones deportivas”, comenta.

María del Carmen Ruiz trabaja en la biblioteca. Recuerda que hace 10 años las calles en el pueblo no estaban pavimentadas, algo en lo que sin duda se observa una mejoría, pues en algunos tramos hasta se cuenta con concreto estampado.

“Están remodelando el Museo, lo está arreglando Peñoles”, comenta, “también tenemos un nuevo puente”.

En el Centro Integral de Formación Humana (CIFH) se ofrecen cursos todos los días, de distintos temas, desde conservas, box, zumba, cocina, belleza, dibujo y guitarra.

“Se ayuda mucho con todo esto, las señoras van muy contentas, a mí me gustaría mucho ir, pero ahorita no he podido por el trabajo”, dice. María del Carmen confía en que pronto la reactivación de Velardeña llegue a tal grado que regresen sus familiares que emigraron por la falta de oportunidades.

“Mi familia viene seguido y han visto mucho cambio, se está viendo más bonito, como quiera, sí ha cambiado mucho, esperemos y esto siga cambiando y siga mejorando”, dice.

elsiglodedurango.com.mx

Comentarios

comments

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here