Perú.- En el 2016, la economía no creció lo esperado. La coyuntura electoral, el mercado internacional y una ralentización de la demanda interna fueron algunos de los factores que contribuyeron con que haya sido un año complicado. Día1 puso en la balanza al sector que alentó el crecimiento del país y, en contraparte, a aquel que no ha podido levantarse y sumó un año más hacia la baja. Minería y manufactura fueron los protagonistas.

El brillo de la minería

Al hablar del sector que brilló más durante este año, los ojos apuntan hacia la minería, que este año tuvo un notable crecimiento de su producción.

En la Bolsa de Valores de Lima, han sido las acciones mineras las que marcaron el paso. Y si este año el mercado bursátil limeño termina entre los de mayor crecimiento del mundo, básicamente responde a que hay acciones de este sector que han más que duplicado su valor, gracias a una combinación de mayor producción, optimización de costos y mejores precios internacionales.

Eduardo Jiménez, analista senior de Macroconsult, señala que la minería cerrará el 2016 con un crecimiento de 21%, la tasa más alta en los últimos 10 años, la cual ha servido para que la economía peruana tenga un desempeño por encima al de nuestros socios de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia y México).

La razón es clara. La producción de dos grandes megaproyectos: Las Bambas y la ampliación de Cerro Verde, con los cuales la producción de cobre ha crecido 45% y la de molibdeno (asociado al cobre) 32%.

A estos dos complejos, Carlos Gálvez, presidente de la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo (SNMPE), agrega otros como Constancia y Toromocho.

“Desde el 2014 hasta el 2016 se creció 90% en la producción de cobre hasta llegar a las 2,5 millones de toneladas. Es un salto muy importante y ha tenido un impacto fabuloso. A pesar de que el sector minero ha sido el más abandonado por el gobierno anterior, ha sacado la cara por la economía nacional”, resalta Gálvez.

Con todo, no ha sido un año perfecto. La fuerte caída de la inversión en el sector ha golpeado también al resto de la economía, en especial, a los proveedores mineros.

Según datos del Banco Central de Reserva del Perú, la inversión minera ha caído casi un 50% este año y, aunque suene contradictorio con lo dicho antes, es una de las causas para que la economía siga desacelerada.

“La inversión minera es el problema. En productos crecimos con los proyectos iniciados antes del 2011, que son los que están dando sus frutos ahora; pero el frenazo ocurrido entre el 2011 y el 2016 por la conflictividad social y las dificultades para obtener permisos, apagaron la inversión en nuevos megaproyectos”, indica Gálvez.

Cabe indicar que economistas como Manuel Glave señalan que la caída de la inversión minera también se debe al cambio de las condiciones y la caída de los precios internacionales desde inicios de la década. No solo eso, en los últimos años no se ha iniciado ningún megaproyecto minero con capacidad para reanimar las cifras de inversión minera, como pudieran haber sido Conga o Tía María.

“No tenemos megaproyectos viables encaminados, solo tenemos en el horizonte proyectos de mediano tamaño”, señala Gálvez, en referencia a proyectos o ampliaciones que demandan inversiones de entre 400 o 500 millones cada uno.

Para el dirigente, el reto del sector está en reducir la conflictividad social y en hacer notar a la población que el país tiene como fortaleza su potencial geológico minero, y que se debe aprovechar para construir nuestro futuro a partir de él.

Manufactura a la baja

Si vemos la tabla hacia abajo, notaremos que la manufactura ha sido la que se llevó la peor parte en este 2016 (ver infografía). Una tendencia a la baja que se da por tercer año consecutivo y que Andreas Von Wedemeyer, presidente de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) sentenció hace poco como “un proceso de desindustrialización que debemos revertir”.

En ello coincide Juan Mendoza, economista de la Universidad del Pacífico (UP), quien afirma que este estancamiento ya ha generado la pérdida de 150 mil puestos de trabajo en los últimos tres años. No es menor, ya que hablamos de una caída de 3% -hasta octubre- de un sector que aporte el 16% al PBI.

Dando un vistazo a lo largo del año, podemos ver que las industrias manufactureras vinculadas a la producción de harina de pescado, textiles y metalmecánica fueron las más afectadas. Sin duda, la paralización de proyectos mineros, la pérdida de competitividad de la industria textil y la caída del sector pesquero fueron gravitantes en esta contracción. Del mismo modo, el decrecimiento de la inversión pública también jugó su rol en esta baja.

No obstante, para Mendoza, el sector textil ha sido el más afectado ya que, dentro del mundo manufacturero, tiene un mayor peso.

Precisamente, en textiles y confecciones, explica, existe una competencia muy fuerte con las prendas chinas que afecta tanto a las exportaciones de los productos como a la demanda interna.

Ante ello, Javier Dávila, director ejecutivo de Xalca-Perú Consultores y miembro del Consejo consultivo de Ceplan, confía en que se puede trabajar en innovación dirigida a productos con fibras combinadas. También, que el Estado trabaje en elaborar normas técnicas que permitan que los productos peruanos tengan condiciones de calidad homogéneas con la competencia en el exterior.
A su vez, asegura que ello debe hacerse para todos los sectores, dado que “la industria es clave, tenemos que trabajar en el valor agregado porque no podemos depender de crecer solo con commoditties”, señala.

Dávila identifica algunos subsectores con alto potencial para crecer y que se están desaprovechando. Por ejemplo, el sector forestal, que asegura tiene posibilidades de desarrollarse con valor agregado como muebles y otros productos de la cadena. Asimismo, acuicultura, un rubro en el que se ha avanzado con el otorgamiento de normas técnicas, pero que aún no se ha sabido aprovechar, afirma.

En Chile, por ejemplo, el Gobierno dio incentivos para promover la industrialización de ese sector. “El retorno que obtuvo el Gobierno Chileno fue de 50 o 60 veces más de lo que invirtió”, cuenta.

Si bien se han hecho avances con el Plan de Diversificación productiva, promovida por el gobierno anterior, aún no se han visto los frutos, comenta el experto de Xalca.

“Las mesas, por ejemplo, fueron un buen instrumento. De las iniciativas más importantes dentro del plan de diversificación productiva, pero le faltaba el elemento dinamizador, más allá de responder a las barreras administrativas”, anota.

Desde su óptica, se debería trabajar en un nuevo escenario en el que las mesas tengan planes de acción que les permita crecer, tanto en el sector público como en el privado, ganar competitividad y un énfasis en el impacto en el empleo y producción con planes de acción concretos.

Por su parte, Mendoza considera que la continuidad de instrumentos como el ‘drawback’ también pueden contribuir en el reto hacia dinamizar la industria. “Lo ideal sería que continúe y mejore como una medida temporal para reducir algunos costos logísticos de las empresas. No las hará más productivas, pero ayudará a que no sigan cayendo”, añade.

Y es que los pronósticos para el sector manufactura están divididos. Para Dávila, en el 2017 podríamos tener una ligera reactivación y romper el maleficio de tres años de caída. “Nosotros estimamos que deberíamos estar creciendo 2,2% en el 2017 con las obras públicas anunciadas, algunos proyectos mineros y la recuperación de la construcción. Muy lejos, claro, del 2008 cuando crecíamos a doble dígito”, refiere.

Pero, aclara que solo será posible si es que se impulsan medidas que alienten al sector. Confía en que algunos proyectos mineros puedan moverse, al igual que las obras públicas. “Todavía no todo está perdido”, indica. Mendoza es menos optimista. “Las expectativas no son buenas. La inversión pública se prevé que estará plana, la industria textil tiene una curva que no se va a revertir sin medidas concretas. Solo pinta un buen año para la industria pesquera (harina de pescado) por proyecciones de captura y la ausencia del Fenómeno de El Niño”, sentencia.

Los retos ya los conocemos, no solo para el golpeado sector manufactura sino para la pulida minería. Habrá que esperar para ver qué medidas se tomarán para que el próximo año el desempeño de la economía pise terreno más firme.

 

El Comercio

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