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Minería en Chile no puede seguir girando en torno a una geología privilegiada como el atributo determinante

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Minería en Chile no puede seguir girando en torno a una geología privilegiada como el atributo determinante
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En medio de una de las coyunturas de mercado más complejas de su historia, que hace tres o cuatro años la mantiene en una dinámica de constante ajuste y con una perspectiva de recuperación de precios que no se vislumbra antes de dos años, la industria minera local está en el momento decisivo para iniciar el tránsito hacia una nueva concepción de este negocio.

Los máximos ejecutivos de cuatro de las principales empresas de este sector y los presidentes de los dos gremios que representan a esta industria, coinciden en este diagnóstico: la minería en Chile no puede seguir girando en torno a una geología privilegiada como el atributo determinante de su modelo de operación, simplemente porque eso ya no sirve, porque las leyes del mineral se han deteriorado a tal punto que hacen obligatoria una reinvención donde el foco cambia desde la geología hacia la gestión.

“Se ha dicho que tenemos buena geología, pero si la comparamos en términos relativos de hace 25 años con la de hoy, ya no tenemos una diferencia tan grande si pensamos en los nuevos proyectos, no los existentes. Hay que tener cuidado con eso”, advierte el presidente de Minerals Americas de BHP Billiton, Daniel Malchuk.

El presidente de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), Diego Hernández, compara la situación actual de la industria con la que vivieron los productores en Estados Unidos hace tres décadas, cuando frente a leyes similares a las que hoy están disponibles aquí, tuvieron que ser radicales a la hora del cambio, lo que en este momento y en Chile, añade, requiere entre otras cosas cambios culturales y más flexibilidad en las regulaciones laborales.

“Chile pasa por un cambio cultural relevante. Desde el punto de vista de las relaciones internas, laborales, hay un cambio cultural que introducir y esto está basado en la necesidad de que exista una relación con los trabajadores diversa a la actual, donde ellos se hagan parte, entiendan y compartan esta visión y necesidad imperiosa de mejoras de productividad”, apunta el presidente ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino.

Adelantan que este proceso no será fácil ni rápido, especialmente en un entorno social que ha cambiado, que es más demandante, crítico y que exige altos estándares de transparencia. “Nos va a tomar mucho tiempo adaptar la gestión minera a este encuadre”, adelanta el presidente ejecutivo de Codelco, Nelson Pizarro.

Lo anterior, grafica el presidente ejecutivo de Antofagasta plc, Iván Arriagada, significa pasar de ajustes sencillos, reducción de tarifas y alzas marginales de eficiencia, que ha sido la reacción tradicional de los operadores, a reformular la manera de administrar y gestionar las faenas, “girando menos en la geología y más en la gestión”, insiste.

Hennie Faul, presidente ejecutivo de negocios de Cobre de Anglo American, pone el ejemplo del cambio estructural que está llevando adelante su compañía y que persigue adoptar un modo funcional, que ha sido difícil de entender para algunas personas, incluso al interior de la propia organización. Esto es una señal de que independiente del esperado repunte del precio, el panorama de la minería seguirá siendo desafiante.

¿Cómo seguir sobre la línea de flotación?

Mientras se sigue trabajando en la reducción de costos, donde según plantea Joaquín Villarino, pese a los recortes aplicados en los últimos años todavía hay espacio para conseguir nuevos ahorros -tanto en factores operativos, como en insumos estratégicos, como la energía-, la industria también avanza en el cambio de modelo, orientado a los procesos y las tecnologías, que postulan como crucial para mantenerse sobre la línea de flotación, como hasta ahora lo ha logrado casi toda la industria local.

“Estamos usando procesos de hace 50 ó 60 años y eso es totalmente insuficiente para absorber la nueva geología, las nuevas empresas, las nuevas regulaciones. No nos sirve”, apunta el máximo ejecutivo de la estatal.

Precisa Diego Hernández que una de las claves de este nuevo modelo es reformular la organización de las faenas en una industria que tiene muchos niveles de jerarquía, pese a que hoy la fuerza laboral tiene mejores niveles de educación y capacitación. “Esto significa darle más responsabilidades a los trabajadores y tener menos niveles de mando intermedio”, plantea.

Hennie Faul menciona lo desafiante que es para la industria mezclar en este momento el imperativo de la modernización y el ahorro de costos. “Si tienes un período prolongado de precios bajos, que creo es el centro de esta discusión, necesitas cambiar ciertas cosas. No puedes cambiar la estructura de costos en forma inmediata con tecnología o innovación, porque eso necesita más tiempo, pero no impide que mientras tenemos un enfoque en la reducción de costos, en paralelo estemos absolutamente enfocados en la tecnología, algo que es un desafío en un ambiente en que no se dispone de suficientes recursos para invertir”, precisó.

En este sentido los ejecutivos y dirigentes coinciden en que Estados Unidos debería ser el espejo en esta transición. “Ya no es sólo reducir en 10% la dotación o hacer algunas cosas aquí o allá, sino que se requieren cambios fundamentales y además, hay cosas por hacer, como no sólo mirar los benchmark sino que acercarse a ellos mucho más”, apunta Malchuk.

Respecto de la innovación, que debe jugar un rol más importante en este sector, Iván Arriagada dice que permitiría no sólo reducir las necesidades de inversión, sino que también los costos de operación de las faenas y menciona casos como la lixiviación de minerales primarios, el desarrollo de aplicaciones de energía renovable no convencional o el desarrollo de relaves en pasta, que reducen el consumo de agua.

En el plano de los procesos, el ejecutivo del brazo minero del grupo Luksic menciona incrementar la automatización o mejorar el uso de datos en la planificación de las operaciones.

“Hay una revolución posible con innovación que también va a habilitar este cambio y que no se vio durante los últimos años, en los que en general la tecnología se tradujo fundamentalmente en gigantismos más que en otras cosas”, puntualiza Arriagada.

Delicado equilibrio

Si ya pasó lo peor en términos de la caída del precio del cobre es un tema donde este grupo tiene visiones dispares.

Nelson Pizarro estima que podría haber nuevas bajas en la cotización del metal rojo por matices preocupantes en China y el hecho de que esta coyuntura se ha alargado más de lo que pensó inicialmente.

Por el contrario, Diego Hernández apuesta por la estabilización en los niveles actuales y que el misterio está en cuándo comenzará el repunte. “Tal vez 2017 sea parecido a este año, no creo que mejore mucho más, pero creo que las empresas están estabilizadas. No veo grandes compañías teniendo más problemas financieros, están en una posición un poco más controlada que hace un año”, explica y agrega que el repunte en el valor en bolsa de las compañías del sector es un reflejo de esa estabilidad.

La forma en que China maneje su transición desde un modelo centrado en la inversión y la construcción de infraestructura, hacia uno que tiene una preponderancia mayor del consumo y los servicios, será clave a juicio de Iván Arriagada para acotar o incrementar la incertidumbre respecto del precio, aunque no es posible descartar que el próximo año puedan haber precios más bajos que los actuales.

Lo que sí es claro, agrega, es que la tasa de consumo del metal por parte del gigante asiático en el mediano plazo no serán las mismas y solo crecerán a rangos de 1% a 2%, inferior a lo que fue en el pasado.

“No me atrevería a decir que lo peor ha pasado, aunque probablemente el mercado está más estable que hace 12 ó 18 meses”, comenta Daniel Malchuk, quien al tiempo que para 2017 también ve la opción de bajas, tampoco descarta la posibilidad de que la cotización pudiera repuntar del orden de 15 a 20 centavos desde el nivel actual. El promedio para este año ronda los US$ 2,15 por libra.

El repunte de la cotización lo vislumbran no antes de dos años, hacia 2019, y en el intertanto mencionan un par de tendencias favorables que están emergiendo, como una caída -marginal aún- de la chatarra, que es una fuente de oferta, lo que beneficia a los productores de cobre de mina. A ello se suma que en China, segundo productor mundial, han paralizado faenas por costos.

La proyección en este período es que el mercado sea levemente superavitario y comience a moverse a déficit por la paralización de proyectos nuevos que entreguen oferta adicional, todo en un entorno de demanda más débil.

Defensa del status quo

Los trabajadores son uno de los pilares de la reformulación de la minería que para ellos supone nuevos roles y responsabilidades.

En una de las industrias locales con mayores niveles de sindicalización, este proceso también requiere un cambio en la postura de estas organizaciones, advierten los ejecutivos y dirigentes.

“Hoy la dirigencia sindical está más centrada en defender beneficios, el modelo anterior, el status quo. Y creo que en esto no hay mucha alternativa, porque si vamos a tener tres o cuatro años con precios similares a los actuales, el esfuerzo en materia de costos tiene que ser sostenido y tiene que llevarnos a un estado de gestión mejor”, asegura Iván Arriagada.

Nelson Pizarro dice que estos grupos no han entendido aún la magnitud de este nuevo enfoque y añade que Codelco es un ejemplo porque en medio de la crisis y para cubrir sus inversiones, tan importante como las modificaciones tecnológicas, es el ajuste de las partes blandas de sus proyectos (remuneraciones y productividad).

Esto implica ajustar las faenas más antiguas de la estatal, especialmente Chuquicamata “que está fuera del mercado”, dice.

“El problema es Chuqui, que es el centro de una tradición que nace en 1910, donde hay una serie de beneficios asociados a remuneraciones que hoy son incompatibles”, explica el presidente ejecutivo de Codelco, haciendo referencia a la negociación colectiva que comenzará a principios del próximo año.

Desafíos y barreras

Joaquín Villarino menciona desafíos de productividad que tiene la minería, entre los cuales figura mejorar la formación y capacitación de los futuros trabajadores de la minería, sumando nuevas competencias.

Advierte que aquí cobran especial relevancia las políticas públicas y la legislación, que muchas veces son la causa de los actuales problemas de productividad.

“No cabe ninguna duda que una legislación laboral poco flexible genera problemas de productividad. Hemos perdido dos años maravillosos para haber incrementado productividad vía legislativa, con una discusión anquilosada en conceptos que no tienen nada que ver con la realidad minera en particular y laboral en general en el país”, apunta el timonel del Consejo Minero.

Al tiempo que coincide en que regulaciones como la reforma laboral y otros proyectos son barreras que impiden la flexibilidad que requiere esta nueva organización de la industria, el presidente de la Sonami menciona también la proliferación de sindicatos a nivel de supervisores, grupos que antes -sólo con la excepción de Codelco- no existían. “Esto es una forma de defender las organizaciones actuales y no atreverse a hacer los cambios que se necesitan y que pasan por empoderar a los trabajadores, que hoy están más capacitados que antes”, dice.

Transparencia, la nueva condición

La mitad de las reservas mineras conocidas están entre las regiones de Coquimbo y el Maule. La relación de la minería con la sociedad cambió. Y ha sido de manera casi instantánea, en poco tiempo. “Hacer minería en el Chile de hoy es totalmente distinto”, dice Nelson Pizarro, quien adelanta que la situación se tornará más difícil aún.

El conflicto se cierne por varios factores: los recursos más atractivos están en el entorno de las ciudades y la sociedad es distinta porque el desarrollo del país eleva sus aspiraciones y sus exigencias en términos de transparencia y probidad. Las personas están empoderadas y la minería, dice Daniel Malchuk, debe asumir un rol en esa transición hacia un nuevo estándar. “No se puede cambiar de la noche a la mañana. Hay cosas que se hicieron y que quizás hoy se ven con otros ojos, pero que respondieron a la realidad de ese momento”, explica el ejecutivo de BHP Billiton. Transparencia y participación son los ejes en este nuevo modo de relacionamiento, acota Iván Arriagada y Joaquín Villarino añade que este cambio cultural enfrenta una dificultad adicional en la falta de una institucionalidad clara.

“Antes negociabas con la autoridad, cumplías con requisitos y obtenías una aprobación para tu proyecto. Ahora hay que negociar con las comunidades, pero la falta de una institucionalidad para eso te lleva a acordar compensaciones económicas dentro del sistema de evaluación ambiental. Claramente, el que está fuera del juego de la eficiencia es el Estado.”, señala el presidente ejecutivo del Consejo Minero. Sobre esto, Hennie Faul comenta que la minería se ha alejado del contacto transaccional y ha avanzado en buscar una relación profunda, directa y horizontal con las comunidades en sus zonas de influencia.

Diego Hernández, en tanto, dice que el freno en la inversión minera y los menores aportes de esta industria vía impuestos, a causa del desplome en el precio, ofrece la oportunidad para que los grupos de interés noten que la minería es una palanca para el desarrollo económico del país y que hay que preparar ahora todas las condiciones para cuando la inversión vuelva a llegar. En este punto, Villarino habla de grupos políticos que están en contra del desarrollo de la minería, los que son transversales y a juicio de Hernández actúan movidos porque creen que con esa mayor exigencia a la minería “van a lograr más votos y apoyo de la ciudadanía”.

 

Diario Financiero

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