En India, el segundo país que más oro consume en el mundo y uno de los grandes productores, el crecimiento de la demanda y precios del metal precioso no está impulsando el negocio; al contrario, tiene a varios refinadores al borde del cierre.

En lo que va de 2016, el valor global de la onza de oro ha aumentado más de 24% y se encamina a su mayor expansión desde 2010; la demanda se fortalece y el primer semestre vio una inversión histórica, que superó el récord de 2009. Pero ese inesperado resurgimiento viene acompañado del mercado ilegal, una competencia contra la que la industria formal de India no puede pelear.

“Los refinadores tienen un margen de ganancia de menos de 1%”, dijo a Reuters el secretario de la Asociación de Refinerías de Oro y Casas de Moneda, James Jose, quien agregó que “si los productores ilegales ofrecen un descuento de 4% o 5%, no tenemos otra opción que cerrar nuestras operaciones”.

En India, el metal dorado es un símbolo de estatus y un amuleto de estabilidad financiera. Este año, el país podría consumir más de 1.000 toneladas de oro, especialmente en el último semestre; en noviembre, la tradición de Dhanteras impulsa las ventas y fin de año es la temporada tradicional de matrimonios.

Por ello, el arancel de 10% a la importación de oro es relevante para el fisco, que ve mermados sus ingresos ante una baja de 57% en la entrada formal del metal durante los primeros siete meses de 2016. Las importaciones podrían cerrar el año con una caída de 60% hasta 400 toneladas, el nivel más bajo en dos décadas. Este año, la venta ilegal podría representar más de un tercio de la demanda por oro del país y generar una pérdida de más de US$ 1.000 millones al gobierno.

También es un problema para las empresas. Mientras el valor oficial de una onza de oro es de más de US$ 1.300, en el comercio ilegal la misma cantidad puede costar apenas US$ 100. Bajo esa presión, las 32 refinerías indias han dejado de comprar doré, un aliado semipuro que fabrican las mineras; en cambio, dependen del metal reciclado.

Problemática global

El departamento amazónico de Madre de Dios, en el sudeste de Perú, es conocido por su flora y fauna entre las más diversas del mundo, pero también por ser un centro de minería ilegal. En mayo de este año, el gobierno declaró estado de emergencia por la polución que la extracción ilícita generaba en los ríos: la contaminación de mercurio en las aguas amenazaba a los peces y a la población local.

El nuevo presidente del país, Pedro Pablo Kuczynski, visitó la zona a principios de este mes y dijo que la industria debe tener “disciplina”. “Buscamos un consenso alrededor del cual se pueda trabajar”, afirmó.

En el Congo, África, la situación tiene paralelos con el narcotráfico. Según Global Witness, grupos armados del país pueden ganar US$ 25.000 a través de la extorsión a mineros artesanales. El dinero viene del extranjero; entre 2014 y 2015, una empresa china extrajo US$ 17 millones del metal precioso y entregó armamento y dinero a este tipo de agrupaciones en la zona.

En otro país africano, Ghana, la tercera empresa minera de oro más grande del mundo, AngloGold Ashanti, pidió este año al Ejército que protegiera sus yacimientos de la extracción ilegal.

Golpe a los bancos

El comercio informal de oro también ha afectado a los bancos, que hasta el año pasado eran la fuente principal de oferta del metal. El vicepresidente senior de Axis Bank, el mayor banco importador de lingotes de India, dijo que ese negocio “ha caído casi 75% este año”.

Según el World Gold Council, en el segundo trimestre la compra de oro por parte de bancos centrales e instituciones financieras cayó 40%, en comparación con el mismo período de 2015. A lo largo del primer semestre, se redujo en 23%.

Diario Financiero

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