David Choquehuanca, ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, ha visitado Moscú invitado por su homólogo ruso, Serguéi Lavrov. Durante una reunión mantenida en la capital rusa, los ministros han firmado un acuerdo para establecer el régimen sin visados entre los dos países, así como una declaración conjunta sobre el compromiso de no ser los primeros en emplazar armas en el espacio.

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“Las negociaciones han sido muy constructivas, hemos avanzado mucho”, constataba Lavrov. El ministro ruso informaba también de que ha tratado con Choquehuanca sobre las perspectivas de la cooperación bilateral en el marco de los acuerdos alcanzados por los presidentes de Rusia y Bolivia durante varios encuentros en distintos foros internacionales.

El último de estos encuentros tuvo lugar el pasado mes de noviembre durante la cumbre del Foro de Países Exportadores de Gas en Teherán. Vladímir Putin y Evo Morales hablaron entonces sobre cuestiones de cooperación en el ámbito gasístico. Este año Gazprom comenzará a extraer gas en los bloques de Azero, Ipati y Aquio. Con estos proyectos la compañía rusa participa en la realización del Esquema General para el Desarrollo del Sector del Gas de Bolivia hasta 2040.

“En una ocasión alguien describió a Bolivia como un mendigo sentado en una silla de oro — declara a RBTH Zbignev Ivanovski, director del Centro de Investigaciones Políticas del Instituto de Latinoamérica de la Academia Rusa de Ciencias —. Además de sus ricos yacimientos de gas y petróleo, este país posee unas reservas enormes de metales preciosos, estaño, tungsteno y litio. No obstante, Bolivia sigue siendo uno de los países más pobres de Latinoamérica. Tras la victoria en las elecciones presidenciales el actual líder del país, Evo Morales, se han notado varios cambios positivos, pero Bolivia sigue necesitando atraer urgentemente inversión extranjera y tecnologías modernas”.

No es de extrañar que el propio Morales aplaudiera la participación de Rosatom en la construcción del Centro de Investigación y Tecnología Nuclear en la ciudad de El Alto, ya que este centro está llamado a impulsar el desarrollo tecnológico en Bolivia. Hace un mes, durante una visita a Bolivia del director general de Rosatom, Serguéi Kirienko, se firmaron acuerdos intergubernamentales sobre la cooperación tanto en la construcción del centro como en el ámbito del uso de la energía nuclear con fines pacíficos.

Lavrov también menciona el proyecto del gobierno de Bolivia para la construcción de líneas de ferrocarril que unan los océanos Pacífico y Atlántico. “Nuestras empresas están interesadas en recibir información más detallada sobre este proyecto, incluyendo la parte técnica y las fuentes de financiación. Creo que no somos los únicos interesados en esta información”, declaraba el ministro ruso.

Para Bolivia, la cuestión de conseguir una salida al océano es un tema sensible después de la guerra contra Chile, que provocó que el país perdiera la provincia de Antofagasta y, por lo tanto, el acceso al océano.

Como vemos, en Moscú se ha prestado una atención prioritaria al desarrollo de la cooperación económica, comercial e inversionista. La Comisión Ruso-Boliviana para la Cooperación Económica y Comercial, cuya segunda asamblea está prevista para este año, está llamada a jugar un papel muy relevante en este sentido.
Rusia y Bolivia planean desarrollar también su colaboración en el ámbito de la cooperación técnica militar y en el rearme del ejército del país. Según Lavrov, una comisión especializada ha celebrado recientemente una asamblea regular para establecer contactos en este ámbito.

Según algunas fuentes de RBTH, se trata de la adquisición del sistema de misiles tierra-aire Iglá-S, capaz de derribar cazas en 13 segundos, así como de helicópteros M-17, equipados con un sistema de radares y capaces de volar tanto en condiciones de alta montaña como de llanura. A pesar de que el gobierno boliviano se muestra partidario de conservar el tradicional consumo de la coca y tiene una peculiar opinión sobre el problema de la lucha contra el narcotráfico, en este ámbito se observa una dinámica positiva. Desde el año 2013, siete policías bolivianos han asistido a cursos del Servicio Federal de Control de Drogas de Rusia en Perú para agentes de los departamentos antinarcóticos de Sudamérica.

Rusia también ofrece su apoyo en la formación de personal. Durante el año académico 2015-2016, las universidades rusas recibieron a 30 estudiantes bolivianos. Además de los estudiantes, muchos ingenieros y técnicos asistieron a cursos de formación en distintas ciudades rusas. Una de ellas es Riazán, donde existe una fábrica de enriquecimiento de residuos de mineral de estaño análoga a la que se construyó en la ciudad Boliviana de La Palca en 1982 con la ayuda de la URSS.

Lavrov y Choquehuanca no han podido dejar de lado los procesos de integración en el continente. Rusia está interesada en promover una cooperación eficaz con organizaciones como CELAC, UNASUR, MERCOSUR, ALBA y OEA. Esto también sienta las bases para la colaboración ruso-boliviana en formatos multilaterales. Tanto más cuanto que ambos países defienden los principios fundamentales del derecho internacional y abogan por el refuerzo del papel central y coordinador de la ONU en los asuntos mundiales y por la lucha contra los nuevos desafíos y amenazas, entre ellos el terrorismo.

Bolivia se ha convertido en el centro evidente de los intereses de Rusia en Latinoamérica gracias a sus grandes reservas de recursos naturales y a su privilegiada ubicación en el mismo corazón del continente. Ivanovski no ve ningún problema en el futuro desarrollo de la cooperación bilateral, aunque existen algunas discrepancias en las opiniones sobre ciertas cuestiones.

“Algunos movimientos sociales bolivianos han mostrado su preocupación respecto a la construcción del Centro de Investigación Nuclear en El Alto, que se encuentra cerca de la capital — aclara el experto — . En Bolivia, un país que comparte la concepción del “socialismo del siglo XXI”, se ha formado un modelo de estatismo económico según el cual los sectores estratégicos se encuentran en manos del Estado y la infiltración de capital extranjero en ellos va acompañada de ciertas dificultades”.

En resumidas cuentas, Rusia y Bolivia comienzan con optimismo la octava década de sus relaciones diplomáticas.

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