México.- La sobreproducción de acero de China –casi la mitad del acumulado mundial– tiene ya en aprietos al sector en América y Europa. Todo está pasando tan rápido que México, Estados Unidos, Canadá y Europa están viviendo ya cierre de empresas, desempleo o reducción de producción, advierte Leo W. Gerard, presidente internacional del sindicato de los acereros (United Steelworkers).

Lamenta que mientras China tiene bien claro el objetivo de elevar la producción para tener a sus obreros trabajando, aun cuando no le importe un amplio margen de utilidad, inunda el resto de los mercados sin que los gobiernos le impongan medidas para un comercio justo.

En nuestra región, indica el líder de más de 800 mil trabajadores en América del Norte, no están haciendo nada para detener esa competencia desleal.

El de los acereros es uno de los sindicatos más grandes de América del Norte; tiene inscritos trabajadores no sólo de la industria manufacturera, sino de otros sectores; ahora están alarmados por el aumento de la producción china y su abordaje en los mercados, especialmente en metal y varilla a bajo costo.

En entrevista, Leo W. Gerard afirma que los gobiernos no están viendo la dimensión de los convenios entre empresas en el Acuerdo Transpacífico, que podría tener más afectaciones que beneficios, incluso para las autoridades.

Esta preocupación la manifiestan también los dirigentes regionales y sectoriales de este gremio, aunque se abre una pequeña esperanza de gestionar mecanismos de defensa distintos con el nuevo gobierno.

Ken Newman, líder de los steelworkers en Canadá, país de 35 millones de habitantes y una tasa de desempleo de 7 por ciento, comenta que pugnarán por que los compromisos de campaña que hizo el nuevo gobierno sean cumplidos, en especial la protección de los derechos sociales; la investigación de las muertes de más de 100 mujeres indígenas desaparecidas, cuyos casos siguen en la impunidad, así como por crear fuentes de trabajo amigables con el medio ambiente, especialmente para dar ocupación a jóvenes.

El gobierno (saliente) estuvo inclinado a apoyar sólo a uno por ciento de la población (millonarios); queremos un gobierno que represente a toda la sociedad, que tenga en la mira, como prioridades, educación, salud y agua limpia, dijo.

Tampoco confía en que el Acuerdo Transpacífico sea una buena alternativa: al menos ahora se prevé pérdida de muchos empleos en el sector automotriz, dijo.

Carol Landry, la única mujer en la estructura de la dirección internacional de los acereros, minera de origen en Highland Valley Copper, señala que las repercusiones de la sobreproducción china tienen a la región en una situación de desastre que significa la pérdida de miles de empleos en Estados Unidos y Canadá, mientras los gobiernos nada hacen por proteger a las empresas nacionales, a pesar de que la producción china es, además, de muy baja calidad.

Steve Hunt, del distrito tres de los Steelworkers, señala que en Canadá la situación está al borde del colapso, también por el avance de las industrias extranjeras del acero en este país.

“Debido a las importaciones de China, Japón y Corea –con énfasis en las chinas–, las compañías pueden comprar, por ejemplo, acero en el puerto de Vancouver a un precio más barato que adquiriéndolo a las empresas canadienses.”

Los dirigentes de los Steelworkers fueron entrevistados durante la reunión de las mujeres del acero, cónclave realizado en esta ciudad para diseñar estrategias hacia un mejor pago y condiciones de trabajo equitativas para ellas en un sector típicamente de varones.

El tema de la conferencia fue acción. Acción contra la violencia, para conseguir buenos empleos y mejorar en el liderazgo.

En este encuentro se ratificó el apoyo al líder del sindicato minero mexicano, Napoleón Gómez Urrutia, a quien con frecuencia llaman nuestro héroe por la lucha de más de nueve años en el exilio, aquí en Canadá.

Todo el apoyo al sindicato minero

Leo Gerard, líder del sindicato internacional de los Steelworkers, dice que en su vida tiene dos héroes: su padre, un líder demócrata de este país, y Napoleón Gómez Urrutia, el presidente del sindicato minero mexicano.

Por tanto, se dice dispuesto a dar todo el apoyo en el siguiente paso para que una vez que el dirigente de los mineros, como le dice en español, consiga una garantía por escrito para volver a su patria con la seguridad de seguir sano y salvo; él personalmente lo acompañará a México, señala.

La solidaridad con Gómez Urrutia es explícita e implícita. Hay una amistad forjada en el transcurso de casi una década, desde que el líder de los mineros viajó aquí para no arriesgar su libertad o la vida en un país –afirma– donde los gobiernos anteriores se sometieron a los designios de las principales corporaciones mineras de México.

La amistad no surgió de manera espontánea, sino por el apoyo que los mineros dieron a los steelworkers desde 2000 y específicamente en 2005, a raíz de un conflicto en Estados Unidos, en una empresa socia de Grupo México, el mismo antagónico a Gómez Urrutia.

Stve Hunt, del distrito 3 de los Steelworkers; el dirigente de este sindicato en Canadá; Carol Landry, vicepresidente internacional del gremio, y el propio Gerard se refieren en términos muy similares al líder de los mineros: un héroe, le llaman.

La Jornada

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