El consorcio México-Minorbis ha apuntado que aproximadamente el 86 por ciento del consumo de agua de la explotación de la mina de Los Frailes, en Aznalcóllar (Sevilla) procederá de agua reciclada.

Fuentes de dicho consorcio han indicado a Europa Press que ante la próxima firma del contrato de adjudicación, “la gestión del agua de la corta de Aznalcóllar se convierte en un elemento clave”.

De esta forma, el consorcio formado por Grupo México-Minorbis —filial de Magtel— continúa trabajando desde el punto de vista administrativo “para asumir el proyecto de explotación de Aznalcóllar, una vez se formalice la adjudicación definitiva”.

En este sentido, han explicado que uno de los aspectos clave del proyecto es “la gestión del agua, con un tratamiento medioambiental de primer nivel”. El motivo principal es su “escasez”, de ahí que, “además de cumplir con todos los requisitos medioambientales establecidos, se haya decidido reutilizarla en la mayor medida posible”.

Las fuentes han explicado que el modelo de gestión planteado persigue dos objetivos, esto es, “vertido cero de aguas de contacto al Dominio Público Hidráulico (DPH), y mínimo consumo de agua procedente de fuera del recinto minero”.

Han explicado que el proceso de extracción de los elementos valiosos presentes en la roca “conlleva utilización de agua”. En este proyecto, se estima que serán necesarios unos 5,54 hectómetros cúbicos anuales de agua para este fin. De esta cantidad y gracias al sistema de recirculación planteado, “únicamente será necesario incorporar un 14,2 por ciento de agua fresca al sistema (unos 0,78 hectómetros cúbicos al año), lo que equivale a recircular 4,75 hectómetros cúbicos, esto es, el llenado de, aproximadamente, 1.900 piscinas olímpicas al año”.

Este balance está ligado directamente al diseño de diversas infraestructuras hidráulicas que permiten realizar un control de caudales y calidades de agua, siguiendo principios como “prevenir la contaminación de las aguas”.

En ese punto se contemplan medidas para prevenir que aguas de escorrentía se convierten en aguas de contacto. Así, la principal medida es “la construcción de un canal perimetral que discurre al norte del complejo minero, bordeando la escombrera noroeste. Tras la temprana restauración de su ladera norte, las aguas de escorrentía interceptadas pueden considerarse aguas limpias”.

Otro principio será el de “control y canalización de aguas pluviales”, de manera que “para el control y canalización de las aguas que precipitan sobre el emplazamiento se ha diseñado una red de canales en superficie que capten y conduzcan el agua hacia un punto de control y recogida, bien en una balsa o en la corta de Aznalcóllar”.

Por otro lado, se ha asegurado que “el cien por cien de las aguas de tormenta podrán ser retenidas dentro del emplazamiento, ya que las cortas servirán de balsa de tormenta”.

Además se contempla el principio de “vertido cero de aguas de proceso”, de forma que “las aguas del proceso de beneficio serán recirculadas”, tras lo que precisa que como fuente de agua fresca se utilizará efluente de la depuradora.

Este proyecto apuesta por “una gestión óptima de aguas, según su calidad”, de manera que “el agua de drenaje de la mina es considerada agua de contacto, pero puede ser utilizado como agua industrial”.

Asimismo, se contempla “la depuración de la totalidad de aguas de contacto”, algo que “se tratará en la planta depuradora, el punto final del ciclo del agua”.

Ha explicado que el sistema hídrico (natural-minero) procederá de tres sitios, esto es, “del agua aportada a las balsas de escorrentía desde las cuencas vertientes; de las aportaciones a la Corta de Aznalcóllar; y del agua procedente de Corta Los Frailes, tanto subterránea como superficial”.

El agua de la Corta de los Frailes será bombeada desde el inicio, con un volumen de 13,82 y 14,5 hectómetros cúbicos y llegará a la depuradora del complejo a razón de cuatro litros por segundo.

Gestión de lodos

Han recordado que en la Corta de Aznalcóllar “se acumulan los lodos que se depositaron tras el desastre y por tanto, el agua tiene un ph muy ácido”, por lo que el proyecto “contempla la gestión de este pasivo ambiental mediante la deposición de un producto inerte a partir de los estériles de la actividad minera y los lodos generados por la planta depuradora capaz de sellar la corta por decantación”. El agua durante el proceso de sellado se enviará a la depuradora mientras que, tras éste, no requerirá tratamiento puesto que no se tratará de agua de contacto.

Asimismo, las aguas de escorrentía “serán canalizadas mediante drenes subterráneos para que no entren en contacto con las escombreras (que conservan materiales sensibles de la explotación histórica) y evitar que filtren a través de ellas al subsuelo”. Han explicado que se trata de zanjas construidas a lo largo del perímetro a partir de geomembranas, materiales arcillosos y componentes geotextiles que actuarán a modo de autopistas hasta el punto de vertido.

En cuanto al agua reutilizada en el proceso industrial, las fuentes han explicado que el complejo contará con una planta de tratamiento o de beneficio, en donde el circuito de aguas de proceso —previamente tratadas en una balsa de aireación— es totalmente cerrado en condiciones de vertido cero, lo que permitirá reducir al máximo el consumo de agua. De forma anual tratará 3,57 hectómetros cúbicos (unas 1.428 piscinas olímpicas anuales) si bien está diseñada con una capacidad de tratamiento de siete hectómetros cúbicos al año.

En materia de control de las aguas, se establece en el proyecto “un intenso control de las aguas de los acuíferos a través de 46 puntos para el monitoreo de cualquier incidencia hídrica”.

En ese punto, “existen dos objetivos principales, esto es, por un lado, la vigilancia y seguimiento de la calidad de las aguas subterráneas en el entorno minero y alrededores; y por otro lado, la vigilancia y seguimiento de la balsa de lodos clausurada”.

Las fuentes han asegurado que “todo ello se encuentra supervisado mediante un protocolo de actuación que permite conocer en cada momento las condiciones de la lámina de agua y su posible repercusión en el sistema hidrogeológico; también se diseñará y aprobará con las autoridades competentes un plan de contingencia, para actuar de forma programada ante posibles emergencias que puedan afectar al sistema hidráulico o al medio ambiente”.

Europa Press

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