España.-Mieres del Camino, Pablo CASTAÑO Hunosa está inyectando CO2 en capas de carbón aisladas del pozo Monsacro, en el límite entre Riosa y Morcín, para comprobar si son un almacén seguro para el carbono y si a la vez se pueden obtener otros gases como el metano aprovechables para la producción energética. El experimento está en su última fase, con la inyección del CO2, tras casi cuatro años de trabajos de preparación.
Hunosa pretende convertirse en un referente nacional en la investigación del almacenamiento de dióxido de carbono; pero la compañía quiere ir más allá. Lidera el proyecto europeo «Carbolab», que según señalaron sus responsables «consiste en la creación de un laboratorio subterráneo para la investigación, desarrollo tecnológico y demostración del secuestro de CO2 en capas de carbón no explotadas y donde se desarrollan modelos que ayudarán a predecir el comportamiento de ese gas un vez inyectado en las capas y la recuperación del metano preexistente en las mismas». Es decir, se trata de investigar como se puede almacenar el CO2 que se vaya a secuestrar en las plantas de captura que se proyectan en España, como la de La Pereda, y al mismo tiempo como se puede recuperar metano partiendo de la base de que al inyectar el CO2 en el carbón se libera el contenido del temido grisú almacenado en el mineral.
El proyecto se desarrolla desde 2009 en el pozo Monsacro, a 500 metros de profundidad. La pasada semana, Isabel Suárez, investigadora del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), presentó en Oviedo en un acto organizado por la Plataforma Tecnológica Española del CO2 el estudio «Almacenamiento de CO2: tecnologías, oportunidades y expectativas», en el que participaron técnicos de la propia Hunosa y en el que se describe el proyecto «Carbolab». Destaca que para llevarse a cabo se buscó una capa de carbón en una zona sin actividad minera pero con una infraestructura adecuada de fácil acceso. Finalmente la elegida fue la capa denominada C12-12 del pozo Monsacro, que tiene una potencia media de 2,5 metros y disposición subvertical, con una concentración de metano de 7,8 m3/t. «La infraestructura disponible corta la capa de forma perpendicular, dejando una altura sin explotar de unos 100 metros. Además, la lejanía de la zona de explotación actual la convierte en perfecta para realizar los ensayos», señala el estudio, que apunta que inicialmente se realizaron sondeos de caracterización y monitorización, donde se instalaron distintas herramientas de medición geofísica y geoquímica, para poder iniciar los ensayos de inyección de CO2. Fuentes de Hunosa señalaron que actualmente se están llevando a cabo esos trabajos de inyección del dióxido de carbono en la capa de carbón.
Hasta la fecha, el proyecto más importante de este tipo realizado en Europa era el plan «Recopol», financiado por la UE. En ese proyecto los ensayos se realizaron mediante sondeos desde el exterior y surgieron dificultades para controlar la migración del gas en el carbón y en el macizo rocoso, así como para determinar que parte quedó retenida. «Carbolab» pretende subsanar y resolver este tipo de cuestiones mediante la realización de ensayos in situ. El proyecto está liderado por Hunosa, pero también participan el Bureau de Rersearches Géologiques et Minières (BRGM) de París, el Institut Nacional de l´Envirionnement Industriel el des Risques (INERIS) de París, el Glówny Instytut Górnictwa (GIG) de Catowice (Polonia) y la Asociación para la Investigación y Desarrollo Industrial de los Recursos Naturales (AITEMIN). Además, la empresa petrolera y gasista Total participa aportando su conocimiento en la producción de gas natural.
El presupuesto del programa «Carbolab» asciende a 4,1 millones de los cuales el programa Resarch Fund for Coal and Steel (RFCS) de la UE financia el 60%. El proyecto tiene una duración de cuatro años y está en su último ejercicio.
El estudio «Almacenamiento de CO2: tecnologías, oportunidades y expectativas» presentado en Oviedo destaca que el almacenamiento de CO2 en capas profundas de carbón tiene ventajas sobre otras tecnologías tanto técnicas (se tienen amplios conocimientos de caracterización de las cuencas de carbón en el mundo) como económicas (puesto que mejora la relación coste-beneficio con la extracción de metano, puede emplear parte de las minas existentes, tiene menores costes exploratorios al encontrarse identificadas las cuencas de carbón y no se requiere gran profundidad para conseguir almacenes).
Fuente: La Nueva España

