Puntos clave
- Crecimiento zinc: Exportaciones peruanas de zinc acumularon US$ 1.281 millones enero-mayo 2026, +25,2% interanual
- Motor de precios: Cotizaciones LME entre USD 2.800-3.100/tonelada por reducción de inventarios y demanda asiática sostenida
- Impacto directo: Perú exporta zinc como concentrado, capturando diferenciales de precio con menor fricción que procesamiento de cobre
- Perspectiva LATAM: Ciclo de precios de zinc se mantiene robusto, reposicionando metal en portafolio exportador regional
| Mineral | zinc |
| Variación exportación | 25,2% acumulado enero-mayo 2026; 9,8% interanual en mayo |
| Destino principal | Asia (demanda construcción galvanizado) |
El zinc peruano lleva cinco meses diciéndole algo claro al mercado: el ciclo de precios no se agotó. Las exportaciones del metal acumularon US$ 1,281 millones entre enero y mayo de 2026, un crecimiento de 25.2% respecto al mismo período del año anterior, según datos del Ministerio de Energía y Minas. Solo en mayo, los envíos sumaron US$ 259 millones, con un alza de 9.8% interanual. No es una anomalía puntual. Es una tendencia que redefine el peso del zinc dentro de la cartera exportadora peruana.
- El precio hace el trabajo: cotización internacional como motor del salto
- China concentra casi la mitad de los destinos: una dependencia que merece atención
- La cartera peruana de zinc: Antamina lidera, pero no está solo
- Ingresos fiscales y canon: quién recibe los dólares del zinc
- El contexto global del zinc: lo que los números de mayo no cuentan
- La inversión pendiente: lo que el buen momento no garantiza
El precio hace el trabajo: cotización internacional como motor del salto
El Minem atribuye el incremento directamente a mayores cotizaciones internacionales, y la explicación es sólida. El zinc cotizó en el LME entre US$ 2,800 y US$ 3,100 por tonelada durante el primer semestre de 2026, niveles que no se sostenían con esa consistencia desde 2022. La presión provino de dos frentes simultáneos: la reducción de inventarios en almacenes del LME — que tocaron mínimos de varios años en el primer trimestre — y la demanda sostenida desde el sector de construcción en Asia, donde el zinc galvanizado sigue siendo insumo crítico para infraestructura.
Perú captura ese diferencial de precio de forma casi directa. A diferencia de lo que ocurre con el cobre, donde la cadena de procesamiento es más larga, buena parte del zinc peruano se exporta como concentrado. Eso significa que el precio spot del LME impacta los ingresos exportadores con menor fricción. Cuando el metal sube 15% en cotización promedio y el volumen se mantiene estable, el valor exportado crece en proporción similar — y ese parece ser, en términos gruesos, el mecanismo detrás del 25.2%.
China concentra casi la mitad de los destinos: una dependencia que merece atención
El 47.3% de las exportaciones peruanas de zinc entre enero y mayo tuvo como destino China. Una cifra que, vista de forma aislada, parece lógica dado el rol de China como mayor consumidor de metales del mundo. Pero que, vista en clave estratégica, revela una concentración de riesgo que Perú no ha resuelto.
China no solo compra. También define. Cuando la demanda industrial china se contrae — como ocurrió parcialmente en 2023 con la crisis del sector inmobiliario — los precios del zinc y el interés comprador caen de forma sincronizada. Perú, sin diversificación suficiente hacia mercados como India, Corea del Sur o Europa, queda expuesto a esa volatilidad de manera estructural. Los datos de mayo, con un crecimiento más moderado de 9.8% frente al acumulado de 25.2%, podrían anticipar cierta desaceleración en ese flujo — algo que conviene seguir de cerca en los datos de junio y julio.
El contraste con otros productores regionales es ilustrativo. Bolivia, con importantes reservas de zinc en el altiplano, no ha logrado traducir su potencial geológico en exportaciones competitivas por limitaciones de infraestructura y política estatal. Chile exporta zinc de forma marginal comparado con su cobre. Perú, por tanto, mantiene una posición relativamente sólida como proveedor en la región — pero esa posición se sostiene mejor con una base de compradores más amplia.
La cartera peruana de zinc: Antamina lidera, pero no está solo
Antamina, la operación polimetálica ubicada en Ancash operada por un consorcio entre BHP, Glencore, Teck Resources y Buenaventura, sigue siendo la columna vertebral de la producción de zinc en Perú. La mina genera concentrados de cobre-zinc que se exportan principalmente hacia China y Japón, y su capacidad instalada la ubica entre las tres minas polimetálicas más importantes del mundo por volumen de producción combinado.
Pero el ecosistema productor tiene más actores. Volcan Compañía Minera, Milpo — controlada por Votorantim — y Buenaventura con sus operaciones propias contribuyen al total exportado. La diversidad de operadores en el segmento zinc es, paradójicamente, uno de los activos del sector: no hay una dependencia de un solo yacimiento como ocurre, por ejemplo, con el litio en Bolivia respecto a Salar de Uyuni.
El desafío está en el mediano plazo. Varios de los yacimientos zinc-plomo-plata en Perú llevan décadas de operación y sus reservas probadas muestran curvas de agotamiento que la exploración no ha compensado al mismo ritmo. La cartera de proyectos de zinc en etapa de exploración avanzada o desarrollo no es, por el momento, tan robusta como la de cobre. Si los precios del zinc se sostienen en los niveles actuales, ese vacío podría empezar a sentirse en la próxima década.
Ingresos fiscales y canon: quién recibe los dólares del zinc
El crecimiento de las exportaciones de zinc no es solo un dato de comercio exterior. Tiene traducción directa en ingresos fiscales y en canon minero para las regiones productoras. En el esquema peruano, el canon minero equivale al 50% del impuesto a la renta que pagan las empresas mineras, y se redistribuye entre los gobiernos regionales y municipales del entorno de cada operación.
Ancash — sede de Antamina — es históricamente uno de los mayores receptores de canon minero en el país. Un ciclo de precios altos como el actual genera transferencias significativamente mayores hacia esa región, lo que en teoría debería traducirse en mayor capacidad de inversión pública local. La práctica, sin embargo, es más compleja: la ejecución del gasto del canon en gobiernos subnacionales peruanos ha sido sistemáticamente baja, con tasas que en algunos ejercicios no superan el 60% de los recursos disponibles. El zinc sube, el canon llega — pero no siempre se gasta donde más se necesita.
El contexto global del zinc: lo que los números de mayo no cuentan
El zinc atraviesa un momento de transición en su narrativa de demanda. Durante décadas, la galvanización de acero para construcción e infraestructura fue el principal motor de consumo. Ese eje sigue vigente, pero ha comenzado a compartir protagonismo con aplicaciones en baterías de zinc-ion y en componentes para vehículos eléctricos de ciertos segmentos. La narrativa de “metal verde” que rodea al litio y al cobre empieza a alcanzar, de forma más modesta, al zinc.
Esa transición importa para Perú porque define el tipo de demanda que sostendrá los precios en el mediano plazo. Si el zinc consolida un rol en las cadenas de almacenamiento energético — las baterías de zinc-ion tienen ventajas de seguridad y costo frente a las de litio en aplicaciones estacionarias — la base de consumidores se diversificaría. Eso reduciría la dependencia de China como comprador dominante y podría abrir mercados en Europa y Norteamérica donde la industria de energías renovables crece con rapidez.
El USGS proyecta que la demanda global de zinc crecerá a una tasa anual de entre 2% y 3% hasta 2030, impulsada precisamente por esa combinación de construcción en economías emergentes y nuevas aplicaciones energéticas. Para Perú, que ya produce cerca del 10% del zinc mundial, esa curva de demanda es una ventana — siempre que la oferta no supere el crecimiento del consumo, algo que el mercado deberá arbitrar a través del precio.
La inversión pendiente: lo que el buen momento no garantiza
Un ciclo de precios favorable es condición necesaria pero no suficiente para atraer nueva inversión a los proyectos zinc en Perú. La inestabilidad política — seis presidentes en seis años — sigue siendo el factor que más pesa en las decisiones de asignación de capital de las mineras internacionales. Ejecutivos de Teck y Glencore han señalado en distintos foros que el entorno regulatorio peruano genera costos de incertidumbre que no son fáciles de modelar en la evaluación de proyectos greenfield.
La cartera de proyectos mineros en Perú supera los US$ 53,000 millones en inversión potencial según el Minem, pero buena parte de esos proyectos llevan años bloqueados por conflictos sociales, procesos de consulta previa inconclusos o simple falta de licencia social. El zinc que Perú exporta hoy viene de minas que tomaron décadas en construir. El zinc que debería exportar en 2030 requiere decisiones de inversión que deben tomarse ahora — y el reloj corre.
US$ 1,281 millones en cinco meses son una señal robusta. Lo que Perú haga con ese respaldo de precios para destrabar proyectos, mejorar la ejecución del canon y diversificar destinos de exportación determinará si 2026 fue un buen año o el inicio de algo más grande.

