El Parlamento británico abrió una línea de investigación que va más allá del tungsteno: lo que está examinando, en realidad, es si el Reino Unido puede sostener una base industrial de defensa sin controlar ni una sola etapa de su cadena de suministro de minerales críticos. La respuesta preliminar que escucharon los MPs en las audiencias recientes es incómoda. No solo falta acceso a los minerales — falta capacidad de refino. Y esa distinción, aparentemente técnica, tiene consecuencias estratégicas que ninguna política de compras de defensa puede ignorar.
Por qué el tungsteno y por qué ahora
El tungsteno no es un mineral que aparezca con frecuencia en los titulares financieros. No tiene el atractivo narrativo del litio ni la visibilidad geopolítica del cobalto. Pero en aplicaciones de defensa, su peso específico es determinante: blindaje, munición perforante, componentes de misiles, herramientas de precisión para manufactura de armamento. Sin tungsteno refinado disponible, una parte significativa de la cadena de producción de defensa se detiene.
China controla aproximadamente el 80% de la producción mundial de tungsteno y una proporción aún mayor de la capacidad de refinación. Eso significa que el Reino Unido — como la mayoría de las economías occidentales — no solo importa el mineral, sino que depende de un único proveedor para convertirlo en un insumo utilizable. Cuando el Parlamento escucha que la resiliencia industrial de defensa puede depender de la refinación doméstica, está reconociendo que la seguridad de suministro tiene dos vectores distintos: extracción y procesamiento. Haber ignorado el segundo durante décadas es el problema que ahora se intenta reparar.
La investigación parlamentaria no surgió en el vacío. Llega en un momento en que la guerra en Ucrania ha forzado una revisión acelerada de las cadenas de suministro de defensa en toda Europa, y en que la relación comercial con China atraviesa una de sus fases más tensas desde la pandemia. El momento político es propicio — quizá el más propicio en generaciones — para que el tungsteno deje de ser un asunto técnico de metalurgia y se convierta en una prioridad de política pública.
El activo que el Reino Unido tiene y no ha activado
El Reino Unido no carece de tungsteno en su territorio. La mina Hemerdon, en Devon — también conocida como Drakelands — contiene uno de los depósitos de tungsteno y estaño más grandes de Europa occidental. El yacimiento ha tenido una historia operativa accidentada: abrió en 2015, cerró en 2018 por problemas de procesamiento y costos, y desde entonces ha estado en distintas fases de búsqueda de inversión para una posible reapertura bajo Wolf Minerals y posteriormente bajo nuevos titulares.
La paradoja es evidente. El Reino Unido tiene el recurso en el suelo, pero no lo está extrayendo. Tiene la necesidad estratégica declarada, pero no tiene la política industrial que conecte ambos puntos. Lo que la investigación parlamentaria está presionando a definir es exactamente eso: si el gobierno está dispuesto a crear las condiciones — permisología expedita, financiamiento de riesgo compartido, contratos de offtake de largo plazo con el Ministerio de Defensa — para que un activo durmiente se convierta en un activo operativo.
Esa no es una decisión técnica. Es una decisión política que tiene un costo de oportunidad medible: cada mes que Hemerdon permanece inactivo es un mes en que el Reino Unido sigue dependiendo de importaciones de un mineral que su propio suelo podría producir. Para los MPs que escucharon las audiencias, esa cifra debería ser incómoda.
El problema que no resuelve la mina: el déficit de refinación
Aquí está el punto más difícil del análisis, y el que más claramente diferencia esta investigación de otros debates sobre minerales críticos. Incluso si Hemerdon reabriera mañana y comenzara a producir concentrado de tungsteno, el Reino Unido no tendría dónde procesarlo en escala suficiente para abastecer su industria de defensa. La capacidad de refinación de tungsteno en Europa occidental es mínima. La mayor parte del concentrado que se produce fuera de China termina siendo enviado a China para su refinación.
Ese circuito es la vulnerabilidad real. No se trata de que el mineral no esté disponible en el mundo — se trata de que el mundo ha delegado el conocimiento técnico, la infraestructura y la escala de refinación en un solo actor que tiene sus propios intereses estratégicos. Reconstruir esa capacidad en suelo europeo requiere tiempo, inversión y una señal de mercado suficientemente firme — típicamente un contrato de compra garantizado — para que el capital privado asuma el riesgo de construcción.
El modelo que se discute en algunos círculos regulatorios es similar al que Estados Unidos está intentando con tierras raras bajo la Defense Production Act: el gobierno actúa como comprador ancla, garantiza volumen a precio predecible durante un horizonte de 10 a 15 años, y el sector privado construye y opera la planta. No es un modelo de empresa pública — es un modelo de contrato público que reduce el riesgo privado suficiente para desbloquear la inversión.
Qué debe producir la investigación para tener impacto real
Las investigaciones parlamentarias tienen un riesgo conocido: producen recomendaciones que el gobierno acusa de recibir, agradece formalmente y archiva. Para que esta tenga impacto medible en la cadena de suministro de defensa, necesita traducirse en tres cosas concretas.
Primero, una categoría regulatoria diferenciada para minerales de defensa que agilice permisos de exploración y extracción sin eliminar salvaguardas ambientales, pero sí reduciendo los plazos que actualmente pueden extenderse varios años. Segundo, un mecanismo de financiamiento — ya sea del UK Infrastructure Bank, del Ministerio de Defensa o de una combinación — que permita compartir el riesgo de desarrollo con el sector privado en proyectos de extracción y refinación clasificados como estratégicos. Tercero, una política de contenido doméstico o de origen preferente en contratos de defensa que cree la demanda predecible necesaria para justificar la inversión en capacidad de procesamiento.
Sin esas tres palancas actuando de forma coordinada, la investigación parlamentaria habrá servido para documentar el problema con mayor detalle, pero no para resolverlo. Y el problema — como quedó claro en las audiencias — no admite soluciones graduales. La dependencia de China en tungsteno refinado es estructural, no coyuntural.
El marco regulatorio que tendrá que actualizarse
El Reino Unido aprobó en 2022 su lista de minerales críticos, que incluye al tungsteno entre los 18 materiales prioritarios. Esa lista existe. Lo que no existe con la misma claridad es el andamiaje regulatorio que transforma una clasificación de prioridad en una acción operativa: ventanillas únicas para permisos, criterios acelerados de evaluación ambiental para proyectos estratégicos, y un interlocutor institucional que coordine entre el Ministerio de Defensa, el Departamento de Seguridad Energética y Net Zero, y la Autoridad de Planificación de Infraestructura Nacional.
La investigación parlamentaria tiene la oportunidad de señalar esa brecha institucional con precisión quirúrgica. Si sus recomendaciones finales incluyen un mandato claro para crear esa coordinación, el sector privado — incluyendo a los operadores que observan Hemerdon desde Toronto y Londres — tendrá una señal más legible de que el marco regulatorio está cambiando de verdad.
La confianza inversora en proyectos mineros de minerales críticos no se construye con discursos. Se construye con permisos aprobados en tiempo razonable, con contratos de largo plazo que el gobierno esté dispuesto a firmar, y con una señal política que permanezca estable más allá del ciclo electoral. Eso es exactamente lo que la industria estará evaluando cuando lea el informe final de esta investigación.
El tungsteno entró al debate parlamentario porque la defensa lo necesita. La pregunta que quedará sin responder hasta que se publiquen las recomendaciones es si el gobierno tiene la voluntad política de construir, por primera vez en décadas, una política industrial de minerales que sea algo más que una lista de prioridades en un documento oficial.

